Masculinidad y redpill: ¿por qué algunos jóvenes se radicalizan?

Solitarios, enojados y asustados: ¿por qué algunos jóvenes se radicalizan?

La pandemia afectó la socialización de los jóvenes, empujándolos a diversas crisis de identidad que han sido aprovechadas por los algoritmos digitales para atraerlos a contenidos redpill de influencers que se asumen como autoridades en masculinidad. ¿Dónde se rompen las fronteras entre la autoayuda y el discurso de odio?

Tiempo de lectura: 23 minutos

Él está en medio del escenario. Un sillón grande. Una mesa baja. Una alfombra roja. Una pantalla grande que transmite y amplía. Camina, gesticula y habla con la confianza de un líder. Como en los videos que sube a TikTok, YouTube y Facebook, una gorra de ala plana negra cubre su cabeza afeitada y unas placas metálicas cuelgan de su cuello. Mientras el público guarda silencio, Temach insta a un adolescente vestido con traje y corbata para que cuente su historia —un intento de suicidio— al público. “Pero ¿qué te dijo?, ¿qué fue lo que te dijo tu papá?”, pregunta la voz amplificada por un micrófono inalámbrico. Ante la insistencia, el muchacho confiesa que su padre lo insultaba y lo consideraba un estorbo en su vida.

Los protagonistas de la historia, padre e hijo, miran a Temach desde sus asientos en la zona baja del Teatro Metropólitan. Entre lágrimas, ambos reciben el mensaje del gurú. Luego de varios minutos de sermón, el papá se compromete a “dejar de tomar”; el adolescente, a “ser comprensivo con la situación de su padre”. Sellan la reconciliación con un abrazo. El público aplaude y vitorea.

—Yo también intenté quitarme la vida —dice Alexis. Tiene diecinueve años. Lo conocí hace unos minutos en la fila de la zona alta del teatro.

Antes de comenzar el evento Alexis me contó que pudo asistir gracias a su trabajo como ayudante de mecánico en un taller de la alcaldía Álvaro Obregón. Es alto, muy delgado; con un lunar grande incrustado en la piel morena de su pómulo izquierdo. Habla rápido y las palabras se le tropiezan un poco cada tanto.

—Lo intenté más o menos como a esa edad, igual. Pero gracias a Dios no lo hice. Es de esas cosas que le agradeces al Temach, que te ayuda a salir adelante. Desde que lo conocí se han ido esos pensamientos que tenía. Me he enfocado en otras cosas.

—¿En qué cosas?

—En trabajar en mí, en construir al hombre que quiero ser —Alexis responde con emoción ansiosa.

No vino solo al evento. Lo acompaña A., su hermano menor. 

—Este güey tiene catorce años. Lo traje para que aprenda y no pase por lo mismo que pasé yo. Que no se atormente por las morras y que entienda que lo mejor es concentrarse en uno mismo, en el desarrollo propio. Es importante que sepa el valor de nuestra masculinidad.

La redpill

Sábado por la noche. Cientos de hombres están formados en la avenida Independencia, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, para entrar al Teatro Metropólitan. Es 9 de marzo de 2024, siete y media de la noche. En treinta minutos comenzará el espectáculo “Ellas aman a los cabrones”, de Temach, el gurú de internet; una especie de contestación al libro Por que los hombres aman a las cabronas (2002), de Sherry Argov, donde postula que a los hombres les atraen las mujeres fuertes e independientes.

Al caminar entre las personas que rodean el recinto, de inmediato se rompe mi primer prejuicio: hay mujeres que siguen a Temach. A mi lado una pareja heterosexual espera emocionada el inicio del show. Ambos visten elementos representativos del influencer: el hombre tiene puesta una gorra con el logo que forman una T y una E (o M); del cuello de la mujer cuelga una placa con el mismo logo. La pareja se toma una selfie, luego graban un video: “Para que nos sigan chingado de que esto es una secta”. Los dos ríen, irónicos.

No hay un grupo demográfico dominante en la entrada del Metropólitan: por la banqueta caminan hombres de todas las edades, y mujeres, especialmente jóvenes o madres que acompañan a sus hijos adolescentes. Converso un poco con Andrea, de veintisiete años, quien acudió sola.

—¿Qué te gusta del contenido de Temach?

—Da buenos consejos para las mujeres. Existe un prejuicio, sabes, de que es misógino y machista, y eso. Pero tiene el “Viernes de morras”, donde nos aconseja a nosotras y te hace entender un montón de cosas que no te dicen sobre los hombres.

Al día siguiente buscaré algunos de esos videos. “Los hombres y las mujeres somos diferentes. El hombre entre más se acerque al arquetipo, [entre] más atractivo es, mejor le va con las mujeres. Pero las mujeres entre más auténticas sean, entre más sea una experiencia que no se repite, entre más única sea, los batos se sienten más atraídos […]. Qué tipo de pareja estás atrayendo tiene que ver con dónde te estás colocando”, es uno de los consejos de Temach en el live del “Viernes de morras”, publicado el 2 de febrero en su canal de YouTube.

Sin haber escuchado todo esto en ese momento, le pregunto a Andrea qué ha aprendido en el canal.

