Ser un incel latinoamericano: soledad, miedo y misoginia

Los incels creen que tienen el monopolio del rechazo amoroso

Si bien la comunidad incel empezó en países de habla inglesa, en América Latina también hay grupos de “célibes involuntarios”; aunque predominan los jóvenes, también hay usuarios que aseguran tener cuarenta o cincuenta años. Gatopardo entrevistó a dos de ellos, un creador de contenido y un mexicano. La misoginia, el miedo y la soledad caracterizan a estos grupos que también existen en redes sociales típicas como Facebook.

Tiempo de lectura: 16 minutos

“Nunca he tenido una novia, nunca le he interesado a una mujer”, dice Miguel (quien pidió no publicar sus apellidos), serio, antes de darle otra mordida a su hamburguesa Big Krunch. Es el primer miércoles de diciembre de 2022 y Miguel ha aceptado platicar con Gatopardo en una sucursal de KFC en Mixcoac, Ciudad de México. Miguel ha vivido los diecinueve años de su vida en esta ciudad, y lo que acaba de decir es la razón por la cual él se considera un incel (involuntary celibate o célibe involuntario).

Mientras mastica los restos de su hamburguesa, Miguel limpia la grasa de sus dedos huesudos con la servilleta café del restaurante. Los lentes rectangulares se ajustan casi exactos a sus ojos pequeños. Toma refresco, se frota sus brazos pálidos y lampiños. Miguel confiesa que descubrió que era un incel en 2020, durante los primeros meses del confinamiento por la pandemia de Covid-19, luego de haberse encontrado con contenido relacionado al tema en YouTube.

Él en realidad buscaba otro tipo de videos. Quería aprender a relacionarse con mujeres, por lo que buscaba consejos para conseguirlo, tips sobre qué decir, cómo comportarse. Buscó también qué ropa luciría mejor en su cuerpo delgado, encontró ejercicios para mejorar la postura. El algoritmo empezó a recomendarle contenido relacionado con “hombres de alto valor”, “mujeres de alto valor”, “hombres alfa”, “hombres sigma”. Lo que veía ahí frustraba a Miguel; “los consejos no eran aplicables para mí”, explica.

Un día aparecieron. “No, no podría decirte”, dice Miguel. No recuerda cuál fue el primero que vio, porque ese día vio muchos parecidos. Eran testimonios de jóvenes y llevaban títulos como “Nadie se ha enamorado de mí”, “Nunca tuve ese amor de adolescencia”, “Nunca conseguiré novia porque soy feo y pobre”. “Ahí me di cuenta de que no era el único que vivía lo mismo. Me sentía identificado con sus videos”, recuerda.

No es complicado encontrarlos: basta con entrar en YouTube, escribir “1nc3l” y saldrán videos parecidos a los que vio Miguel hace casi tres años. A veces distorsionada, a veces loquendo, a veces real, siempre es una voz que conversa sobre sus dificultades para relacionarse con mujeres.

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Si tuviera que describirse con pocas palabras, estas serían: soledad, miedo, misoginia y odio, mucho odio. Lo que une a estos hombres es la idea de que las relaciones afectivas y sexuales con las mujeres están fuera de sus posibilidades, ya sea por su físico, por alguna enfermedad que padecen o por su estatus socioeconómico. La mayoría son jóvenes, pero igual es posible encontrar en los grupos de Facebook miembros que aseguran tener cuarenta o cincuenta años. Hace tan solo unos días, alguien escribió en un grupo de esta red social: “Tengo treinta años sin tener relaciones sexuales con una mujer, en toda mi vida he tenido sexo con mujeres prostitutas cuatro o cinco veces cuando era joven, ahora tengo 59 años y sin ningún motivo para seguir viviendo, denme un consejo por favor, lo aceptaré con [sic] sea duro o suave…”. Luego de revisar los perfiles de estos hombres se comprueba que son reales, fueron creados hace años, comparten su vida a través de publicaciones y fotografías, reciben saludos y felicitaciones de sus familias. Fuera de los grupos, en sus perfiles no suelen compartir cosas relacionadas con los incels, aunque sí es común el tipo de publicaciones en las que llaman “vándalas” a las feministas que optan por la acción directa en las manifestaciones u otras en las que se habla de la pérdida de valores en las generaciones actuales.

