Bajo amenaza

El periodismo en México enfrenta tiempos complicados. En el sexenio de Felipe Calderón se agredía a un periodista cada 48 horas y en el de Enrique Peña Nieto, esa cifra se disparó casi al doble. Actualmente se agrede a un periodista cada 26 horas.

En el momento en que la reportera Karla Silva Guerrero levantó la mirada al escuchar su nombre, recibió el primer puñetazo de una brutal golpiza. Era el 4 de septiembre de 2014, y tres hombres  habían ido a buscarla, a la redacción de El Heraldo de León, un diario de Silao, Guanajuato. Todos los golpes y patadas que recibió fueron en la cara, no le tocaron otra parte del cuerpo. Los atacantes tenían la intención de destruirle el rostro, y lograron perforárselo hasta el cráneo. “Para que le bajes de huevos a tus pinches notas, o si no, te va a cargar la chingada”, le gritó uno de ellos mientras la golpeaba. Desde que la reportera, de 24 años, comenzó a trabajar para el diario, en agosto de 2013, abordó temas policiacos y de seguridad, documentando abusos de policías. Cubrió también, a través de varias notas, casos que vinculaban a Enrique Benjamín Solís Arzola, alcalde de Silao por el PRI, con centros nocturnos y grupos de seguridad clandestinos. “Creo que empecé a destapar varias cloacas”, le dijo Silva Guerrero a Artículo 19, para el informe que la organización presentó en marzo de 2015, bajo el nombre “Estado de Censura”. Cuando Karla llegó al Ministerio Público cubierta de sangre, le dijeron “primero ve y lávate,” y después le pidieron que se fuera “porque estaban muy ocupados”.

La Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV) hizo una solicitud formal para que la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos cometidos en contra de la Libertad de Expresión (FEADLE) atrajera su caso, pero la FEADLE se negó a hacerlo, porque la investigación iba muy avanzada. Por la agresión, la Procuraduría de los Derechos Humanos del Estado de Guanajuato se limitó a recomendar al alcalde de Silao ofrecer una disculpa pública, puesto que la periodista fue golpeada bajo órdenes del Director de Seguridad Pública de la localidad, Nicasio Aguirre Guerrero. Uno de los cuatro inculpados obtuvo beneficios de condena provisional, y posteriormente, la condonación de la pena, por aceptar su culpabilidad. Su único castigo fue pagar una multa de 1 499 pesos. Tres de los inculpados se encuentran en prisión preventiva y uno más, precisamente Nicasio Aguirre Guerrero, está prófugo de la justicia.

El juicio por parte de las autoridades estatales está aproximadamente a la mitad del proceso, pero no se ha iniciado ninguna investigación por la implicación del alcalde en el caso. Karla Silva ha tenido que entrevistarlo varias veces desde entonces. “De mi parte, el trato hacia él es igual: saludo y pregunto. Pero él rehúye mis preguntas y me hace esperar mucho para darme entrevistas. Cuando hay autoridades estatales o federales, me atiende muy bien, pero cuando estamos solos o está acompañado de su equipo es muy grosero”, afirma Silva en entrevista telefónica, un día antes de someterse a una cirugía de vesícula, necesaria después de que sus problemas de salud en el sistema digestivo se agravaran por el estrés. “El trato hacia las mujeres por parte del alcalde es muy despectivo. Me ha tocado ver cómo les levanta la voz, se mofa, etc. No sé si pueda atribuírselo a eso, pero soy la única mujer en Silao que cubre temas de políticos y cuestiones de gobierno, que requieran un trato con él”, afirma. En este contexto, según Silva, además de los periódicos Al Día y El Heraldo de León, donde ella trabaja, no hay más medios críticos en Silao.

El gobierno de Guanajuato destinó escoltas para garantizar la seguridad de Karla. Desde que salió del hospital en septiembre, dos elementos de seguridad estatal la siguen 24 horas al día. Aunque sigue reporteando para el mismo diario, desde la misma silla y cubriendo los mismos temas, su trabajo no está del todo a salvo: “He tenido que limitarme mucho en cuanto a los lugares a los que acudo a atender notas, porque no es lo mismo ir sola, caminando, que estar acompañada todo el tiempo. Ya no me puedo meter a zonas conflictivas o a comunidades rurales, porque ya una vez tuvimos un incidente en el que la gente apedreó a los elementos de seguridad”.

En el sexenio de Felipe Calderón se agredía a un periodista cada 48.1 horas, en el de Enrique Peña Nieto la cifra se disparó, y se agrede a un comunicador cada 26.7 horas. Para dejarlo aún más claro, Artículo 19 añade en su informe otra cifra comparativa: en el sexenio anterior se documentó un promedio anual de 182 ataques. En el actual, del que apenas han transcurrido dos años, el promedio subió a 328 ataques al año. Pero incluso más alarmante que esos datos, es saber que de 326 agresiones a la prensa documentadas en el año 2 014, 156, casi la mitad (47 %), vienen de un funcionario público.

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