El día en que los narcocorridos fueron declarados oficialmente culpables

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Gerardo Ortiz, estrella rutilante de DEL Records, y presunto 'ahijado' del capo Dámaso López Serrano —el Mini Lic—, alcanzó un acuerdo con la justicia de Estados Unidos. Foto: Tomada de las redes sociales de Gerardo Ortiz.
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En una corte de California se exhibió, por primera vez, que la producción de narcocorridos en México es parte de las redes de la delincuencia organizada.

Lo primero que desfila en el videoclip es el nombre en letras grandes de la productora: DEL Records. Después, autos deportivos en colores fosforescentes y banderas a cuadros, emulando una carrera de Fórmula 1, pero de, digamos, no muy alto presupuesto. Se arrancan el acordeón, la tuba y la tambora mientras Gerardo Ortiz festeja con unas chicas guapas. El artista, de riguroso sombrero vaquero, pantalones ajustados, camisa blanca, chaleco negro y cinturón de hebilla dorada, lanza los versos:

Sí, señor, yo soy Dámaso.
Soy hijo del licenciado
de Culiacán y mi gente

siempre he tenido el respaldo.

En la canción de 2012 —llamada, muy imaginativamente, “Dámaso”—, el cantante mexicoamericano se avienta unas referencias directas a “su padrino”, un hombre que, según él, tiene palabra. Está muy agradecido porque le echó la mano, y con ese corrido salda un pendiente:

Y lo prometido es deuda, viejón.
Ahí está su corrido, ahí nomás.

La canción fue un exitazo: ese año Gerardo Ortiz fue nominado a un Grammy por Mejor Álbum Regional Mexicano y a tres Billboard, incluido Compositor del Año. Además, fue invitado a cantar en la gala del Premio Lo Nuestro, en Miami. Desde un sillón que emulaba un trono le cantó a su poderoso padrino, mientras lo toqueteaban ocho chicas en vestidos de noche.

Nunca un homenaje, referencia, mensaje o reconocimiento —llámenle como quieran— a un capo presunto de la élite del crimen organizado en México se había lanzado de forma tan obvia en un escenario tan mainstream y legitimador, ante unos cuatro millones de espectadores. Más de 10 años después, a la virtual confesión de asociación delictuosa se le sacaría buen jugo en tribunales. Pero vamos por partes.

Dámaso López Núñez era un comandante de la Policía Judicial de Sinaloa y subdirector de Custodia del penal del Altiplano, apodado “El Licenciado”. Se le llegó a considerar el sucesor de Joaquín “El Chapo” Guzmán al frente del cártel de Sinaloa.

Este hombre tuvo un hijo, al que le decían el “Mini Lic”, Dámaso López Serrano, quien, como su padre, también se convertiría en uno de los principales encargados de las operaciones del cártel. Cinco años después del lanzamiento de la canción “Dámaso”, el 7 de mayo de 2017, el periodista sinaloense Javier Valdez describió así al Mini Lic —por ese entonces de 35 años y barbón—, en una de sus últimas crónicas, antes de morir:

[…] Dámaso López Serrano, de quien se dice es bueno para el cotorreo, pero no para los negocios. Solo bebe las mieles que siembra y cosecha —o cosechaba— su padre […] El Mini Lic, narco de corridos por encargo y pistolero de utilería y de fin de semana.

Según investigaciones judiciales, el 15 de mayo Valdez cayó asesinado por órdenes del padrino de Gerardo Ortiz. Le dieron 12 balazos muy cerca de Ríodoce, el semanario que el periodista había fundado en su natal Culiacán. Una imagen dolorosísima que su gremio jamás olvidará: Javier quedó tendido boca abajo en el asfalto, con el sombrero de ala ancha que nunca se quitaba, rodeado de señalamientos de casquillo de bala, de esos amarillos que dejan los peritos.

Dos meses después de mandar asesinar a Javier Valdez, el Mini Lic se entregó a las autoridades estadounidenses tras llegar a un pacto de cooperación con el Departamento de Justicia de aquel país, y cinco años después obtuvo una liberación condicional. Sin embargo, volvió a los negocios, al tráfico de fentanilo, particularmente. En diciembre de 2024 fue capturado de nuevo, del otro lado de la frontera.

Gerardo Ortiz, en cambio, siguió una línea recta en su cosecha de éxitos. Por ejemplo, en 2017 y 2018 lanzó los álbumes Comeré callado, volumen 1 y 2, también bajo el sello DEL Records.