Al observar la convivencia en estos grupos virtuales, se podrá advertir que su actividad se divide en dos tipos de publicaciones: en unas se habla de consejos para mejorar el aspecto físico (o pedir opiniones sobre el mismo), de inquietudes para afrontar ciertos problemas como, por ejemplo, la adicción a la pornografía (este es un tema polémico dentro de la comunidad incel, muchos la consideran su refugio, pero hay quienes siguen el NoFap, que consiste en evitar la pornografía y la masturbación compulsiva); en las otras, se comparten experiencias de rechazo o mensajes de odio en contra de quienes han causado tanta infelicidad en ellos (no solo mujeres, también hombres que les han hecho bullying). En casi todos los grupos que se han monitoreado para este texto predominan estas últimas.

Los célibes involuntarios se reúnen en línea para reclamar lo que algunos de ellos consideran un “derecho natural”: tener sexo con mujeres. “Nos ha negado el derecho a tener una novia, el derecho de tener sexo…”, comienza una publicación de un grupo privado en Facebook.

Acusan a las mujeres (varios usan el término feminoids, acrónimo deshumanizador creado a partir del inglés female y humanoids) de ser las principales culpables del sufrimiento del célibe involuntario, pues son ellas quienes deciden no establecer relaciones sexo-afectivas con ellos. ¿Por qué? Para los incels la respuesta es sencilla: porque a las mujeres solo les interesa tener sexo con los Chad (hombres que encarnan los ideales físicos de la masculinidad hegemónica, aquellos que tienen una genética superior). “Ilucionarse con chicas es el peor error que un incel puede cometer! Ellas no valoran los sentimientos ellas Solo el físico, todas sin excepción [sic]”, puede leerse en una publicación que se hizo en un grupo público de Facebook hace unas semanas.

En la retórica del incel, existen dos tipos de mujeres y se usan términos despectivos para clasificarlas: hay Stacys (quienes encarnan los ideales físicos de la feminidad hegemónica, una especie de caricatura de la mujer rubia hermosa y sin inteligencia) y hay Beckys (mujeres que los incels no consideran atractivas), y ambas están interesadas únicamente en los hombres Chads. No conciben que existan femcels, célibes involuntarias mujeres, pues aseguran que siempre habrá un hombre dispuesto a salir con ellas. El incel tienen el monopolio del rechazo amoroso.

La vida infeliz de los incels se debe también a los hombres, a los otros, a los diferentes a ellos. A estos los clasifican como normie (manera despectiva de llamar a un hombre “normal”, aquel que no es célibe contra su voluntad ni un Chad), simp o mangina (ambos términos despectivos para referir a hombres que “defienden” a las mujeres o que buscan validación femenina, el primero proviene de simpleton y luego adoptó el acrónimo Sucker Idolizing Mediocre Pussy, y el segundo es un acrónimo del inglés, man y vagina), fakecel (aquel que se dice incel pero sí ha establecido relaciones de cualquier tipo con mujeres, y de ahí se forma otro acrónimo, fake incel) y los Chads.

Todo este vocabulario (misógino, violento) e imaginario colectivo se fue creando con los años. Desde la década pasada, la comunidad de célibes involuntarios se ha desarrollado en foros virtuales como 4chan y Reddit (en donde la palabra ya ha sido prohibida y se han cerrado los subreddits r/Incels y r/braincels). En un principio estos grupos virtuales estaban integrados en su mayoría por jóvenes estadounidenses blancos, pero eso ha cambiado, pues, si bien nació como una subcultura de habla inglesa, los jóvenes latinoamericanos no tardaron en formar comunidades similares y, como consecuencia, empezaron a expandirse hacia redes sociales más convencionales como Facebook y Twitter y plataformas como Tiktok y YouTube.