—Me ha servido para darme cuenta de ciertas actitudes erróneas en las que he caído. He tenido la desgracia de salir con mucho patán y no me había dado cuenta de que eso era lo que me estaba atrayendo. Ahora estoy intentando cambiarlas para lograr atraer a otros tipos de hombres.

Frente a la entrada del Metropólitan tres puestos ambulantes venden mercancía: playeras, gorras, cadenas, sudaderas, posters, pulseras, todo con la imagen de Temach; excepto un producto. Es una playera negra, en la tela se reproduce una de las imágenes más icónicas de Matrix (1999), la película de las hermanas Wachowski. Esa escena donde el líder rebelde, Morfeo, le ofrece al protagonista de la historia, Neo, el poder elegir entre dos píldoras: la roja o la azul; la del conocimiento o la de la ignorancia.

La presencia de esta playera en un evento de Temach no es azarosa. Desde la segunda década del siglo veinte, la metáfora de la redpill —salir de la matrix, abrir los ojos a una supuesta realidad oculta— se convirtió en un símbolo de algunas comunidades virtuales de hombres donde se discuten cuestiones sobre masculinidad y la forma en cómo se relacionan con mujeres. Para estos grupos tomar la píldora roja es “comprender” que los hombres son oprimidos por la sociedad, por las mujeres, por el feminismo, por hombres con mejor estatus social y económico. Ellos son las víctimas.

Estos grupos virtuales de hombres surgieron a inicios del siglo, con la exposición de internet. Aunque con ligeras variaciones en su nivel de radicalidad, todos comparten la difusión de mensajes misóginos y el reforzamiento de estereotipos de género. En el artículo “La construcción del discurso de odio contra las mujeres por los participantes en espacios misóginos de una red social”, la académica Claudia Benassini Félix sintetiza así el actuar de estas comunidades: “se centran en la acción de base y el activismo digital para propagar sus causas […] se caracterizan por un discurso misógino y violento que recurre a la victimización como vía para legitimar su causa”.

La noche del influencer

Poco después de las ocho de la noche, Temach aparece en el escenario. La ovación es inmediata. “Vivan los compas”, gritan cada tanto en diferentes secciones del Metropólitan. Aplausos. Gritos: ¡Uhuhuhuh!. Un minuto de estruendo. Después de pedir que no se grabe el espectáculo, a excepción de la sesión de preguntas y respuestas, el influencer dice eufórico:

—Estamos más grandes que nunca. Estamos más fuertes que nunca. Somos una tribu bien grande.

La multitud responde con otro ¡Uhuhuhuh!

—A parte de todas las temachinas oscuras que les voy a enseñar hoy, también es importante que se conozcan.

—¡A huevo! —se escucha un grito entre los asistentes.

—Es importante que esto sea de verdad, que no se quede en las redes […]. La hermandad es de verdad, los que estamos aquí somos de verdad y es importante que nos conozcamos. Entonces, antes de empezar, vamos a darnos un minutito para saludar a mi compa que está a un lado, para saludar al que está al otro de nosotros. ¡Para que de verdad digan que somos una religión!

Otra ovación. Risas. Aplausos. Casi al mismo tiempo, todos nos levantamos de nuestros asientos y saludamos a las personas que estaban cerca. Luego de estrechar la mano de Alexis, otra persona se acerca:

—Andrés, mucho gusto.

Un dedo toca mi espalda.

—Hola, soy Luis. ¿Cómo te llamas compa?

—Compas, compas, qué tal mucho gusto —se escucha en la fila de atrás. Ese chico y yo estrechamos la mano, sonríe.

—Mucho gusto, soy L. —omito su nombre por lo que sucederá después esa noche.

Cuando regresamos a nuestros asientos y comienza el monólogo de Temach, Alexis dice:

—¿Cómo me dijiste que se llamaba en donde ibas a publicar esto?

Le digo el nombre de la revista.

—Pon esto. Pon todo esto. Cómo el Temach ha logrado ayudarnos y unirnos. Qué pinche comunidad tan chingona se ha creado, ¿no?

***

Antes de ser el gurú de muchos hombres solitarios de América Latina, Luis Castilleja, ahora renombrado como Temach, participó en obras de teatro y producciones televisivas como Caso Cerrado y la serie El señor de los cielos, con papeles menores.

“Estudié actuación, luego me di cuenta de que me cagaba que me dijeran qué hacer […]. Empecé a dirigir teatro, luego me fui a estudiar una maestría en cine allá, a Los Ángeles. Empecé a dirigir cine, empecé a trabajar en televisoras, empecé a hacer comerciales. Empecé a ver a la gente, a ver cómo nos educan de la televisión, cómo nos enseñan a trabajar pa’ las morras, a vivir pa’ las morras, a pagarle todo a las morras, cómo nos manipulan desde la televisión”, declaró en un pódcast con el también influencer Gusgri en enero de 2023.

Él mismo confiesa que antes de ser Temach, había intentado publicar otro tipo de contenido de internet, sin éxito: “estuve haciendo varias cosas, nada me pegaba, nada me funcionaba”.

