La música en el cine de Wong Kar Wai
Un recorrido musical por el cine de Wong Kar Wai
julio 24, 2019

Normalmente en el cine siempre se hace una distinción —en ocasiones innecesaria— entre estilo y sustancia. Los dos términos son amplios y difíciles de definir, pero a grandes rasgos el primero tiene que ver con los recursos más llamativos (movimientos de cámara, música, color, encuadres y demás elementos formales), mientras que el segundo se refiere al sustento intelectual detrás de éstos, a lo que están comunicando a través de imágenes y sonido. Ambos tienen méritos y depende del estilo del realizador cuál de ellos favorece. 

Resulta atípico encontrar a un director cuyo balance de estos sea natural y placentero, que tenga inolvidables momentos visuales y una potente carga temática. Quizá por eso Wong Kar Wai es un referente mundial, sus historias no son tanto narrativas, con principio y fin, sino collages sensoriales que van del monocromo al arcoiris en un melancólico segundo. En muchas ocasiones esto se debe a su cámara flotante, en otras puede ser la necedad con la que utiliza película de 35 mm aunada a procesos atípicos de revelado o en ocasiones particulares es la narración íntima y devastadora de sus películas. Pero pocos elementos tienen el peso dramático que busca Wong Kar Wai como la música.

Chungking Express de Wong Kar Wai

Chungking Express de Wong Kar Wai

Cinéfilo empedernido, Wong Kar Wai emigró en 1963 —a sus 5 años—, en vísperas de la Revolución Cultural, de Shanghai a Hong Kong. Separado de sus dos hermanos, a quienes no vería sino hasta 10 años después, Wong Kar Wai creció con una madre que constantemente lo llevaba al cine, hábito que mantuvo durante la adolescencia como forma de escape e introspección. 

Por otro lado, crecer en Hong Kong le otorgó una serie de impresiones y choques que moldearon su personalidad como director. En primer lugar está el lenguaje, que no sólo incluía aprender cantonés —con mucha dificultad—, sino un sincretismo occidental que no existía en su ciudad natal, pues Hong Kong estaba bajo control inglés durante los 60 y ese idioma también era común. Wong Kar Wai no sólo creció medianamente alienado de la población de Hong Kong, sino que también estaba expuesto a la cultura occidental, a películas y música pop en inglés. Estos elementos consolidaron al director de cine que es hoy.

Su primer largometraje, As Tears Go By, es quizá el más convencional de todos, con una historia de gangsters y enredos amorosos al frente. Compartiendo nombre con un clásico de The Rolling Stones, Kar-Wai dejó sus sellos característicos desde temprano: brillantes luces incandescentes, iluminación específica a la escena y música popular. Particularmente notable, es una secuencia donde se escucha “Take My Breath Away”, original de Berlin y conocida como soundtrack de Top Gun, en un cover hecho por Sandy Lam, icónica intérprete de Hong Kong. As Tears Go By estrenó en 1988, a tan solo unos años de que saliera la original. Sin embargo, canciones fuera de contexto en situaciones emotivas se volvió una huella indeleble en el estilo de Wong Kar Wai.

Ninguna otra película estaría exenta de este estilo memorable. Su siguiente película, Days of Being Wild, sería otro ejemplo clave de pop mezclado con melancolía. Para este trabajo, Wai se orientó más al easy listening y jazz latino, mezclando un soundtrack con composiciones de Xavier Cugat (notables inclusiones son “Perfidia” y “Jungle Drums”) con un par de piezas de Los Indios Trabajaras, clásico dúo brasileño. En 1995 realizó Fallen Angels, que incluye cosas como Massive Attack (la primera canción que aparece es “Karmacoma”) así como una rendición a cappella de “Only You” compuesta por Vince Clark para su grupo Yazoo, misma que cierra la película en un kinetico montaje. Wong es experto en empalmar esas sensaciones opuestas, en hacer que tiernas canciones de amor se mezclen con secuencias violentas o reflexivas.

Pero su primer éxito internacional vendría con Chungking Express, un agridulce dramedy sobre amores perdidos y policías tristes. Wong Kar Wai no escatimó para esta singular película, donde la clásica “California Dreamin’” de The Mamas and the Papas aparece un total de ocho veces, acaparando casi 10 minutos de duración total en la película. Aparte de las secuencias inolvidables de Faye Wong bailando con esta pieza, esta actriz y cantante también interpretó un cover de “Dreams” de The Cranberries, sólo que esta versión fue producida por Robin Guthrie (antes miembro de Cocteau Twins). 

Otros éxitos emotivos siguieron a Chungking Express. Su largometraje Happy Together básicamente popularizó la versión de “Cucurrucucú Paloma” de Caetano Veloso, al grado que otros dos románticos cineastas la ocuparon en sus largometrajes (Pedro Almodovar y Barry Jenkins). No obstante ninguno superaría la película más aclamada de Wong Kar Wai: In the Mood for Love. Este nostálgico largometraje recrea Hong Kong durante los 60, justo la infancia de Wong Kar Wai, y la música es una callada pero apasionada mezcla de jazz, bolero y depresión romántica, principalmente evocando la música de Nat King Cole. Con una fotografía envidiable, empatado con un música que transpira estilo, In the Mood for Love es de las mejores experiencias cinematográficas del siglo XXI.

Pero lo más impresionante es inclusive que en sus esfuerzos no cinematográficos o débiles, Wong Kar Wai es especialista en combinar música y visuales. My Blueberry Nights es su primera película en inglés y quizá su producción menos popular; no obstante, está llena de música inolvidable, con clásicos cortes de Cat Power o Norah Jones. Por otro lado, DJ Shadow le pidió al director realizar un video para su canción más conocida: “Six Days”. Realizada a la par de su fotógrafo ce cabecera, Christopher Doyle, “Six Days” es prácticamente un cortometraje de Wong Kar Wai, con la excusa de que la música es sublime.

Despojado de su hogar desde pequeño, y forzado a vivir en un lugar donde sólo sentía alienación, Wong Kar Wai tomó la satisfacción inmediata de la música y la cultura popular (especialmente la occidental), y la combinó con la separación que uno puede sentir de sí mismo, de los demás y de su país. Por lo tanto, sus largometrajes no son exclusivamente chinos, sino una mezcolanza peculiar que refleja el lugar donde creció. Sus películas están fuertemente ligadas a la simbiosis de imagen y sonido, donde diferenciarlas es una labor no sólo inútil, sino imposible. Este director hace películas donde estilo y sustancia no son elementos separados donde uno vale más que otro, más bien son una sola cara inseparable, que estimulan la virtud de escuchar con los ojos y ver con los oídos.


 

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