Una observadora del mundo
Isabel Zapata, joven promesa de las letras mexicanas, publica una colección de ensayos y un poemario
junio 10, 2019

El ladrido de un perro retumba en el corredor exterior del departamento de Isabel Zapata. Roncha es su cachorra rescatada y, a pesar de cómo reacciona al advertir a un extraño en casa, es amigable y ve a Zapata con una lealtad enorme. La escritora y editora mexicana también mira cuidadosamente a su alrededor durante esta entrevista, toma sus libros y los acomoda con análisis en el gran librero detrás de ella. Es una observadora del mundo. A sus 35 años, Zapata se ha enfocado en la poesía y la ensayística. Después de un rato fuera del país, regresó hace cinco años luego de la maestría en filosofía y de trabajar en la embajada de México en Nueva York. A su regreso cofundó Ediciones Antílope con otros cinco compañeros, una editorial independiente con el objetivo de hacer de la edición un acto colaborativo.

Hoy Zapata recién publica dos libros casi de manera simultánea. Uno de poesía y otro de ensayos, que abren las puertas de su vida y tratan de dar sentido a la pérdida. El primero de ellos, Alberca vacía, es una compilación de 10 ensayos, algunos hechos por encargo y otros a propósito del libro. Lleva al lector por un viaje al mundo interior; al de la pérdida de la infancia, la memoria, del dolor causado por cosas y casas que ya no están. “Uno escribe de una cosa queriendo hablar de otra, como por pretexto. Para mí hay un hilo conductor en estos ensayos que recorre todo, en unos de manera más sutil que en otros, que es la pérdida y la manera que tenemos de vivir los duelos; no sólo por la gente que perdemos, sino también por los lugares y las vidas que vamos dejando”, dice la escritora. Al principio habla de su madre, pero escribe también en contra de la fotografía, de la metalectura de la marginalia y de algo que llama la atención y toma sentido al llegar a la mitad del libro: la traducción.

Esta edición, hecha por Argonáutica, editorial independiente de Monterrey, está traducida al inglés en el mismo tomo. Es un esfuerzo por comercializar los libros tanto en México como Estados Unidos. Zapata, curiosamente, escribe un ensayo sobre la traducción, la memoria y la ficción. “Lo tradujo una buena amiga que es poeta y para mí eso era importante porque yo escribo estos dos géneros: ensayo y poesía. Hay una intención poética en los ensayos que quería que se conservara y no cualquier traductor puede, porque como dice en ese ensayo: la traducción no es solamente una cosa de verter el lenguaje sino es la intención, el tono y el espíritu; que si el traductor no capta, por muy impecable que sea su trabajo no transmite lo más importante”, explica.

De hecho, Roncha hace una aparición en uno de sus ensayos, sobre la nobleza de los perros. Pero los perros no son los únicos animales que aparecen en sus ensayos y poemas. Aparte de Alberca vacía, Zapata escribió un pequeño libro de poemas sobre animales, Una ballena es un país, editado por Almadía, que fue publicado casi al mismo tiempo. En estas páginas aparecen aves y pulpos, el rinoceronte que pintó Alberto Durero, ballenas, sus historias y metáforas. “Es un poco otro pretexto, porque al final cuando hablas de animales también hablamos de nosotros. En comparación con ellos se puede decir mucho también de cómo somos”, dice Zapata con una taza de té entre las manos. Su tono es educativo, pero mantiene una especie de realismo mágico que invita al lector a seguir, poema tras poema y ensayo tras ensayo.

Aparte de la escritura, Zapata también toma su trabajo de edición de poesía como un ejercicio de creación colaborativa y se pregunta sobre los límites de los géneros literarios dentro del mismo. “Hay una frontera entre ficción y no ficción y entre géneros estilísticos como el ensayo, la poesía y la crónica que no son tan fijos como nos quieren hacer creen en la escuela. Me gusta pensar que hay libros y hay textos, y ya. Esas divisiones sirven mucho más para organizar los libros en la librería y para vender”, explica Zapata.

Su trabajo como poeta, ensayista y editora está siempre en movimiento. Sus próximas ideas están aún en su cabeza: piensa en un libro de poemas sobre su ensayista favorito, Montaigne, y un libro sobre los clavadistas de la Quebrada de Acapulco y su caída de fe. Su capacidad para hilar pensamientos y temas que en apariencia no tienen que ver es su mayor habilidad y lo que muy probablemente la lleve a ser la próxima gran observadora y escritora mexicana.


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