En ese mismo pódcast, Luis habló sobre su familia y de cómo su contexto lo motivó a dedicarse a la mentoría de hombres: “Mi mamá es terapeuta, mi mamá siempre me ayudaba o me explicaba, me empujaba a entender por qué la gente hace lo que hace […], mi papá es comunicólogo […]. Tuve una abuela muy cabrona y unas tías muy cabronas que traían a los hombres de sus pendejos, y me decían ‘tú no vas a ser esto’, ‘a ti no te van agarrar así’”. A partir de este contexto, dice, adquirió el conocimiento del comportamiento masculino y en 2021 comenzó a hacer videos.

Como Luis Castilleja, todos los días cientos de coaches y gurús publican contenido en internet buscando adeptos a sus ideas. Para comprender este fenómeno, entrevisté al doctor Héctor Cerezo Huerta, psicoterapeuta y asesor en casos de abuso psicológico y persuasión coercitiva, doctor en Psicología educativa y del desarrollo por la UNAM, quien durante años ha estudiado y ha denunciado las prácticas del coaching coercitivo: “El coaching ha crecido y se ha vuelto muy popular por la creciente e imparable tendencia a individualizar los problemas sociales. De unos años a la fecha, los medios de comunicación, la cultura popular, el discurso de los políticos ha permeado y ha popularizado un mensaje de que todo se resuelve, incluso problemas sociales y estructurales, mediante un esfuerzo individual: eres pobre porque quieres; no tienes trabajo porque no buscas adecuadamente; no tienes pareja porque no conoces estrategias para seducir”.

Personajes como Temach, explica el doctor Cerezo Huerta, surgen como un fenómeno reaccionario al avance de las luchas feministas y su éxito radica en que el producto que se vende, “la mercancía, el objeto deseado que ofrece es intangible: porque es crecimiento personal, una supuesta masculinidad dominante, la posibilidad de mejorar tus relaciones, de ser un tipo seductor. Lo que él llama un macho alfa, dejar de ser un simp, no ser manipulado por una mujer”.

Quienes siguen y adoptan el discurso de este tipo de influencer están sujetos a subjetividades, porque después de todo, ¿qué es ser hombre?, ¿cuándo se es suficientemente hombre?, ¿cuándo se tiene o se lograr recuperar la masculinidad?

—Tiene un grupo de seguidores muy grande, y son muy fieles y realmente creen que le ayudan.

—Este personaje ha sido muy hábil, porque encontró un segmento de mercado importante: los hombres —explica Cerezo—. Dice que también tiene grupos para mujeres, pero su enfoque es, en específico, los hombres y su masculinidad. Y cualquier hombre tiene problemas con su masculinidad. Cualquiera, no importa el factor educativo, la familia funcional/disfuncional, el contexto social, generacional, ya con el hecho de ser hombre se tiene ese problema con su masculinidad. El hecho de ser hombre se asocia con ciertas variables neurobiológicas, económicas, genéticas, pero ante todo tenemos un gran peso cultural, histórico, social, y en ese terreno es donde este tipo se metió. Repito: sabe que los hombres tenemos problemas con nuestra masculinidad.

El ascenso de figuras como Temach se debe a lo atractivo que suena su mensaje para los jóvenes, pero ellos no son sus únicos seguidores. El doctor Cerezo Huera ha identificado que “el segmento de hombres que sigue a esta figura no es cualquier tipo de hombre y masculinidad. Es un hombre que, desgraciadamente, ha sido dañado en relaciones previas, en vínculos de pareja. Es un hombre que sigue en una masculinidad rígida y tradicional, que cree que existe una clara superioridad masculina y una subordinación femenina y que eso es natural, lo correcto”. También hombres solitarios, que se encuentran en situaciones vulnerables.

—Existe el temor de que se convierta en una secta, hay quienes dicen que ya lo es.

—Creo que todavía no se le puede catalogar como secta. Pero puede serlo en un futuro cercano. Me está preocupando lo que ha hecho recientemente: rituales de iniciación para sus seguidores, está creando una jerga con ciertos neologismos. Está la idea que tienen de cierta adoración al proceso de cambio, de convertirse en hombres alfas. Estos elementos, si se suman a otros, pueden llevar al nacimiento de un movimiento sectario.

Algoritmos radicales

Jorge cambió en marzo de 2020, con la llegada del confinamiento. Esa transformación no está vinculada directamente con el covid: ni él ni su mamá ni sus dos hermanos se infectaron. Tampoco hubo cambios económicos en su familia durante aquella época. Esa “evolución”, como lo llama, sucedió cuando los algoritmos de YouTube y TikTok lo condujeron al contenido redpill.

En ese entonces Jorge tenía 19 años, estudiaba el primer año de universidad en la UNAM, y una desesperada sensación de impotencia inundaba su día a día. Consideraba que algo se le estaba escapando.

“Quería salir, ir de fiesta, conocer morras; eso que se supone que haces en la universidad y que yo no estaba haciendo”, explica Jorge, que asegura nunca ha sido una persona atractiva ni sociable. “En ese tiempo era peor, porque era un siguemorrastresmil”.

Conversamos casi cuatro años después del inicio de su transformación, a finales de marzo de 2024, por videollamada. Nos conocimos en la fila del Metropólitan y aceptó conversar con la condición de que sea de manera virtual y no usar sus apellidos. La imagen que transmite la pantalla de la computadora muestra a un chico moreno, de rasgos muy afilados, huesudos, con lentes y cabello corto; su imagen no dura mucho tiempo porque desactiva la cámara a los pocos minutos. “Así me siento más cómodo”. En la virtualidad es más serio que en persona.

