Ingrid y los Patojos

Ingrid y los Patojos es la historia de tres guatemaltecos que buscan reencontrarse en Estados Unidos. Sin embargo los separa un interminable desierto y las agresivas leyes migratorias.

Se llama Édgar Alexander Nufio-Villanueva, es de Esquipulas, en el sur de bosque y montaña de Guatemala. Es joven, es decidido. Con su tía, Orfilia Mélita Hernández-Aquino, cruzó México en auto para animársele a la frontera del río Bravo y al desierto bestial.

Se llama Édgar Alexander Nufio-Villanueva y junto a Orfilia Mélita Hernández-Aquino acabó detenido en las cercanías de Falfurrias, diez días y setenta y siete millas al norte en línea recta desde la frontera de México y de la salvación.

“Hay sed, tía”, dice Édgar, un tiempo después, en abril de 2013, en una carta a su tía Ingrid, hermana de Orfilia. “Mucha, demasiada. Hay serpientes que no he visto en mi vida, alacranes. Y hay gente con la que uno se cruza y está desfalleciente, a punto de morirse”.

Édgar escribe en frases acuchilladas, sin más carga emocional que cuanto uno se permita hallar.

“Hay otros que están ya muertos, tía. Los cuerpos empiezan a oler o ya huelen!”.

Los adjetivos pueden ser palabras obesas.

“Cuando llegó la policía, tía —cuenta Édgar—, corrimos”.

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