A diferencia de la comunidad fundadora, la hispanoamericana no es tan grande en números. Los grupos de incels latinoamericanos no suelen pasar de los dos mil integrantes, en muchos casos un mismo perfil participa de forma activa en diferentes grupos; el rango de miembros por grupo está entre los ciento cincuenta y los mil en Facebook, considerablemente más que en WhatsApp y Discord, donde no pasan de doscientos.

No es complicado que un adolescente acceda a estas comunidades, en realidad, pareciera que los propios mecanismos de internet lo facilitan. Eli Pariser, autor de El filtro burbuja: Cómo la web decide lo que leemos y lo que pensamos, ha comentado que en internet “se está produciendo un bucle en el que si tienes un interés, vas a aprender mucho sobre ese interés. Pero no vas a aprender sobre lo siguiente. Y ciertamente no aprenderás sobre el punto de vista opuesto…”. Las historias de muchos de los chicos que conforman estos grupos son muy parecidas no solo en la marginalidad que han sufrido, sino también en la manera en cómo se adentran a esta subcultura virtual: un par de likes en páginas de Facebook o en videos de YouTube con una temática de consejos para ligar o sobre hombres de “alto valor”, y poco a poco se van adentrando en lo que se ha nombrado la manosfera, “un universo por internet de foros, webs, blogs, canales de YouTube y perfiles en redes marcados por la defensa de una masculinidad cargada de misoginia que se siente amenazada por el sistema, las mujeres y, sobre todo, el feminismo”, así lo describe la periodista española Patricia Gosálvez. Es prudente preguntarse cuántos adolescentes solitarios no han estado a un clic de “descubrirse” incels.

En el libro La expulsión de lo distinto, el filósofo surcoreano Byung-Chul Han comenta que “la interconexión digital total y la comunicación total no facilitan el encuentro con otros. Más bien sirven para encontrar personas iguales y que piensan igual, haciéndonos pasar de largo ante los desconocidos y quienes son distintos, y se encargan de que nuestro horizonte de experiencias se vuelva cada vez más estrecho. Nos enredan en un inacabable bucle del yo y, en último término, nos llevan a una autopropaganda que nos adoctrina con nuestras propias nociones”. Estas líneas definen lo que ocurre con esta comunidad. Como muchos otros grupos extremistas, a los incels no les interesa el otro, ya que lo consideran el enemigo, el o la culpable de alterar el mundo que pensaban para ellos. Por ese odio a las mujeres, que les “niegan” lo que consideran un derecho, ellos consideran que son las únicas víctimas, aunque todos los días las mujeres sufran la violencia machista, aunque todos los días haya mujeres asesinadas por hombres. Muchos incels no empatizan ni siquiera con otros hombres, a quienes se refieren solo de manera despectiva.

Y como no les interesa nadie que no sean ellos, estos hombres buscan espacios que se adapten a sus creencias e ideales, todo lo demás parece que les es hostil, falso. Estos espacios son su refugio. Quizá más que eso. Quien se adentre en estos foros podrá darse cuenta de que estas comunidades dan a los jóvenes algo que no encuentran en otro lado: consuelo, aceptación y, a veces, la promesa de un cambio o de una venganza.

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“Tengo veintidós años y sigo siendo virgen. Nunca he besado a una chica”. 22 de mayo de 2014. El sol de la tarde ilumina su rostro de mandíbulas definidas. “Ustedes me negaron una vida feliz”, continúa diciendo Elliot Rodger a la pantalla de su teléfono celular. Sentado frente al volante de su automóvil, Elliot habla de su odio a las mujeres por no corresponderle, habla también de castigos y del “día de la Retribución”. En algún momento de los seis minutos y cincuenta y cinco segundos del video se llama a sí mismo “el caballero supremo”.

