Gatopardo 229: Resurgir

Gatopardo 229: Resurgir

La voluntad de vivir que se impone incluso a la voluntad de saber, de entender: en esta edición hemos querido narrar, entre otras cosas, ese tipo de empuje personal que se transfiere felizmente a la esfera pública.

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Cuando Sofía Salinas comprobó el poder transformador de tener una ballena gris a unos metros de distancia, un matiz importante se añadió a sus trabajos de conservación del hábitat marino. Decidió dar forma a un proyecto que consiste en embarcarse con un grupo particular de pasajeros: hijos e hijas de familias rotas por la adicción a sustancias. Para ellos, salir al mar y conocer la vida que prospera supone un estímulo para escapar de una soledad profunda.

Ricardo Hernández, periodista, tuvo conocimiento de este tipo de terapia alternativa y, especializado como está en contar historias en torno al lugar que el mundo le reserva a la infancia, empezó a rastrear. Viajó a La Paz, Baja California Sur, y los testimonios del grave problema del uso de drogas y la violencia que rodea al tráfico cayeron en cascada. Visitó un lugar excepcional, un albergue que ofrece protección y posibilidad de rehabilitación, en especial a mujeres adictas, junto a sus seres queridos; un lugar de sanación a través de lazos comunitarios. Allí conoció a Verónica, con una vida a salto de mata, enganchada a la metanfetamina. Había escapado —y aquí el término “milagrosamente” no parece exagerado— de la mira de un grupo de sicarios, junto con sus tres hijas, Joselin, Mía y Jade.

Consignar la realidad. Describirla, procurar explicarla, hacer evidentes las relaciones entre sus partes, establecer una perspectiva temporal y espacial, ordenar, legar su registro… Podemos estar de acuerdo en que todo eso son objetivos legítimos del periodismo. Pero no intervenir en la realidad. Una visión estricta y cuadrada del oficio incluso censuraría tal pretensión. Pues bien, Ricardo, sin proponérselo, intervino sutilmente en la realidad. Hizo algo que alteró la rutina de Verónica, Joselin, Mía y Jade, y que bien podría colaborar en romper la inercia trágica de sus vidas. El autor del reportaje “Mar adentro está la sanación” las presentó con la bióloga Sofía, y zarparon juntas.

Se trató de una intervención tenue de la realidad, apenas una conexión que no existía. Pero que le otorga a la historia reporteada un sentido de apertura, una posibilidad extra a la variedad de conclusiones sombrías que podemos sacar de su lectura. Y es que, en el camino, Ricardo fue advirtiendo que no sabemos casi nada sobre el impacto del uso problemático de las drogas en la infancia, ni sobre los efectos en los hogares de la política punitivista y persecutoria hacia los usuarios. Por no saber, no sabemos con precisión ni siquiera cuántos consumidores de sustancias adictivas hay en el país —el levantamiento de la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco se suspendió en 2022—. La falta de datos no hace más que alimentar la “máquina del desamparo” que afecta a los niños, niñas y adolescentes en México.

Hay veces, sin embargo, en que es preferible no saber por completo. El conjunto de circunstancias, acontecimientos, predeterminaciones, fuerzas y, acaso, razones que lleva a una persona a suicidarse no se puede comprender. Pretenderlo suele convertirse en una carga insoportable durante el duelo de alguien que perdió a un ser querido de esta manera. Mateo Peraza, en principio, se interesó en la crisis de suicidios en Yucatán. El estado, en cifras del Inegi (2022), tiene la mayor incidencia de suicidios en México: 15.4 por cada 100 000 habitantes. ¿Qué tensiones sociales subyacentes lo provocan? ¿Qué carencias puede haber en el sistema local de salud pública, en términos de prevención? ¿Son los restos de un pasado no tan lejano de explotación y marginación? No falta quien atribuye la tendencia al “alma yucateca”, encarnada en los atributos malinterpretados de una diosa maya. Muy pronto en el trascurso de la investigación, Mateo se centró en las personas que se quedan con la pérdida, y en la forma en que han tendido, de manera ejemplar, redes de apoyo y construido una especie de conciencia colectiva en torno al suicidio. La voluntad de vivir fue cobrando más importancia que la voluntad de saber. En esta edición hemos querido narrar ese tipo de empuje personal que se transfiere felizmente a la esfera pública.

Ciertas palabras usadas para describir fenómenos complejos —que se desprenden muchas veces del léxico cerrado de la academia— terminan por vaciarse de significado, de tan traídas y llevadas. Podemos perdernos en la discusión de si lo que le está ocurriendo a Oaxaca, ciudad capital del estado mexicano del sur, es un proceso de gentrificación de manual o la simple turistificación acelerada que resulta de un modelo de desarrollo poco diversificado; podemos, mientras hacemos la lista de los sospechosos comunes, aceptar tácitamente que el proceso no tiene vuelta atrás y, por tanto, que es tan inútil idear soluciones o medidas de amortiguamiento como inevitable resulta el choque social. Juan Mayorga no podía darse el lujo de ser cínico al respecto: Oaxaca es su ciudad. Palpa todos los días ese sentimiento de extrañeza máxima. Su reportaje complejiza las cosas, y así tenía que ser. Presenta el mosaico completo de actores —hasta donde es posible en procesos que no paran de evolucionar— y da voz a los afectados, a los presuntos beneficiados y a los que sospechan que convertir a la gentrificación en una especie de fantasma amenazante es una forma muy efectiva de evitar la reflexión sobre las razones estructurales del desencuentro.

Por último, les proponemos una inmersión en la enorme mina de litio en la que se pretende convertir a la puna argentina, la región al noroeste del país sudamericano con características geológicas, paisajísticas y culturales sin par. Aprovechar el metal sobre el que está puesta buena parte de las esperanzas de la transición energética global supone desafíos que en esa zona del continente conocen de sobra; una experiencia de la que otros países, como México —donde la discusión seria sobre el tema es joven aún—, podrían aprender mucho. Fernando Krapp reporta todas las aristas: medioambientales, económicas, legales, políticas, sociales… Y lo hace mientras transmite, con una claridad propia de la mejor divulgación científica, la maravilla a nivel subatómico y cósmico que supone la presencia de ese elemento químico en la Tierra.

 


 

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