Comeré callado, para no avisarle al que será vencido.
Un solo disparo, se apagó la luz pal′ que me había encendido y no saben de dónde.
Andan preguntando quién se pegó el tiro.
Suerte en su tarea, es que el difunto coleccionaba enemigos.

El yerno de Jenni Rivera

Un reportaje de Univisión lo describe en voz en off así: “Muchos señalan al empresario Ángel del Villar, dueño de la disquera musical mexicana DEL Records, como intimidante y polémico, pero teniéndolo frente a frente es otro”. Ángel, con lentes oscuros, dice en un plano medio del programa El Gordo y la Flaca que él, simplemente, es un hombre que va detrás de sus sueños.

En 2008, en Los Ángeles, California, del Villar creó el sello discográfico al que bautizó DEL Records, especializado en música regional mexicana. El primer artista que firmó fue Gerardo Ortiz, y después se irían sumando otros superfamosos, como AB Quintanilla —el hermano de Selena— y Ariel Camacho.

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En 2012 Ángel del Villar —musculoso, tatuado, siempre con gorra— saltó de las cabinas de producción a la prensa rosa. Por entonces se había hecho público su noviazgo con Chiquis Rivera, la hija rebelde de Jenni Rivera. La Diva de la Banda nunca ocultó su desprecio por del Villar, quien era 16 años mayor que su hija.

Todo explotó una noche de noviembre de 2012, durante la entrega de los Premios de la Radio, en Los Ángeles, cuando al parecer Rivera escuchó que Del Villar le dijo: “Puerca”, “Cerda” y “Gorda”, cuando pasaba cerca de él.

Do you wanna talk? Call me. Cuando pasé, no dijiste mierda de mí, porque si tienes huevos, you say in my fucking face [sic] ¿dónde están los huevos?”, le gritó Jenny mientras se subía a su auto. Unas semanas después, la diva murió en un accidente de avión en México, y del Villar pasaría a la historia como el yerno irrespetuoso. Después de 2016, cuando terminó su noviazgo con la Chiquis Rivera, del Villar salió del ojo público.

En 2019 volvió a dar nota cuando abrió su canal de YouTube. Según él, quería que la gente lo conociera; quería inspirarla y motivarla. En su primer video contó ante la cámara, con un puro en la mano, que había nacido en Zacatecas. Tras emigrar a Estados Unidos, trabajó en la construcción, actividad que le permitía escuchar música todo el tiempo. Así se le ocurrió fundar una empresa discográfica. El empresario omite demás detalles; solo dice que la primera banda que firmó en DEL Records fue Grupo Escolta. “Yo administraba las canciones, iba con el diseñador a diseñar, con el que maquilaba los discos, los llevaba en las noches a los night club [...] Fue un comienzo muy bonito”.

En ese video él mismo se hace las preguntas: “¿El secreto de mis logros? Yo nunca me doy por vencido. Todo empieza en la cabeza, toda visión tiene una misión. Para mí es muy importante que siendo yo un inmigrante la gente también lo puede hacer”.

Con los años el canal de YouTube del CEO de la discográfica pasó a convertirse en una especie de guía espiritual para la comunidad mexicoamericana. “Échale ganas”, “Nunca te intimides”, “El karma” son algunos de los títulos recurrentes en sus videos, que han llegado hasta medio millón de reproducciones.

“¿Cómo se ve en cinco años?”, se pregunta y se responde: “Un futuro muy brillante”. Se equivocó de lleno.

Corridos por encargo y conciertos para lavar dinero. Un modus operandi descrito al detalle ante una corte de California. Foto: Tomada de las redes sociales de Gerardo Ortiz.

Nexos con el cártel

La caída de DEL Records comenzó oficialmente el 6 de abril de 2018. El Departamento del Tesoro incluyó en su “lista negra” a Jesús “Chucho” Pérez Alvear. Según las autoridades, gracias a una investigación que se inició en 2003, descubrieron que el hombre se presentaba como promotor musical, pero realmente era un lavador de dinero que tenía su sede en Guadalajara, Jalisco, tierra del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG).

El anunció cayó como bomba en la industria del regional mexicano, pues Pérez Alvear no era un promotor cualquiera: su catálogo incluía artistas como la superestrella Julión Álvarez. Desde Washington se aseguró que el empresario utilizaba una empresa llamada Gallística Diamante, fundada en Aguascalientes, para organizar eventos y lavar dinero del CJNG. Pequeño detalle: Chucho era el principal organizador de los conciertos de los artistas de DEL Records.

