Películas de terror que no has visto: 7 recomendaciones

7 películas para repensar el horror

Desde la bien recibida Cerdita, pasando por una cinta que subvierte la figura de la bruja, hasta el horror que continúa aún después de haber abandonado una secta, te recomendamos estas películas de terror que redefinen varias convenciones del género.

Tiempo de lectura: 6 minutos

Pensar en géneros cinematográficos, televisivos o literarios no es más que un punto de partida, un marco hasta cierto grado flexible. En el caso de las películas de terror, existe una serie de convenciones muy bien entendidas por creadores y públicos: una base sólida a la cual siempre recurriremos tanto para narrar como para acercarnos a los relatos como espectadores. Ya sea que hayamos empezado viendo los Gremlins o leyendo a Stephen King, hay en nuestra memoria ciertos códigos de lo que genera miedo o inquietud que, a su vez, se mezclan con experiencias e inquietudes más personales. El horror no tiene un solo rostro y, además, va mutando a través del tiempo. Es por ello que elegir una serie de recomendaciones dentro de este género —y, en realidad, de cualquier otro— es un ejercicio hasta cierto punto tramposo, que depende de estándares completamente subjetivos. Habiendo dicho esto, he aquí una lista —arbitraria, como todas las listas de recomendaciones— de películas de terror recientes, sostenidas por mecanismos narrativos, hazañas formales o apuestas políticas que considero relevantes para seguir pensando las representaciones del horror y nuestra relación con él.

Cerdita (Carlota Martínez Pereda, 2022)

El movimiento body positive se ha convertido en una trampa mediática. En medio de publicaciones en redes sociales, anuncios de televisión y una inclusión ilusoria de distintas tallas —siempre en un margen acotado y seguro—, los cuerpos gordos no han dejado de ser despreciados y estereotipados. La gordura sigue incomodando y repeliendo miradas. ¿Qué podrían decir las películas de terror al respecto? Cerdita llega como una propuesta fresca e irreverente que merece atención. Esta cinta narra la historia de Sara, una chica gorda que sufre agresiones constantes por parte de sus compañeros de escuela. Su dolorosa cotidianidad es interrumpida cuando un criminal misterioso llega para aterrorizar a todos, excepto a ella. El arco narrativo de Cerdita coquetea con los lugares comunes del género para rebelarse constantemente contra ellos y así presentar un retrato que —al fin— no trata la gordura con condescendencia, miedo ni desagrado.

Dulces sueños, mamá (Ich seh, Ich seh, Severin Fiala y Veronika Franz, 2014)

Una madre vuelve a casa después de un accidente terrible que le dejó el rostro desfigurado. Su regreso, su cambio de actitud y su cabeza cubierta por una venda hacen que sus hijos comiencen a dudar acerca de su identidad. Mientras ella intenta convencerlos de que sí es su madre y ellos diseccionan cada uno de sus actos y gestos para demostrar lo contrario, la tensión aumenta hasta llegar a un límite aterrador. Más allá del arco narrativo de esta cinta —con los eventuales sobresaltos que no desglosaré aquí—, Dulces sueños, mamá produce un choque entre convenciones cinematográficas que genera un eco inquietante en el espectador. Me explico: si bien están presentes aquellos elementos que remiten a otras películas de terror —tenemos la inmediata relación visual con Los ojos sin rostro (Les yeux sans visage, Georges Franju, 1965), por ejemplo—, existe una clara adhesión a un tono de cine autoral que vuelve al relato, hasta cierto punto, impredecible. Esta cinta austriaca, producida por la compañía de Ulrich Seidl, prescinde de los clásicos artificios formales del cine del género para construir una atmósfera en cuya sutileza yace el horror.

Goodnight Mommy. Matt Sobel.

Voraz (Grave, Julia Ducournau, 2016)

No cabe duda: los cuerpos de las mujeres han sido uno de los elementos más frecuentemente explorados —y explotados— en las películas de terror. Se ha creado un cierto misticismo alrededor de la dicotomía que existe entre la atracción y la venganza, plasmado en un sinfín de metáforas y símbolos bastante manoseados por el género. En tiempos recientes, a la luz de la popularización de las discusiones que cuestionan la mirada masculina (en el sentido que le adjudica Laura Mulvey, en cuanto a su construcción de un placer visual y su influencia en las formas en que la sociedad aprende a mirar y desear), han surgido diversas propuestas que pretenden dotar de agencia y complejidad a aquellos personajes que no la tenían. Es en este contexto que surge Voraz, la historia de una estudiante vegetariana de veterinaria que, al probar la carne por primera vez, desarrolla un apetito feroz que no será satisfecho solamente con carne animal. Justine, la protagonista, irá descubriendo los alcances de sus instintos caníbales y sexuales en episodios cada vez más perturbadores. Partiendo de una premisa similar a la de cintas como Carrie —incluso con un baño de sangre que evoca la icónica escena creada por Brian de Palma—, según la cual el cuerpo de la mujer parece descontrolarse hasta convertirse en un peligro para quienes la rodean y, también, para ella misma, Voraz hace una apuesta contundente por centrar su atención en el viaje de su protagonista sin hipersexualizarla innecesariamente ni despojarla de su capacidad de decisión. Además, tiene instantes de humor negro y un trabajo de musicalización muy efectivos.