Desde su casa en el municipio de Nezahualcóyotl, Estado de México, explica que antes de conocer al Temach “era adicto a la validación femenina”. Lo que eso significa, explica, es que “estaba pensando en mujeres todo el tiempo: en cómo lograr conquistarlas, qué hacer para que se fijaran en mí. Siempre veía mis relaciones con mujeres de forma sexual o romántica. Nunca pensé en ellas como otra cosa. Por eso buscaba consejos de seducción. Fue mi punto más bajo, estaba muy frustrado”.

Con el tiempo libre que le otorgó el confinamiento, Jorge decidió hacer un cambio de hábitos; en ese momento pensó que si mejoraba su forma física, sería más atractivo para las mujeres y lograría relacionarse mejor con ellas. Se ejercitó y buscó consejos de seducción en YouTube hasta llegar al contenido redpill. Así conoció términos como ginocentrismo (teoría que postula que la sociedad está dominada por las mujeres) e hipergamia (teoría en la que se menciona que las mujeres solo buscan relacionarse con los hombres con mejor estatus económico y social). Ese conocimiento que parecía oculto a los hombres, se fue acumulando hasta que en los primeros meses de 2022 halló al Temach.

—Fue como si lo estuviera diciendo para mí. Temach fue quien se atrevió a hablar por lo que muchos estamos pasando. En sus videos habla de todos los problemas que yo tenía, y que creo que muchos hombres estamos pasando en la sociedad actual. Todo está ahí. También lo que tenemos que hacer. Eso es algo que me gusta mucho de su contenido es que es más claro, más directo, que otros creadores.

—¿Qué descubriste que tenías que hacer?

—Tenía que trabajar en mí. Lograr una mejor versión de mí mismo para mí; no cambiar para las morras. Ellas llegarán solas cuando logre mis objetivos. Y pues también me ayudó a entender que no todo era mi culpa, porque la sociedad actual beneficia solo a las mujeres. No importa cuánto te esfuerces, ellas tendrán prioridad en muchos aspectos.

Le pido a Jorge que me hable sobre esos beneficios:

—Pues es que es todo. Las leyes las benefician a ellas. La sociedad. Todo. El sistema. En cualquier lugar ellas tendrán prioridad; a ellas se les da todo, las ayudan en todo. Incluso los propios hombres priorizan a las mujeres. Si una mujer y tú estuvieran en peligro, en un incendio, no sé, y un hombre estuviera en la posibilidad de salvar a uno de los dos; no lo dudes, la salvaría a ella: solo por ser mujer. Es algo que se tiene que cambiar, los simps son un problema.

Simp [proviene de simpleto, aunque luego se adoptó el acrónimo Sucker Idolizing Mediocre Pussy] y mangina [acrónimo de man y vagina] son términos comunes dentro de estas comunidades para insultar a los hombres que piensan distinto a ellos; a los que consideran que priorizan a las mujeres sobre otros hombres. En nuestra charla de más de una hora, Jorge emplea el término simp para referirse a los hombres que atacan al Temach, los que se avergüenzan de ver su contenido, para los que no perciben a las feministas como un problema y para aquellos que consumen el contenido de plataformas como OnlyFans.

Aunque Jorge asegura que la sociedad beneficia a las mujeres, la realidad es otra. De acuerdo con el Inegi, en 2021, 70% de las mujeres mexicanas de 15 años y más han experimentado al menos un incidente de violencia, ya sea psicológica, económica, patrimonial, física, sexual o discriminación en al menos algún contexto a lo largo de su vida. También el 33% de niñas y adolescentes de 12 a 17 años que usaron internet, entre julio de 2021 y agosto de 2022, recibió fotos o videos de contenido sexual y al 32% de ellas le hicieron insinuaciones o propuestas de ese tipo. Según datos oficiales del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, en la incidencia delictiva del fuero común, de enero de 2015 a febrero de 2024 se han registrado en México 7 435 feminicidios.

Cuando le pregunto a Jorge sobre la violencia machista y las alarmantes cifras de feminicidio que existen en México, que la realidad de las mujeres implica vivir violencia a diario, dice: “Hasta en eso hay preferencia. Está mal que maten mujeres, nadie niega eso. Pero hay más homicidios de hombres y nadie hace nada; no existe una empatía, se burlan y dicen ‘se matan entre ellos’. No veo que nadie salga a marchar por nosotros, la muerte de un hombre no sale en las noticias. A nadie le interesamos. Hay más suicidios de hombres y nadie se alarma por eso. El Temach sí habla de esos temas”.

Nadie puede negar la falta de acceso a la atención de la salud mental en México y que esta crisis afecta más a los hombres. De acuerdo con el Inegi, en 2021, los hombres tenían una tasa de 10.9 suicidios por cada 100 mil (6 785) y la tasa para las mujeres es de 2.4 por cada 100 mil (1 552).

