Reportajes

Miss Universo busca su lugar en el mundo

Un vistazo al impenetrable mundo de Ximena Navarrete, Miss Universo.

Sentada sobre la cama de alguna habitación de algún hotel de lujo, en el amanecer de alguna capital de un país, Miss Universo busca su lugar en el mundo. Ximena Navarrete tiene que pensar un minuto para ubicarse. Para ella, el espacio y el tiempo se han convertido en algo difuso. La realidad, una agenda que gira alrededor de su figura. La reina de veintitrés años se ha tragado a la niña que cada mañana se afanaba en peinarse con una coleta perfecta. Superó el duelo con el espejo de su casa, y su belleza trascendió primero a Jalisco, luego a México, hasta llegar al mundo. El Olimpo recompensa con fama, dinero, reconocimiento, experiencias únicas; pero la normalidad, “ya no sé qué es un día normal”, confiesa dos meses después de entregar la corona, se convierte en algo remoto e inalcanzable.

La galería donde se va a realizar la sesión de fotos está en el piso veintitrés del 730 de la calle 16 de Septiembre, en Guadalajara. Por los cuatro costados se contempla una amplia vista de la ciudad. Es la una de la tarde, y la luz del sol se proyecta con fuerza por los ventanales. Ximena está sentada en un sofá flanqueada por su madre, Gaby. Viste unos jeans y un top negro; lleva el pelo recogido y lentes de sol. Sobre el cuello cuelga un collar de oro del que pende una X. A una cuadra, la pared de un quiosco todavía está presidida por la portada de un periódico local del 24 de agosto de 2010, el día después de su coronación en Las Vegas. La tiara ensalza por primera vez sus 1.74 metros. La boca abierta hasta el paroxismo, la emoción enmarca sus ojos desorbitados. La dualidad la persigue más que en ningún lugar en su amada Guadalajara, la tierra donde nació, donde todavía tiene a sus mejores amigos y donde vive su familia, el principal pilar de su vida. “Mi ideal sería asentarme aquí, pero no sé si me veo en un futuro viviendo en Guadalajara”, esboza mientras el maquillista y el estilista traen de vuelta a la reina una vez más. La ciudad funciona ahora más como un recuerdo o una proyección de futuro. Ximena ya no es parte de Guadalajara; Guadalajara es más bien un poco de su propiedad.

Mientras recibe los últimos retoques y el equipo prepara la estancia para ella, Ximena compara la función de una miss con la de un político, “aunque yo creo que más light“. Como los políticos, ella representa a la ciudad y no al revés: su puesto está por encima de la persona. A pesar de ser una veinteañera siempre responde con una cercanía calculada. Es simpática y dispuesta, pero impenetrable. Habla con fluidez de su faceta profesional, aunque generaliza y la prudencia frena sus palabras. Es seria, ríe o reflexiona según la ocasión, e incluso es agradable cuando rechaza profundizar en detalles personales.

—¿Cómo compaginas tu vida sentimental con tu estilo de vida, viajando tanto y sin vivir en un lugar fijo?
—Eso lo mantengo en secreto, privadamente.

—Pero influye…
—Sí, todo influye, pero eso siempre lo he mantenido aparte. Obviamente todo lo que yo hago de mi trabajo me encanta contarlo, pero esto es algo que uno se tiene que guardar. Aunque eres una figura pública eso es sólo para ti. No es fácil tener una relación y estar siempre subiendo y bajando. Hay gente que nos toca vivir en otros lados y viajar mucho.

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