Nicolás Maduro: El heredero del traje pesado

Activista de izquierda desde la adolescencia, Nicolás Maduro fue constituyente, diputado, canciller y vicepresidente de Venezuela. En las manos de Maduro fue depositada la herencia de la revolución bolivariana que Chávez comandó durante 15 años.

Nicolás Maduro está en el mausoleo de Hugo Chávez. Ha ido a visitarlo y le lleva una derrota. Es la noche del 8 de diciembre de 2015. Dos días atrás se celebraron las elecciones parlamentarias que renovaron todos los escaños de la Asamblea Nacional (como se llama al Congreso en Venezuela), y hace frío en el Cuartel de la Montaña, al oeste de Caracas. Desde allí transmiten En Contacto con Maduro, un programa semanal de radio y televisión en el que el jefe de Estado venezolano hace anuncios, lee tuits, publica los suyos, celebra los retuits que le hacen, recibe invitados y grupos musicales. Un magacín político de amplio target. El tema de hoy es la administración de un descalabro.

Tres años antes, el 8 de diciembre de 2012, también de noche y también por televisión, a unas cuadras de allí, en el Palacio de Miraflores, el entonces presidente Hugo Chávez —enfermo, agotado— le encomendó a Maduro una victoria. Ese día, después de 14 años de gobierno, Chávez dejó el juego en manos del sucesor que él mismo había elegido, rogó a sus seguidores que le transfirieran su apoyo y se fue a Cuba para operarse del cáncer que padecía desde 2011. Maduro cumplió la primera de las encomiendas: Chávez murió el 5 de marzo de 2013 y él venció, un mes y medio después, en las elecciones presidenciales, ganándole a su principal contrincante, Henrique Capriles, por una diferencia exigua de votos.

Pero en las elecciones del 6 de diciembre de 2015, después de casi dos décadas de revolución bolivariana, Maduro perdió el control del Parlamento con una victoria implacable de la oposición: de 167 curules, 112 fueron para la coalición Mesa de Unidad Democrática (MUD) y 55 para el Polo Patriótico, agrupación de partidos chavistas. Por primera vez en 17 años la oposición es mayoría absoluta y es, también, la primera vez que se habla de la posibilidad de que el gobierno madurista llegue a su fin de manera constitucional. Maduro, vestido con una camisa azul de corte militar idéntica a las que le confeccionaban a Chávez, está en el mausoleo, sentado en un escritorio a unos metros de la tumba de su predecesor. Hace un programa de 5 horas, igual a todos los anteriores, para un país que dio señales de haber cambiado por completo en las elecciones de hace sólo dos días.

A pesar de la expectativa que hay sobre lo que va a decir, apenas deja claras algunas cosas. Su manera de perder: “Yo quería construir 500 mil viviendas el próximo año, ahorita lo estoy dudando. Pero no porque no pueda construir, yo puedo construirlas, pero pedí tu apoyo y no me lo diste”. Lo versátil de su identidad: “Mientras este hombre esté aquí llamado Nicolás Maduro, iba a decir Hugo Chávez. Jajaja. Soy Hugo Chávez vale, sí, sí”. Sus preferencias reposteras: “¿A ustedes les gusta el sánduche de cambur con leche condensada? Levanten la mano los que han comido cambur con leche condensada. Eso sabe a gloria”. Y, finalmente, un título: “Ganaron los malos”.

La transmisión termina de madrugada con el video en el que Chávez anunció al país que, en caso de que él no pudiera seguir al frente del socialismo del siglo XXI, Maduro sería el encargado de hacerlo. Es el video que recuerda cómo fue que todo esto comenzó.

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Un sábado de diciembre de 2012, en una cadena de radio y televisión, a Nicolás Maduro le cayó un país en la cabeza.

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