El sueño de la primera D del futbol argentino - Gatopardo

Ser campeones: el sueño del fútbol amateur

Seis décadas atrapados en el sótano de una industria multimillonaria, los jugadores del equipo Centro Español podrían ser los más desventurados de Argentina. Nunca han subido de categoría ni generan el dinero que convoca a los carroñeros del fútbol, pero ellos no pierden la esperanza. Esta es la historia de un equipo acostumbrado a jugar en las penumbras del país que alumbró a Diego Maradona y Lionel Messi, donde sólo 2% de los futbolistas que arrancan en categorías menores logran ser profesionales.

A las 11:45 de un lunes de invierno austral, el restaurante de la sede del Centro Social y Recreativo Español, en Morón, al oeste de la periferia de Buenos Aires, se queda a oscuras: parece la metáfora de un club acostumbrado a jugar en las penumbras del país que alumbró a Diego Maradona, Lionel Messi y el clásico Boca-River.

Desde que comenzó a competir en la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) en 1959, Centro Español nunca fue campeón ni ascendió de categoría, por lo que lleva más de seis décadas encadenado a la última división, la Primera D. Si no fuera porque casi nadie le presta atención —porque de tan perdedor es invisible para el fútbol grande de su país—, Centro debería ser conocido como el equipo más desventurado de Argentina, el último entre los últimos. La falta de luz que cubre repentinamente al club, sin embargo, se debe a una de las estrategias para intentar salir de ese pozo.

En su afán de trepar desde la Quinta División hasta la Cuarta —o sea, de la Primera D a la Primera C, según la nomenclatura de los torneos de AFA—, el cuerpo técnico les mostrará a los jugadores un video editado con las fortalezas y debilidades de Central Ballester, el rival al que Centro Español enfrentará esta misma tarde, en poco más de tres horas, a las 15:00, y para eso hay que apagar la luz.

Deben ganar a pesar del pasado y, también, del presente: en las cinco fechas que transcurrieron de la actual temporada, el torneo Apertura 2021, Centro no sumó ninguna victoria. Más importante aún, deben ganar para el futuro. Los muchachos que ahora se mueven entre las sombras del restaurante sólo reciben viáticos, premios y, en pocos casos, un sueldo mínimo, simbólico, por lo que, para subsistir, se ven obligados a recostarse en la ayuda de familiares o trabajar en otros empleos, fuera del club. Sin embargo, en las capas subterráneas e invisibles de una industria multimillonaria y global, no hay espacio para resignados. Los futbolistas de la D son amateurs y no viven del fútbol, pero juegan porque aman al deporte y porque, silenciosamente, tienen la esperanza de conseguirlo.

Aunque no pueden firmar contrato con Centro Español ni otro club de la categoría, porque es la única división amateur de la AFA, todos lo toman como un trampolín hacia el profesionalismo de cualquier torneo superior, la C, la B, el Nacional e, incluso —los más optimistas—, la Primera División o el extranjero. Mientras tanto, trabajan en el ferrocarril, son albañiles o manejan motos para delivery sin dejar de jugar en campos de tierra y ante rivales sin compasión. Es el fútbol sin domesticar, tan primigenio como cuando el hombre bailaba alrededor del fuego.

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