 
The Love Witch (Anna Biller, 2016)

Haciéndole honor a los innumerables cruces entre el cine de terror y otros géneros, incluyo esta cinta con tintes de terror y de comedia. The Love Witch narra la historia de una bruja que mediante artimañas atrae y atrapa hombres desprevenidos para después darles un desenlace fatal. Formalmente, se trata de un homenaje frontal al cine serie B de los sesenta, con colores saturados en escenarios, maquillaje y disfraces, giros dramáticos tan exagerados como predecibles e interacciones impostadas —y hasta risibles— entre los personajes. En el fondo, también contiene una crítica implacable del carácter transaccional del deseo a través de una protagonista que instrumentaliza los mecanismos de opresión a los que ha sido sometida para intentar alcanzar sus metas y satisfacer sus anhelos. Da gusto ver a una bruja malvada ser retratada sin concesiones y con tanto estilo.

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The Love Witch. Anna Biller.

La Casa Lobo (Cristóbal León y Joaquín Cociña, 2018)

Siempre he creído que las pesadillas verdaderamente aterradoras, esas que resuenan en la cabeza largo rato, consisten, más que en sobresaltos, en entornos donde la normalidad se disloca para abrir paso a la incertidumbre y la extrañeza. Algo así sucede con La Casa Lobo, una cinta chilena animada en stop motion que sigue la historia de María, una niña que llega a una casa en búsqueda de refugio. Este espacio, inicialmente una promesa de seguridad, se vuelve gradualmente asfixiante y terrorífico, con voces y apariciones que no ofrecen una interpretación lineal ni lógica. El relato parte de un episodio siniestro en la historia reciente de Chile: María está huyendo de una comunidad llamada Colonia Dignidad, una especie de secta fundada a principios de los sesenta por Paul Schäfer, donde sucedieron actos atroces de violencia y abuso infantil. Sin ahondar en los detalles de ese evento histórico, la cinta se sumerge en una interpretación fantástica del trauma y el dolor con una apuesta formal arriesgada y, a la vez, sumamente respetuosa al metaforizar las secuelas de aquellas heridas que siguen siendo muy recientes.

Mandy (Panos Cosmatos, 2018)

Después de sus héroes acongojados —como aquel ángel enamorado que decide volverse humano—, ver a Nicolas Cage hacer lo que se le antoje es una delicia. Esa es una de las razones por las que Mandy se encuentra en esta lista de películas de terror, pero está lejos de ser la única. La película narra la historia de Red —el personaje interpretado por Cage—, quien lleva una vida tranquila con su pareja hasta que la secuestra el líder de una secta malvada. El evento desata una travesía heroica —y vengativa— sangrienta y muy divertida. La propuesta formal de Mandy es excesiva por donde se vea: tenemos villanos, reacciones, musicalización, escenarios y secuencias de acción completamente desbordados. Es una cinta que, a pesar de ser escandalosa, funciona a partir de episodios consistentes, hilados por una interpretación poderosísima de un Nicolas Cage que ya no necesita ningún tipo de reivindicación frente a los seguidores de las películas de este género.

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Mandy. Panos Cosmatos.

Fresh (Mimi Cave, 2022)

Noa está cansada del mundo del ligue en tiempos de internet, de las tramposas apps de citas y las dick pics no solicitadas. Como nos enseñaron la nana Fine y tantas heroínas más en búsqueda de una relación estable y próspera, la protagonista cree haberse ganado la lotería cuando conoce a Steve, un doctor guapo, sensible y atento –y rico– que la conquista con su galantería. En un cambio de tono abrupto —muy bien marcado por la secuencia de créditos iniciales—, lo que inicia como una comedia romántica tradicional se convierte en un relato de terror que bebe de todos los miedos que acechan a cualquier mujer de nuestra época que se aventure a salir con un desconocido. A pesar de plantear a un villano que rebasa por completo los límites de la violencia común, de esos peligros potenciales a los que sabemos que nos enfrentamos las mujeres actualmente, Fresh se convierte en un relato estremecedor que cala muy hondo en este contexto. En la cinta, Mimi Cave adopta una postura política evidente al presentarnos a una heroína inteligente y estratégica que se alía con otras mujeres para poder enfrentar la violencia. Ahora, es importante advertir el lugar desde donde se narra esta historia: si bien se trata de un relato donde la fuerza de las mujeres se convierte en su salvación, consumirlo en un contexto como el que atravesamos en Latinoamérica dota a la experiencia de una dimensión particularmente estremecedora. Fresh plantea una premisa ingeniosa y entretenida que, sin embargo, me parecería impensable en manos de cualquier realizadora proveniente de entornos como el nuestro.

Fresh. Mimi Cave.

A manera de conclusión, las películas de terror de una época determinada, a pesar de colocarse en los territorios de la ficción, se convierten en un testimonio de las inquietudes e incertidumbres que atravesamos como sociedad. Son una especie de válvula de escape y una fuente de satisfacción frente a los horrores que habitan fuera de las pantallas. Las convenciones, fijaciones y tendencias plasmadas en las historias que narramos —las nuevas y las clásicas— se vuelven, así, una adenda constante a un mosaico de miedos colectivos.

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