Voces desde la toma de la (C)omisión Nacional de Derechos Humanos

Voces desde la toma de la (C)omisión Nacional de Derechos Humanos

Las oficinas de la CNDH en el Centro Histórico de la Ciudad de México nunca habían honrado mejor su función. Decenas de mujeres cansadas de la violencia y la injusticia se aseguraron de que así fuera cuando se apoderaron del edificio en apoyo a las víctimas. Estas son sus voces.

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El 4 de septiembre colectivos feministas y madres de víctimas tomaron la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) en el Centro Histórico de la Ciudad de México, ahora Casa Refugio “Ni Una Menos”. Han pasado ya varios días desde que Silvia Castillo y Marcela Alemán se ataron a sus sillas durante una reunión con funcionarios, en la que no estaban recibiendo el apoyo que buscaban para resolver los casos de sus hijos. El de Silvia fue asesinado en 2013 y a la hija de Marcela la violaron cuando tenía cuatro años. Después llegó María Icela Valdez, madre de Roberto, desaparecido en Reynosa Tamaulipas en el 2014. Hace  poco más de un año María se arrodilló frente al presidente Andres Manuel López Obrador, como un gesto desesperado porque además del desgaste físico y emocional por la búsqueda de su hijo, había recibido amenazas de las autoridades de Tamaulipas.

A principios del “mes patrio” de este 2020 mujeres indignadas por falta de respuestas, contactaron a colectivos feministas de la capital y ese viernes 4 de septiembre por la mañana desalojaron el edificio de la CNDH local y anunciaron que convertirían las instalaciones en un refugio para víctimas.

Semana y media después, a diferencia del silencio que suelen recuperar las calles en los días posteriores a una marcha, este acto de protesta, no sólo sigue, sino que se ha esparcido como una chispa en medio de un bosque seco a otras ciudades.

A pesar de ello en República de Cuba, la calle donde todo comenzó, el 10 de septiembre, seis días después de la toma del recinto, la sensación era de paz. Se escuchaban las risas de mujeres resguardadas detrás de puertas y muros pintados con las frases “ni una menos” y “vivas nos queremos”. Risas que uno esperaría escuchar en una pijamada entre amigas, pero quizás no en la toma de un organismo de gobierno. Un gesto que representa la rabia y desesperación de miles de víctimas que no han recibido justicia en un país plagado de violencia e impunidad.

¿Por qué ríen? ¿Será porque lo lograron y no lo pueden creer? ¿O porque reír es el mecanismo de defensa que utilizamos las personas para enfrentarnos a la incertidumbre y el dolor?

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