Ambas crisis no son excluyentes, ambas son dos problemáticas urgentes de atender, pero Jorge insiste que “los hombres no le importamos a nadie; la sociedad actual desprecia a los hombres”. Para solucionar esto considera que “debemos recuperar nuestra masculinidad. Biológicamente [aunque no mencionó ninguna fuente de esta aseveración] los hombres somos dominantes, debemos recuperar lo que es nuestro”.

La historia de Jorge no es un caso único; parece que es algo generacional. En diciembre de 2022 platiqué con Miguel, un chico que frecuentaba e interactuaba en grupos incels y se autodenominaba como uno. A pesar de su trato arisco, me comentó que su introducción a ese tipo contenido masculinista sucedió al inicio del confinamiento, gracias a las recomendaciones del algoritmo de YouTube después de ver videos sobre “técnicas de ligue” y “seducción de mujeres”.

Un par de likes en videos con rutinas de ejercicio o consejos para ligar y un adolescente solitario que buscaba un cambio físico y mejorar sus habilidades sociales es inundado con un contenido que reproduce estereotipos de género, que habla de recuperar una masculinidad fuerte y agresiva, de enfrentar al feminismo, el peor de los males, según algunos de estos gurús. Otros chicos me contaron experiencias similares a la de Jorge y Miguel.

Incluso parece que Temach es consciente de esta situación. En enero de 2023 habló en un pódcast sobre por qué comenzó a publicar contenido: “esta generación están cabrones porque estuvieron en covid, dos, tres años encerrados, sin conocer mujeres. Luego escuchan un chingo de pendejadas en internet, que pues se las creen ‘no, yo por ser hombre soy malo, esta idea de la misógina interiorizada’ […], traían una serie de dificultades que yo comencé a detectar y dije ‘les voy a hablar en TikTok, les voy a hablar a los morros’”.

Este fenómeno de radicalización a través de redes sociales ya es estudiado. En el texto “Sectarización en las plataformas: La influencia digital de la ultraderecha durante la pandemia”, la periodista y profesora de Comunicación de la Universidad de Deusto, Miren Gutiérrez, explica que “el extremismo se puede acentuar debido a un efecto de las plataformas llamado burbuja de filtro. Las burbujas de filtro llevan a un estado de aislamiento intelectual que resulta de las búsquedas de información online, dado que los algoritmos seleccionan qué contenidos mostrar sobre la base de los perfiles de los y las usuarias, sus preferencias y gustos, sus ubicaciones y el historial de sus comportamientos […] el algoritmo descarta aquella información que no coincide con los puntos de vista de la persona que hace la búsqueda, aislándola en una burbuja ideológica y reforzando la percepción de que sus ideas cuentan con consenso”.

Una de las plataformas que más fomentan la radicalización es YouTube. El estudio “Auditing radicalization pathways on YouTube” publicado en 2019 por académicos de universidades de Brasil y Suiza, expone que los usuarios de esta plataforma que consumen contenido sobre ideas de derecha tienden a migrar de contenidos suaves a otros más radicales.

También en 2019 The New York Times publicó un reportaje sobre el tema; la historia de un estadounidense veinteañero llamado Caleb Cain, quien se radicalizó a través del algoritmo de YouTube, cuando le recomendó videos sobre la extrema derecha, teorías conspiratorias, illuminatis, antifeminismo y racismo. Al ver estos contenidos, dice Caleb en el reportaje, sintió que descubría “verdades incómodas”.

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Pódcast: “Todo sobre mujeres y Machismo”. 2.8 Millones de visitas. Publicado en YouTube el 15 de enero de 2023. El influencer Gusgri le dice a Temach:

—No sé por qué siento que tú, a los veinte, sí eras medio celoso.

—Ah, no. Yo toda la vida he sido celoso.

—Me da esa impresión porque el hombre que siempre es educado entre mujeres, tiende a ser más celoso. Pero de esos celosos que te molesta lo que hizo tu novia hace cinco años, cuando todavía no la conocías.

—Pero a todos, ¿a ti te gusta una morra que trae un pinche historial de treinta y cinco batos?

—Pero yo siempre he creído que cuando tienes una figura paternal no es tanto.

—No, es biológico, a todos los hombres. Ese es el pedo, que nos enseñan que eso está mal, cuando en realidad al hombre nos atrae la mujer que es exclusiva, que sabes que es para ti.

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A comienzos de abril se anunció la participación de Temach en el programa “Debate 22”, del Canal 22; sin embargo, ante los cuestionamientos sobre dar voz a alguien con un discurso misógino, el canal anunció la cancelación del episodio titulado “¿Es misógino El Temach?”.

Cuando hablé con Jorge esto todavía no sucedía, pero ya se había cancelado la participación del gurú en otros pódcast y en redes sociales se viralizaban publicaciones que advertían del discurso misógino que había en su contenido.

Jorge considera que “lo critican y le tiran odio porque a las mujeres no les conviene que los hombres tengamos amor propio, para usarnos y manipularnos como ahora hacen. Es obvio que lo quieren censurar porque él sí se atreve a decir las cosas como son, no le tiene miedo a que lo cancelen los wokes”.

