Gatopardo 214 | Movimiento de mujeres

Movimiento de mujeres

¿Cómo dar cuenta del feminismo si tiene una escala masiva, si a él se suman desde morras que estudian la secundaria hasta veteranas octogenarias? ¿Qué más se puede decir si los movimientos de mujeres ya están en todas partes?

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Quienes conocen a Marta Acevedo, una de las pioneras del feminismo en México —Marta ya hablaba del movimiento en 1970—, cuentan que decidió asistir a la manifestación del 24 de abril de 2016. Era domingo y se encontró con sus amigas de siempre en la plaza del Monumento a la Madre, un sitio para honrar el 10 de mayo, fecha contra la que Marta había escrito décadas antes. La plaza fue cambiando con el tiempo: dejó de ser la expresión escultórica de una visión machista de la maternidad porque unas cuantas feministas la convirtieron en su lugar de encuentro. En los años setenta ahí cantaban, tocaban la guitarra, hacían performances y hasta lograron colocar una placa de hierro que contradice el mensaje de las esculturas de piedra. “A la que nos amó antes de conocernos”, dice la leyenda original; “Porque su maternidad fue voluntaria”, corrigieron ellas. Pero ese día de 2016 la plaza ya era otra cosa. No se había reunido un puñado de mujeres; ni siquiera cientos de ellas. Eran miles. El 24A, como se conoció entonces, fue la primera protesta multitudinaria de una nueva generación de feministas. Cuentan que Marta, tras medio siglo de activismo, a sus ochenta años, estaba completamente feliz y sorprendida.

“Yo jamás pensé que el feminismo iba a ser tan masivo”, coincide otra pionera del movimiento, pero en Argentina, Dora Barrancos, en estas páginas de Gatopardo: “En los noventa, éramos un grupo muy esmirriado. Llegábamos a ser 30 mujeres, como mucho”. Desde Chile, Paula Rivas dice que su cargo como directora de uno de los sindicatos del Metro “era algo totalmente impensado unos años atrás”. “Antes de Ciudad Juárez, no hablábamos de feminicidios”, repite Vivir Quintana. Se refiere a las mujeres asesinadas en aquella frontera del norte de México, cuyos casos se conocieron en los noventa. Sin embargo, hoy esa compositora nacida en una pequeña localidad de Coahuila —donde “hay dos semáforos y cuatro Oxxos”, en sus palabras— pudo escribir un corrido feminista por encargo de la chilena Mon Laferte y oír a las mujeres de América Latina corear su letra y tocar sus acordes (tan sólo en YouTube, “Canción sin miedo” tiene más de 10 millones de visitas).

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