El uso de psicodélicos en la salud mental – Gatopardo

Viaje al fondo del alma. La sanación con psicodélicos

Eugenia Coppel
Ilustraciones de Manuel Vargas

Los estudios clínicos con psilocibina y otros psicodélicos que se realizan en universidades extranjeras generan entusiasmo por su potencial para aliviar una variedad de trastornos mentales. En México las personas se acercan a estas alternativas a través de rituales tradicionales indígenas, ceremonias contemporáneas o sesiones con terapeutas que trabajan a la sombra de la prohibición.

 

 

Entre las personas sentadas a la mesa, las palabras que se cruzan van sobre el viaje con “hongos mágicos” que está por suceder: unos dicen que será su primera vez con psicodélicos; otros, que ya han experimentado con la ayahuasca o que han comido hongos en el bosque, pero nunca en una ceremonia como ésta. Es una noche de diciembre de 2021 que apenas comienza. Es una casa grande en la periferia boscosa de Guadalajara, Jalisco, con libros de budismo en los estantes, arte wixárika en los muros y una televisión que transmite música evocativa y mandalas que cambian de formas.

Antonio, en una de las cabeceras, conoce a dos terceras partes del grupo: son amistades suyas, trabajadores de la empresa trasnacional que dirige y un hombre sexagenario que resulta ser su coach de vida. Todos lo escuchan cuando comparte que será su tercer ritual con hongos psicoactivos, que modifican el estado de conciencia. Cuenta que estuvo hace un mes, y hace dos, en esta casa y ahora ha vuelto con invitados porque la experiencia le cambió la vida a sus 47 años: logró erradicar una tos crónica que había sido intratable para una multitud de doctores. De un día para otro dejó de ser el hombre ansioso que no podía parar de toser. 

“Me dijeron que era un problema gástrico que se me iba a los bronquios, que era una microfiltración pulmonar, que tenía que hacer dieta, operarme de una hernia. Tomé todo tipo de medicamentos”, relata el empresario días después en su oficina, en un veinteavo piso en el distrito financiero de la ciudad jalisciense. Tiene el tiempo contado y lo vigila con un Rolex en su muñeca izquierda. Los abogados de la compañía le aconsejaron no revelar su identidad en este reportaje, pero está dispuesto a compartir su historia: “Veo a los hongos como una medicina para el alma que más te ayuda que mil terapias”.

Antonio había escuchado sobre el poder curativo de los hongos, a través de amigos y de su cuñada psicóloga. Pero fue decisivo ver el documental Hongos fantásticos de Louie Schwartzberg, que protagoniza Paul Stamets, uno de los micólogos más reconocidos de Estados Unidos, quien dejó de ser tartamudo gracias a las sustancias psicoactivas de los hongos —la psilocibina y la psilocina—. La película terminó por convencerlo de hacer algo que nunca pensó: conducir de noche hacia la casa de un desconocido para ser parte de un ritual con psicodélicos. Este hombre que se define como pragmático, de pensamiento científico, sintió “el llamado” de los hongos. “Una de mis primeras visiones fue una espiral llena de mugre que se iba yendo, como si me estuvieran limpiando, me hubieran metido el cerebro a la lavadora y se fueran muchos pensamientos y capas de mugre que uno acumula por la coladera. Sentí que me ‘resetearon’ el CPU”, dice.

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