La idea de que ciertos discursos son rebeldes, transgresores y que se les censura porque expresan una “verdad” que incomoda, se ha convertido en algo común dentro de ciertos sectores de la “derecha alternativa”. El historiador Pablo Stefanoni, autor del libro ¿La rebeldía se volvió de derecha? (2021), explicó este fenómeno a Carlos Bravo Regidor en una entrevista para Gatopardo en 2022: “El progresismo se volvió un poco solemne, un poco aburrido, quizá un poco sectario, aunque yo no creo que sea en absoluto la “nueva Inquisición” […]. Creo que hay algo demasiado condenatorio en el progresismo que genera rechazo y las derechas se apropian de eso y construyen un mundo ficticio en el que la corrección política es una dictadura; toman algunas anécdotas para denunciar que ya no se puede hablar, que quien se anima es automáticamente cancelado, que estamos ante un 1984 progresista”.

Este tipo de discursos se encuentran en redes sociales como Facebook, en grupos como “El Temach Oficial” o “Fan del Temach del modo guerra”, donde hay publicaciones como esta: “En solo dos dias [sic] lograron quitarle la presencia en eventos importantes. ¿A qué le teme al feminismo? [sic] ¿A la liberación del hombre?”.

“Quieren cancelarlo”, dice Jorge, “pero la verdad es que su contenido es muy valioso. Todo lo que dice, sus consejos y anécdotas, son como si te lo dijera un hermano mayor, un papá o un amigo con más experiencia”.

Aunque su transformación no ha terminado, “aún me falta mucho para ser el hombre que quiero ser”, explica y considera que ya ha logrado mucho. “Ya no soy el mismo de hace unos años, ahora creo que soy un mejor hombre”.

Referentes identitarios

El fenómeno de la radicalización entre los hombres jóvenes tiene varias aristas, es muy complejo porque implica temas como salud mental, los algoritmos de las plataformas, la crisis de masculinidad que actualmente existe. Para intentar comprender mejor lo que sucede, conversé con Aldo Emmanuel Bravo, maestro en Estudios Políticos y Sociales por la UNAM. Algunas de sus líneas de investigación giran en torno a las masculinidades, los deportes, el cuerpo y las emociones. Aldo ha seguido el ascenso de gurús de la masculinidad como Temach:

“Personas como él explotan una sensación de soledad. Lo puedes ver en los comentarios de sus redes sociales, de YouTube. Sus seguidores más chavitos lo ven como un hermano mayor, como algo más que un gurú del ligue o como un consejero. Lo ven como el hermano que los escucha; a veces, incluso le dicen ‘padre’. He leído que le escriben cosas como ‘eres el padre que no tuve, que no me contó estas cosas’”.

Bravo comenta que ante la soledad que en nuestra época padecen específicamente los hombres, personajes como Temach se han convertido “en referentes identitarios”, y esto tiene que ver, quizá, con un vacío. “Si para muchas chavitas el feminismo ha constituido un repertorio de herramientas para construirse a sí mismas, si ellas tienen a sus amigas, los espacios de confidencias que han construido con sus amigas, la sororidad, entre otras cosas; los chicos no han logrado construir nada de eso. Y ante el vacío de referencias para las identidades masculinas, los discursos radicales llegan y llenan esos espacios”.

Además, dice, que para muchos chicos esos discursos radicales tienen sentido porque se les muestra enemigas concretas; en contenidos de este tipo, los gurús señalan a las mujeres y el feminismo como culpables de la soledad e infelicidad de los hombres. “Se sienten en una rebelión ante el avance del feminismo; se posicionan casi, casi en una guerra frontal contra el feminismo. Creen que la masculinidad es un fenómeno biológico que la sociedad ha adormecido, que la cultura y las mujeres y digamos de alguna manera, implícitamente dice la hegemonía del feminismo. Está adormeciendo, está debilitando y por lo tanto se tiene que despertar y eso se tiene que despertar siendo un macho alfa […]. Sienten que las mujeres están ganando un lugar que los amenaza. Es muy triste y muy peligroso que esa sea la lectura. Que en lugar de que la lectura sea ‘qué bueno que mis compañeras están luchando y llegando a un lugar, a una posición, donde tal vez se sientan mejor’; pero no, su lectura es ‘el feminismo va contra mí, eso me afecta’”.

Otro de los problemas que surgen con este tipo de personajes, es que no atienden a fondo la verdadera problemática: la crisis de masculinidad. “Los hombres no estamos logrando expresar de dónde vienen esos malestares que sentimos actualmente, lo intentamos encontrar en agentes concretos: no soy exitoso en el trabajo, no tengo el coche que quiero, que no soy lo suficientemente hombre para que una mujer me quiera. ¿Cuál es el problema de fondo?’, ¿qué provoca ese malestar?’ Son los mandatos de la masculinidad que nos hacen creer que no somos suficientes”.

Bravo imparte la materia Género y Masculinidades en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, de la UNAM. Al final de la conversación contó una anécdota: “Fíjate que ayer salió este tema en una clase. Uno de mis estudiantes me dijo que dio con El Temach porque durante la pandemia quería hacer ejercicio en casa y empezó a buscar videos y le aparecieron sus videos. Al parecer el algoritmo relaciona estas ondas del ejercicio físico con sus discursos”.