Elliot Rodger’s Retribution es el título del video que Rodger subió a YouTube un día antes de que, el 23 de mayo de 2014, asesinara a tiros y puñaladas a seis personas —e hiriera a otras catorce— en las inmediaciones de la Universidad de Santa Bárbara, California, Estados Unidos. Ese mismo día, luego del atentado, Elliot se suicidaría disparándose en la cabeza.

La noticia de la masacre se viralizó de inmediato y la palabra incel salió del submundo de internet en el que había estado hasta entonces. Casi a la misma velocidad se difundió el manifiesto de Elliot Rodger, My Twisted World, documento en el que narra su vida y culpa a la humanidad y, en especial, a las mujeres de su infelicidad y sufrimiento.

“La humanidad… Todo mi sufrimiento en este mundo ha sido a manos de la humanidad, particularmente las mujeres”, se lee en la introducción del texto.  Elliot se convirtió en un mártir —y sobre todo en un profeta— para los suyos; aquel que profesaba el “día de la Retribución”, el glorioso día en que los incels se vengarían de todas y todos los que “provocaron” que sus vidas fueran sufrimiento, soledad.

Y muchos escucharon, y muchos creyeron. Uno de ellos fue Alek Minassian: el 23 de abril de 2018, a sus veinticinco años, asesinó a diez personas e hirió a otras dieciséis atropellándolas con una furgoneta, en Toronto, Canadá. Antes de realizar el atentado, Alek escribió en Facebook: “El soldado (recluta) de infantería Minassian 00010 desea hablar con el sargento 4chan, por favor. C23249161. ¡La rebelión de los incels ya ha comenzado! Derrocaremos a todos los Chads y Stacys. ¡Saluden todos al supremo caballero Elliot Rodger!”.

Existe también un caso en América Latina. El 13 de marzo de 2019, Guilherme Taucci Monteiro y Luiz Henrique de Castro, de diecisiete y veinticinco años, armados con un revólver, una ballesta, un arco y un hacha, asesinaron a ocho personas en la escuela estatal Professor Raul Brasil, en el municipio de Suzano, en la región metropolitana de São Paulo.

Hace casi dos años sucedió el primer caso en Europa. El 12 de agosto de 2021, Jake Davison, de veintidós años, asesinó a cinco personas en Plymouth, Reino Unido. Como todos los anteriores, se encontró que Jake había participado en grupos de incels.

La figura del asesino masivo Elliot Rodger sigue causando admiración; hace unos días, el 5 de enero de 2023, un usuario muy participativo en distintos grupos compartió un Tiktok en el que se le rendía “tributo”. En el breve homenaje hay unos segundos del último video de Rodger, una parte en la que su voz dice: “Todo tenía que llegar a esto. Mañana es el día de la Retribución”; y luego, acompañadas con fotografías e ilustraciones de Elliot, aparecen y desaparecen, de manera vertiginosa, la palabra Supreme y la frase Time to revenge.

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Los gringos están locos y tienen armas. Allá se matan por todo”, dice Miguel sobre los asesinatos masivos realizados por célibes involuntarios. “Pensar que todos los incels son peligrosos es un prejuicio. Habrá gente buena y gente mala, como en todo. En el futbol, por ejemplo, ahí luego se andan matando y no por eso todos los fanáticos del futbol son asesinos, ¿verdad?”.
Miguel toma de su refresco, come algunas papas a la francesa, cambia el tema.

“Algo de lo que no me has preguntado es cómo sufre un incel acá, porque yo creo que es un poco distinto.”

Mientras habla, Miguel se limpia otra vez los dedos, ahora con una servilleta nueva.

