El secreto del sonido de Medellín

Medellín tiene una historia oscura. Sin embargo, durante sus peores años, se gestó otra industria millonaria, además del narcotráfico: la producción musical. Hoy, en la segunda ciudad más grande de Colombia, se producen algunos de los éxitos más grandes del reggaetón.

Diez hombres lucen cansados en los estudios de grabación de Icon Music, a las afueras de Medellín. Llevan tres días de trabajo en los que han dormido poco y han fabricado diez canciones con la velocidad de un cohete. Es un lunes de julio y llega un hombre mayor, canoso, manejando una camioneta Toyota gris. Pregunta por Daniel Giraldo, el manager de todos estos productores que acumulan horas de encierro. El hombre se llama José Aristizábal, y es el hermano de Juan Esteban Aristizábal, Juanes, el cantante conocido por temas como “La camisa negra”, “A Dios le pido” y “Fíjate bien”. Daniel y José se encierran en uno de los salones con varios productores a escuchar una canción que probablemente grabe Juanes en las próximas semanas con Rosalía, la cantante española que fusiona flamenco con música urbana. Es una canción hecha a medida: coro en la cadencia frigia gitana, estrofa pop. José la aprueba con un entusiasmo mesurado. Felicita a los productores. Se despide y se va. El trámite es rápido: no tienen tiempo para perder.

Entre los productores corre una euforia creciente. Si la canción se convierte en un éxito, ganarán mucho dinero, y su método está en la cantidad: entre más canciones hagan, más posibilidades tienen de componer un hit. En tres días han hecho canciones para Juanes, Rosalía, el cantante bogotano de pop Manuel Medrano, el dúo puertorriqueño de reggaetón Zion y Lennox, y el grupo mexicano Reik. Todos los productores y los letristas ya tienen un recorrido en la música comercial: han hecho temas para cantantes como J Balvin y Maluma, líderes del pop mundial con miles de millones de reproducciones. Entre los letristas está Stiven Rojas, conocido en el reggaetón como Miky La Sensa, uno de los compositores más apetecidos en la industria después de haber compuesto “Felices los 4”, con más de mil quinientas millones de reproducciones en YouTube. Miky tiene el pelo de dos colores, los dientes perfectos de diseño, parece que hubiera salido hace cinco minutos del barbero. En el estudio lo acompaña Kapla, con quien tiene un dúo que trata de abrirse paso en el mundo del reggaetón.

—¿Se recibe mucho dinero por una canción como “Felices los 4”?

—Yo creo que el reggaetón debe ser la música que más plata da…

—¿Entonces te podés retirar ya?

—No, no, pero sí me podría sentar un tiempo a jugar PlayStation en la casa.

—¿Cómo es la pelea por los porcentajes en una composición? —le pregunto sabiendo que en una canción de reggaetón hay varios productores y varios letristas, y la repartición por regalías debe ser difícil.

—Es una pelea la hijueputa. El que va a adelante en porcentaje es el artista, que es el de la fama y el que hace la inversión para que el tema se vaya lejos. Nosotros como productores y letristas hacemos un tema el hijueputa y ahí empieza la pelea: “Perro, es que yo hice la armonía, tengo que llevar el cuarenta por ciento”, o dice otro “Niño, pero yo hice la letra del coro”. Eso casi siempre termina en que nos dividimos todo por partes iguales, y cuando el artista ya pone sus condiciones, pues nos acomodamos. A veces hay problemas y eso se va de abogado.

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