Recuperar la masculinidad

Misael asegura que Temach le salvó la vida: “No sé qué hubiera pasado si seguía así; sus videos me ayudaron como motivación”. Es mediados de abril de 2024, una tarde calurosa en la Ciudad Universitaria de la UNAM, al sur de la Ciudad de México. Misael tiene veintitrés años, es estudiante universitario y fiel seguidor del influencer. Intenta ver la mayoría de sus lives y comparte reels de su contenido a otros amigos a través de WhatsApp e Instagram; por supuesto, asistió al evento en el Metropólitan.

“El Temach me salvó de mi adicción al porno y a la masturbación”; así de contundente es su devoción.

Durante la charla, Misael confiesa que “era adicto, adicto. Me masturbaba hasta ocho o nueve veces al día. No siempre conté, pero seguro que hubo días donde fueron muchísimas más veces. No te voy a decir cuántas fueron en un solo día”. La primera vez que vio pornografía iba en sexto de primaria, tenía doce. Estaba en la casa de un primo mayor, de quince o dieciséis años. No recuerda cómo era el video, pero sí que “al principio no sabía qué pedo, pero luego sentí curiosidad”. Su segundo encuentro con el porno fue unos meses después, en la primaria, en uno de los últimos días del curso escolar. Un amigo tenía un video en su celular, lo vieron él y otros compañeros, reunidos en una de las esquinas del salón.

Su relación conflictiva con el porno inició meses después, ya en secundaria. Poco después de iniciar esa nueva etapa educativa, sus padres se divorciaron: su padre se fue de la casa y su mamá comenzó a trabajar a tiempo completo por falta de apoyo económico. Misael pasaba todas las tardes solo, en su cuarto, con una computadora que le habían regalado cuando salió de la primaria. “Desde entonces mi relación con el porno fue prácticamente a diario”, dice. No tenía otra cosa que hacer. Así pasó las tardes de los tres años de secundaria; luego otros cuatro, porque reprobó un curso, de la preparatoria en la UNAM. Pero la pandemia y el confinamiento agravaron el problema: “No tenía nada que hacer, me pasaba horas y horas con el celular”. Inevitablemente retornaba al ciclo.

Al final del confinamiento, Misael tomó mayor conciencia de su problema: “No sé si es porque ya salía un poco más, pero, por ejemplo, ya me daba cuenta de que si veía a una mujer atractiva en la calle o alguna foto medio erótica de alguna morra en internet, de inmediato lo asociaba con querer masturbarme. Tenía, tengo a veces, ese impulso”.

Estas compulsiones absorbieron el tiempo de sus otras actividades. “Muchas veces llegué tarde a clases porque me quedaba en mi cuarto haciéndolo; cuando estaba [la clase] en línea también lo llegué hacer”. Al sentirse preocupado por esta situación, a finales de 2021, siguió al NoFap, una comunidad de hombres en internet que promueve la abstención de la masturbación compulsiva y el consumo de pornografía. Ellos aseguran que esto ayuda a tener más energía, ser más sexuales, más viriles y masculinos. Busqué estudios científicos al respecto, pero no encontré ninguno que fuera concluyente ni que asegurara que esto fuera cierto. Sin embargo, a Misael le funcionó. “Cuando lo hago [el NoFap], me siento mejor. Mi mayor tiempo fue de nueve meses y sí era alguien totalmente diferente. Es cuestión de disciplina y autocontrol”.

Porque el aburrimiento y los constantes estímulos de internet lo hacen pensar en sexo y lo predisponen a consumir pornografía. Hay una serie de estrategias que pone en práctica y se pueden resumir como no estar demasiado tiempo solo en su cuarto y consumir contenido relacionado con estoicismo, crecimiento personal y rutinas de ejercicio.

Como es asiduo a ver cosas relacionadas al movimiento NoFap, el algoritmo de distintas redes sociales le recomendaba más contenido sobre el tema. A fin de 2022, le apareció un reel de YouTube publicado en septiembre de 2022. Ya había visto al tipo, un hombre de gorra y barba, Temach, pero no le interesaban tanto sus videos. “Las consecuencias del Porno en tu cerebro”, el título le pareció atractivo y le dio oportunidad al influencer que aseguraba: “Cuando usted ve porno hay algo que sucede dentro de su cabeza que le hace daño […]. Cuando usted se masturba un chingo, hay algo que le pasa a su cuerpo […] usted se está haciendo daño. Le va hacer daño en la vida, le va hacer daño relacionándose con las morras, le va hacer daño en su autoestima”.

—Entiendo por qué se le critica. Puede que tenga algunas cosas que sean algo radicales, pero creo que en general sus consejos ayudan y te motivan a trabajar en tu autoestima.

—¿Y esas cosas radicales de su discurso no son peligrosas?

—Entiendo que puede causar molestia que sea crítico con las mujeres, porque nadie se atreve a hacerlo. Quizá sí exagera un poco, pero me parece que es lo mismo que hacen las feministas cuando tachan a todos los hombres de violentos. Y nadie se atreve a criticarlas.

Misael cambia el tema. Él también me habla de un proceso, de una transformación. Así la resume: “Dejé de ser un bastardo débil y depresivo”.

—¿Qué aprendiste con los videos de Temach?

—Creo que con él entendí la importancia del autoestima, da consejos de amor propio a los hombres y eso falta en la sociedad actual: es necesario recuperar nuestra masculinidad, apoyarnos entre nosotros. Por supuesto, también, como te decía hace rato, lo de alejarnos del porno, porque el porno no te hace más hombre. Todo lo contrario, te nubla de la realidad. Te destruye.