“En Latinoamérica, creo, además del físico, como que sí influye mucho más el dinero. Algunas son capaces de andar con hombres feos por dinero. Y no me refiero a viejos, tengo un conocido de mi edad que es feo pero ha conseguido salir con chicas porque su familia es de dinero. Igual solo lo utilizan, nadie quiere nada serio con él, siempre lo dejan cuando se consiguen alguien mejor”, dice y se pone a revisar su celular. Después de un silencio incómodo, encuentra lo que buscaba y lo muestra. Sube el brillo de la pantalla para que pueda leer bien, es una publicación en un grupo de Facebook: “Las mujeres dicen que nadie nos pela por misóginos, pero la verdad es que ninguna mujer saldrá con nosotros porque antes de conocernos nos discriminan por nuestros rostros, peor aún cuando eres pobre, porque ellas andar [sic] con feos pero solo si son proveedores.”

El problema para él, y para otros incels, comenta, es que aunque logre ser un “proveedor” y, por ello, consiga pareja, “siempre se va correr el riesgo que nos deje cuando encuentre uno menos feo o que seas un cuck” (cornudo, alguien que es engañado).

“No es algo que me invento”, dice Miguel. “Así son ellas. Hay algo que se llama hipergamia”.

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“Como todo joven inexperto tratando de buscar respuestas a las cosas que me estaban sucediendo (el porqué del rechazo de las mujeres, bullying escolar, problemas en tu familia, etc.) yo me ‘enganché’ al contenido de los ‘artistas de seducción’ porque veía que tenía defectos que corregir (eso creía antes, ahora pienso que fue un error), yo sufrí de timidez, soy un hombre de pocas palabras, no me interesaba vestir a la moda ni ir a fiestas o rumbas, no me gusta el licor ni las drogas; en ese punto siempre cuestioné lo que los PUAS [Pick Up Artist/artistas de la seducción] daban como consejos para ligar, para mí no tenía sentido lo que ellos hablaban. Cuando en uno de esos videos hablaron sobre la filosofía MGTOW (Men Going Their Own Way / Hombres que siguen su propio camino) [sic]”.

Descubrir el MGTOW (un movimiento creado por hombres que evitan relacionarse de cualquier manera con mujeres) cambió a LSV, el hombre que ha escrito el párrafo anterior y quien ha aceptado mantener comunicación con Gatopardo a través de correo electrónico con la condición de no revelar su identidad. LSV tiene veintisiete años y en sus tiempos libres es creador de temáticas incels y MGTWO (este movimiento no solo lo integran incels, otros hombres también se han adherido). Para él, aprender acerca de los célibes involuntarios fue revelador:

“Tuve como una ‘epifanía’, en cada artículo, video, publicación; sentí que estuvieran hablando de mi vida personal y lo más importante que encontré fue la investigación sobre los temas que las feministas y artistas de seducción critican tanto.”

Esos temas a los que se refiere pueden englobarse en el concepto red pill.

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“Y es que cuando comienzas a consumir ese contenido abres los ojos en muchos aspectos, te das cuenta que estuviste equivocado en muchos conceptos, en muchas ideas, en muchas acciones”, dice Miguel y apenas comienza a hablar de las “píldoras”, el tono de su voz se vuelve condescendiente, se refuerza con la seguridad del que muestra al ignorante lo desconocido.

“La black pill es descubrir que tu apariencia es lo único que importa, que todo está determinado por nuestro físico. No solo con las mujeres, sino en la sociedad en general”, dice Miguel.

Hay todo un asunto con las píldoras de la película Matrix (escrita y dirigida por las hermanas Lilly y Lana Wachowski, aunque esto no suele mencionarse en los grupos). La comunidad incel ha adoptado el concepto dentro de su cosmovisión: el término píldora azul se emplea para etiquetar a los hombres que se niegan a ver la realidad y siguen bajo la opresión del yugo femenino; en cambio, la píldora roja agrupa una serie de conocimientos que descubre el célibe involuntario. Entre otras cosas, algo que Miguel contó hace unos minutos: la hipergamia femenina. Así lo explicó: “Las mujeres están condicionadas biológicamente a buscar relacionarse con hombres de mejor condición social y económica que la suya”.

