La cuna se mueve sola - Gatopardo

La cuna se mueve sola

Se supone que el registro de los participantes para esta segunda asamblea interuniversitaria del movimiento #YoSoy132 sería de 8 a 10 de la mañana, pero a las 10:30 del lunes 11 de junio, el trámite estaba atrasado en la Universidad Iberoamericana. Uno de los problemas más comentados en la entrada del estacionamiento 1 era la […]

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Se supone que el registro de los participantes para esta segunda asamblea interuniversitaria del movimiento #YoSoy132 sería de 8 a 10 de la mañana, pero a las 10:30 del lunes 11 de junio, el trámite estaba atrasado en la Universidad Iberoamericana. Uno de los problemas más comentados en la entrada del estacionamiento 1 era la endemoniada dificultad para llegar en transporte público hasta Santa Fe —en realidad también es difícil llegar en transporte privado: Santa Fe, en la punta poniente de la ciudad, es un enjambre de modernos edificios, sin espacio público, hostil al peatón y ahogado por la falta de vías de acceso—. Una chica que venía de Cuautitlán Izcalli, exactamente en el otro extremo de la mancha urbana de una de las ciudades más extensas del mundo, se quejaba porque, encima de todo, el metro se descompuso en la mañana. Había llegado de milagro.

Era la primera vez que muchos estudiantes, como esta chica de Cuautitlán Izcalli, venían a la Ibero, la universidad privada donde inició el movimiento estudiantil, exactamente un mes antes. El movimiento mismo se había convertido en una oportunidad única para que los alumnos de universidades públicas y privadas se vieran la cara por primera vez. Y ésta, que ha sido una de las características más interesantes del #YoSoy132, también es una que provoca encontronazos.

El diseño arquitectónico de la Ibero daba cuenta del extrañamiento. Hay diez entradas para autos y un solo acceso para peatones. Ese lunes no había clases porque la universidad estaba de vacaciones, así que el estacionamiento 1 se veía casi vacío. A diferencia de cualquier universidad pública donde la gente entra y sale con libertad, aquí había que entregar una credencial en la puerta del estacionamiento, para el control de la seguridad interna, y caminar por una laguna de asfalto hasta donde estaba la mesa de registro de la asamblea interuniversitaria. A partir de allí, sólo se permitía la entrada a los voceros, así como a algunos observadores y visitantes de distintos estados de la República.

Pero el verdadero problema de esa mañana era más grave: la amenaza de que esa asamblea fuera tomada por las organizaciones estudiantiles más radicales que no habían sido parte inicial del movimiento y de que todo el esfuerzo hecho y las ganancias políticas obtenidas se fueran por el caño de la confrontación y la parálisis de las asambleas. En un mes de vida, el movimiento había logrado cambiar los términos de la elección para la Presidencia de la República. Antes, el candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI), apoyado por las principales cadenas de televisión, parecía imbatible; todo indicaba que el país viviría una restauración del partido que lo había gobernado por setenta y un años. Un mes después, el camino del PRI hacia la Presidencia se veía más arduo. Los estudiantes también habían hecho un comentario muy pertinente sobre la utilidad pública de la información, el papel distorsionador de la televisión y otros medios de comunicación y, en general, sobre la calidad de la democracia mexicana. Sin embargo, muchos comenzaban a preguntarse: además de hacer protestas y marchas, ¿qué más había que hacer de cara a las elecciones? ¿Sobrevivirá el movimiento #YoSoy132 después de los comicios del 1 de julio? Y si la respuesta era afirmativa, ¿cómo iba a asegurar su vida futura?

* * *

Durante semanas, hubo un órgano de dirección informal, llamado la Coordinadora, al que fueron a llegar los primeros estudiantes de universidades públicas y privadas, muchos de ellos voluntarios que, a título personal, apoyaban a los alumnos de la Universidad Iberoamericana que el 11 de mayo habían abucheado al candidato del PRI, Enrique Peña Nieto, durante su visita a la universidad. (Otra consecuencia del movimiento: que los políticos no pueden ser impunes. El abucheo a Peña Nieto se encendió luego de que defendió la intervención de la fuerza pública para dispersar una manifestación en el pueblo de Atenco, en mayo de 2006, cuando él era gobernador del Estado de México. Esa intervención provocó dos muertos y decenas de mujeres violadas.)

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