DEL Records negó cualquier relación con los cárteles de la droga. Las autoridades de Estados Unidos demostraron otra cosa. Tras un allanamiento de sus oficinas en Los Ángeles, descubrieron que, a pesar de que ya se sabía que Pérez Alvear había sido fichado por el Departamento del Tesoro, la productora continuó produciendo conciertos en México con él.

Una de las evidencias en su contra fue un borrador de comunicado elaborado por DEL Records, en el que se hacía referencia a la situación de su socio, y del que se deslindaban. También se corroboró que uno de los empleados de la empresa le recomendó a del Villar que no firmara acuerdos con una persona que el Gobierno estadounidense tenía en la mira; al CEO no le importó y siguió con sus planes para un próximo concierto: el que estaba organizando Pérez Alvear en la Feria de Aguascalientes para el 27 de abril de 2018, en el que cantaría Gerardo Ortiz, la estrella máxima de la empresa.

Según la investigación, el pago de servicios a “Chucho” se hizo con la American Express del propio del Villar. En efecto, todo indicaba que el empresario tenía conciencia de estar haciendo negocios con un operador del CJNG.

Otra de las pruebas en contra de del Villar fue aportada por un trabajador que más tarde sería testigo colaborador en el juicio. Reveló que cuando del Villar se enteró del “problema” de Chucho Pérez, mandó a México a su director financiero, Luca Scalisi, para intentar cobrarle un dinero que todavía les debía. ¿Y cómo lo supo? Se lo contó el propio Scalisi.

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Este proceso judicial ha dejado al descubierto que a Ángel del Villar y a los suyos poco les importó la restricción de no hacer negocios con gente que pudiera tener nexos con el cártel. Aunque tal vez el indicio más evidente lo aportó Gerardo Ortiz.

Según un documento de la Corte de California, menos de dos semanas después de los señalamientos formales del Departamento del Tesoro, agentes de la DEA tocaron a la puerta de un cuarto de hotel de Phoenix, Arizona, donde se hospedaba el artista. “En la habitación se reunió [el agente de la DEA] con el artista [...] y le entregó una copia de la carta [tal cual, la notificación del Tesoro], le explicó lo que estaba sucediendo”, dice el informe. Esta carta también llegó hasta del Villar y Scalisi; es decir, todos estaban al tanto y continuaron con los conciertos.

DEL Records se convirtió en la primera discográfica de música regional en enfrentarse a un juicio por nexos con los cárteles mexicanos. Desde 2018, en la Corte del Distrito Central de California, en Los Ángeles, comenzaron a exhibirse pruebas nunca vistas en un tribunal así.

El pasado 2 de marzo, la Fiscalía de California presentó una lista de evidencias que incriminan a la disquera con el narcotráfico. Hay 125 exhibits en su contra, como le llaman ellos: transcripciones, interceptaciones de llamadas y algo inédito, narcocorridos.

En efecto, dos videos de Gerardo Ortiz, la gran estrella, se usaron como prueba incriminatoria en contra de DEL Records: el de la canción “Dámaso”, el corrido que le compuso en 2013 a su padrino, y el de “Quién se anima”, canción que va así:

Quién se anima,
que le entre con ganas
a los negocios donde hay buena lana.

 

En las pruebas se habla de Gerardo Ortiz como un “cooperador”; es decir, que el artista alcanzó un acuerdo con el Gobierno de Estados Unidos, a cambio de no enfrentar cargos en su contra por haberse presentado a cantar en conciertos lavadores de dinero de cárteles, pese a todas las advertencias. En resumen, Ortiz pactó, delató y aceptó que sí cantó para los narcos.

El 24 de marzo, tras el acuerdo que su cantante estrella selló con la justicia, Ángel del Villar publicó su último video de YouTube. En él dice: “Justicia divina todo aquel que obra mal al final le va mal… puede ser que al principio las cosas le salgan como le haigan [sic] planeado, pero tarde o temprano dios se encarga de pasar la factura”.

El 27 de marzo Ángel del Villar y Luca Scalisi fueron declarados culpables de violar la Ley de Designación de Cabecillas Extranjeros del Narcotráfico, al realizar negocios con un promotor de conciertos con sede en Guadalajara que tenía vínculos con los cárteles de drogas mexicanos. Un hecho histórico que, por primera vez, exhibió que la producción de narcocorridos en México es parte de las redes macrocriminales de la delincuencia organizada. Ahora sí, oficialmente.

Para Ángel del Villar, el exyerno irrespetuoso de Jenny Rivera, ahora solo le queda esperar su condena.

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