Los conceptos de píldora roja y de píldora negra funcionan para clasificar todas las verdades que se han mantenido ocultas a los hombres. La roja se vincula con temas de actitud y de personalidad, la píldora negra se relaciona con el aspecto físico. Al preguntarle más del tema de las píldoras, Miguel responde: “La red pill ayuda a conocer cómo son las mujeres en realidad”, luego dice “la black pill se podría decir que es el siguiente paso”.

Orgulloso, cuenta que en los últimos dos años ha estudiado del tema en blogs y videos. Miguel se restriega los dedos en las palmas de sus manos, parece un poco ansioso. Ya ha terminado de comer. En la jerarquía, según explica, alguien que elige la píldora negra es superior a quien elige la roja. Él lo hizo. Ahora ha ascendido de un red piller a un black piller. Y está feliz por eso. Es feliz de saber lo que la mayoría de los hombres desconoce. Casi es palpable su convicción cuando dice:

“La black pill es una filosofía de vida. Una vez que la tomas, ya no vueles a ser el mismo”.

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“Sentí como [sic] todo lo que yo creía y lo que era antes se fue destruyendo, sentí al principio rabia e ira, y después de ver muchos casos de hombres que se suicidaron, perdieron sus bienes por culpa del divorcio, infidelidades femeninas, casos de falsa paternidad, hombres que fueron abandonados a su suerte por una enfermedad o condición de discapacidad, vi una realidad que no le cuentan a la mayoría de los hombres”, esto, escribe LSV, fue lo que pasó cuando tomó la red pill. Tenía que compartirlo, dice, a otros hombres, y decidió hacerlo a través de YouTube. “Trato cada vez que hago un video que sea mejor, en cuanto a mi forma de explicar el tema, luchando con los problemas anteriores como la timidez, o la poca expresión [sic].”

Su objetivo es hablar sobre los temas que lo inquietan, temas que considera que cualquier hombre debería conocer; lo que transmite es su experiencia personal, él mismo advierte que no es “psicólogo ni orador ni nada por el estilo, [pero] en este canal espero poder ayudar a las personas que han sufrido soledad forzada y que son célibes involuntarios”. Dice que no quiere que otros pasen por lo mismo que él, y en un correo electrónico explica que no quiere que más hombres sean engañados con las falsas esperanzas de los gurús de la seducción:

“Encontré foros en internet y en canales de YouTube que trataban de estos temas INCEL / TFL en los cuales me sentí muy identificado por las experiencias que tuve (Rechazo, acoso, problemas de inseguridad, y el más importante para mi [sic] la presión social). Allí llegué a la conclusión de que era un INCEL (Célibe involuntario). Junto con la Redpill [sic] y la blackpill me hicieron aceptar la realidad de mi situación y sabía que esto no me lo decían los artistas de seducción, los motivadores, ahí fue cuando descubrí que son unos estafadores que ilusionan a los hombres.”

LSV advierte que a los artistas de la seducción no les interesa ayudar a los hombres, el contenido que hacen es para obtener ganancias:

“Estos contenidos no dan soluciones certeras para los hombres como nosotros los INCEL. En mi opinión, pienso que conocer una verdad cruel es mejor que millones de mentiras para hacerte sentir mejor. A estos estafadores no les importa ayudar a los hombres, solo quieren que les compren su curso, libro, vender su coaching motivacional y estos incautos seguirán buscando más, y más, y más, consumiendo más y no avanzarán en sus vidas imperfectas.”

Por eso ahora es él quien ofrece el conocimiento que ha adquirido, pues “los hombres que pasan por esta situación no tienen ayuda como si [sic] lo tienen las mujeres, si un hombre dice que pasa por esta situación será objeto de humillación y críticas. Por eso hice este canal, dando mi opinión personal sobre ser INCEL O TFL (True Forced Loneliness / Verdadera soledad forzada), tratando de cambiar ese discurso de que un ‘hombre virgen’ puede ser criminal o un asesino.”