—¿Pero sus ideas radicales no son peligrosas?

—Bueno, nunca ha incitado a golpear mujeres o tratarlas mal. Que algunos entiendan eso ya no depende de él. Un incel o un pinche loquito va entender lo que quiera, ¿no? Porque él mismo dice, por ejemplo, que no hay que hostigar a las morras que te rechazan, mejor aplicar su consejo “mándala a la verga, mi compa”. Creo que eso es algo positivo tanto para hombres como para mujeres.

***

—¡Arriba el patriarcado! —una mujer grita en medio del monólogo de Temach, seguido por risas y comentarios como “sí le sabe” y “¡A huevo!” que saturan el Metropólitan.

—Me da un chingo de gusto que sean revoltosas, que manden a la verga esas ideologías y que hagan lo que se les da su puta gana —Temach responde enérgico.

Durante la pausa que hay a la mitad del show, conversé con L., un chico de diecinueve años que vive y trabaja en uno de los municipios de la periferia de la Ciudad de México. La iluminación de las últimas filas alumbra un rostro redondo, moreno, con una barba naciente. Hace un año era un chico solitario y con problemas de autoestima. Pero luego de conocer a Temach en TikTok, asegura (como otros seguidores) que todo cambió para bien. “Comencé a hacer ejercicio, me hice más disciplinado. Dejé de darle importancia a las mujeres. Entendí que lo importante es trabajar en uno, todo lo demás viene después”.

Además, salir con mujeres en este momento, dice, no le parece viable porque su situación económica no es la mejor. “Y la mujer moderna es interesada, lamentablemente”.

***

—Primero que nada, mi compa, ¿cómo se llama usted y cuántos años tiene? —la voz de Temach resuena en todo el lugar.

—Diego, tengo dieciséis años.

Delgado, brackets, cabello largo, el adolescente que toma el micrófono y que inaugura la ronda de preguntas en el show tiene una voz aguda, suave; la dicción no es muy clara, se traba al hablar. Tartamudea. No se entiende con claridad lo que dice. La pantalla del escenario muestra a Diego que, con libreta en mano, interactúa con su ejemplo a seguir. Así nombra a Temach. De distintas zonas del lugar brotan comentarios:

“Habla fuerte, cabrón. Ni pareces hombre”.

“Quítate la pinche vocecita, puto”.

“Habla con huevos”.

“Nada más falta que te hagas trenzas, cabrón”.

“Habla bien. Pareces joto”.

Durante unos segundos todo se inunda de gritos y chiflidos. La solidaridad de los “compas” desaparece con los hombres que no cumplen con el estereotipo de masculinidad.

***

En la estación del metro Juárez, situada a unos metros del Teatro Metropólitan, un hombre que debe rondar los cincuenta años abraza a su hijo veinteañero. El joven habla, pero no escucho bien lo que dice; el hombre mayor le responde: “De nada, hijo. Yo también me divertí”. Se palmean la espalda y luego se quedan callados hasta que llega el metro.

En el andén, L. me explica por qué la sociedad actual quiere acabar con la masculinidad. Suena como si tuviera una misión: salvar a los hombres que conoce; salvarlos de la sociedad actual que, me explica fervoroso, quiere destruir a los hombres.

—Se nos quiere “feminizar”.

—¿Feminizar? —le pregunto.

—Sí. El feminismo y toda la cultura woke quieren hombres débiles, sumisos.

Las palabras de L. son ansiosas y dramáticas, pero también algo temerosas. Muchos hombres se asustan ante las luchas por los derechos de las mujeres y de las disidencias sexuales. Esto puede ser peligroso, porque a nadie le gusta sentir miedo. El problema va más allá de Temach; porque sí, él aprovecha el miedo de miles de hombres, los enfurece e incita y redirige su furia hacia las mujeres. Es peligroso, pero si no hubiera sido él, habría sido otro el que se aprovechara de la polarización que se ha implantado en nuestras vidas. 

Aunque mañana Temach dejara de publicar, llegaría alguien más para instigar ese odio y radicalización: ya están ahí, implantados en muchos jóvenes. No parece que esto vaya a cambiar pronto. Esto va a continuar, pienso al escuchar a L.

—¿En serio?, ¿pero cuál es el objetivo de esa feminización?

—Para poder manipularnos más fácil. Eso es lo que busca el feminismo: acabar con la masculinidad. A las mujeres les conviene que todos los hombres seamos simps, tenernos, controlarnos, que nada más estemos buscando su aprobación.

Proteger la masculinidad. La masculinidad real. A la que él aspira. Fuerte. Agresiva. Poderosa. Esa es la magnitud de su tarea. Así la siente. Y parece dispuesto a cumplirla.

 


JAIR ORTEGA DE LA SANCHA. Reportero de Gatopardo. Premio Punto de Partida 2021 en la categoría Cuento y ganador del XIV Concurso Nacional de Narrativa Elena Poniatowska. Obtuvo mención honorífica en el Premio Punto de Partida 2022 en la categoría Minificción y en el Premio Roche de Periodismo en Salud 2022.

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