El otro Cancún. La vida marginada en el polo turístico de México

El otro Cancún: bravo, marginado, irregular

Cancún es la niña de los ojos turquesa, el destino de playa que, antes de la pandemia, dejaba una derrama de más de seis mil millones de dólares. Pero tiene un rostro menos promocionado. Barrios grises, núcleos de población sobre propiedad privada, pública o ejidal que ha sido ocupada sin permisos ni servicios. Quienes habitan estos espacios sostienen la base más baja de la pirámide económica de esta ciudad.

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Por esta palapa diminuta y maltrecha, que habita Eugenia Chim Iuit desde hace cinco años, han pasado demasiadas cosas: varias tormentas, tres huracanes, quince robos, una violación sexual y un intento de homicidio, además del hambre, la marginación y el rezago social. Una palapa construida con columnas y trabes de madera, techos de lámina y paredes de pedacería, junto a una treintena de viviendas en la misma precariedad, es la realidad con la que se vive en los 213 asentamientos irregulares que se cuentan en el polo turístico más importante de México.

—Qué bueno que nos visita, nunca nadie viene. Dígame, ¿a qué viene?
—Cancún ha cumplido medio siglo. Estoy escribiendo, no de la zona hotelera, sino de las periferias.
—Ay, ¡pensé que era federal!, como viene todo de negro… —dice, medio en serio, medio en broma—. Pues dígame, ¿qué le puedo contar?

Cancún es la ciudad más nueva del país, con apenas 52 años de vida. A finales de los sesenta, cuando México padecía los estragos de un déficit comercial, un grupo de banqueros elaboró la propuesta de fundar una ciudad con vocación turística como una alternativa para captar divisas del extranjero. Una comitiva visitó varias locaciones hasta dar con una extensa lengüeta de tierra frente al mar Caribe que entonces era un pequeño pueblo cocotero. Ahí decidieron fundar “la primera ciudad integralmente planificada”. Una vez con la venia presidencial, se construyó el primer hotel, al que le siguió otro y otros tantos más que han colmado aquella fina franja de arena que ahora llamamos “zona hotelera” con más de cuarenta mil habitaciones, que recibían (hasta que irrumpió la pandemia) a seis millones de turistas anualmente y dejaban una derrama de más de seis mil millones de dólares.

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Vista aérea de la Zona Hotelera en Cancún en el estado de Quintana Roo.

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Gato

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