Insiste en esto último: “los casos de Estados Unidos como el de Elliot Rodger, que es el más sonado en mí país, creo que es uno de tantos casos radicales que llegan al extremo por culpa de la ‘presión social’ y la falta de apoyo por parte de un profesional. Pero aquí, y en el mundo de las redes sociales, lo han transformado convirtiéndolo en el grupo INCEL de asesinos y criminales. De parte mía no estoy de acuerdo con esa definición y como hombre INCEL acepté mi situación sin odio ni rencor a las mujeres y la sociedad, solo quise buscar respuestas a mi vida personal y creo que muchos hombres también están en esta lucha diaria”. LSV comenta que no odia a las mujeres, pero deja claro que está en contra “del feminismo radical que quiere ‘invisibilizar’ los problemas masculinos, del tradicionalismo del matrimonio, de ser un ‘caballero’ para las mujeres (hacer cosas que benefician a las mujeres sin recibir nada a cambio, ejemplo: aprender a ligar, estar a disposición de la mujer cuándo lo necesita)”.

Su rostro no aparece en los videos. El contenido de su canal consiste en una voz de acento colombiano que durante veinte, catorce, quince o siete minutos, dependiendo del tema y su disponibilidad, conversa de diferentes asuntos. Desde el peligro de las denuncias falsas hasta la sobrevaloración del sexo, pasando por la adicción a la pornografía y el movimiento MOGTW. Entre los consejos que más repite están hacer ejercicio físico, crear rutinas saludables y evitar relacionarse con mujeres.

“Seguiré tratando de exponer los problemas que sufrimos los hombres desde mi perspectiva, seguiré apoyando la filosofía MOGTW, porque para mí es una filosofía que te ayuda en salir adelante, en enfocarte en ti, en ser un hombre que conoce la realidad del mundo”, dice LSV en un video que subió hace unas semanas para celebrar el primer aniversario de su canal.

“Gracias a todo lo que he aprendido pude ver lo confundido y perdido que estaba, hubiera querido aprender esto antes de que un amigo se quitara la vida; hubiera podido ayudarlo con todo esto que he aprendido”, confiesa en un correo electrónico. “Ahora que no está no quiero que otro hombre pase por lo mismo que mi amigo. La vida es lo más preciado que un ser humano puede tener y no puedes desperdiciarla por otra persona. Siento que puedo ayudar a otros hombres en la misma situación.”

LSV me escribe que lo que intenta es salvar vidas.

“La Redpill, MGTOW, incluso la Blackpill, salva vidas de muchos hombres, salvó la mía.”

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El término incel no nació para nombrar a un grupo de jóvenes que se reúne en foros de internet para vomitar su misoginia, no; como muchas otras cosas que se han convertido en símbolos de odio dentro de internet (Pepe the frog es ejemplo de ello), en un principio era algo inofensivo.

Según distintos medios de comunicación, su origen proviene de un blog creado en la década de los noventa llamado “Proyecto de celibato involuntario de Alana”. La mujer que escribía este blog, oriunda de Toronto, Canadá, ha declarado que “intentaba crear un movimiento abierto a todo el mundo”. Alana compartía en ese blog sus dificultades para establecer relaciones amorosas y el sitio no tardó en transformase en un foro en que hombres y mujeres hablaban de su soledad.

“No era un sitio en donde los chicos culpaban a las mujeres de sus problemas. Eso es algo bastante triste que está ocurriendo ahora. Las cosas han cambiado en los últimos veinte años”, dijo Alana a la BBC en 2018. A principios de los 2000 Alana dejó el blog sin imaginar lo que sucedería años después. En la entrevista a la BBC comentó que: “La palabra incel intentaba nombrar a cualquier persona, sin importar su género, que se sintiera sola, que nunca hubiera tenido sexo o que no hubiera estado en una relación en mucho tiempo. Pero ya no podemos usarla más”.


N. de la E.: Gatopardo mantuvo la manera de hablar y escribir de los incels sin corregir ningún aspecto de su gramática.

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