La licenciada Sáizar - Gatopardo
Reportajes

La licenciada Sáizar

¿Cómo hizo esta mujer de Acaponeta, Nayarit, para colarse entre las
filas del católico Partido Acción Nacional y llegar hasta la cúspide del
mundo cultural mexicano, en un ambiente conservador, dominado por
hombres y repelente a los criterios de eficiencia?

Ahí está Consuelo Sáizar en un podio, rodeada por veinte banderas de Latinoamérica. Mira la hora, y mira al frente. Se revuelve, inquieta. Tiene una agenda, tiene juntas, tiene obras que terminar.

Son las nueve y media de la mañana del 7 de mayo de 2012. Consuelo Sáizar, presidenta del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes de México (Conaculta), acaba de inaugurar el Segundo Encuentro Iberoamericano de Diplomacia Cultural, en la Fonoteca Nacional, que funciona en la Casa Alvarado, al sur de la ciudad de México. En el jardín de esta quinta virreinal hay una carpa donde se han reunido funcionarios y agregados culturales de todo el continente. Ella está vestida con su uniforme de siempre: el traje negro de dos piezas que le hace un sastre, la camisa abotonada hasta el cuello, los zapatos bajos negros y el cabello, negro, hasta los hombros.

—Muchas gracias, bienvenidos a México —les dice a sus invitados al bajar del podio, sin detenerse con ninguno en particular.

Consuelo Sáizar es la funcionaria federal más mediática de los últimos años, blanco de los diarios mexicanos que han cuestionado su gestión como presidenta del Conaculta, que termina este 30 de noviembre. Llevó adelante obras monumentales y ha conseguido el presupuesto en cultura más alto en la historia del Conaculta. Es presidenta del Comité Ejecutivo del Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (Cerlalc); pionera de los libros en aplicaciones para tabletas en español, como Muerte sin fin, de José Gorostiza, y Blanco, de Octavio Paz, y una de las cincuenta personas más influyentes en el mundo editorial hispano —según la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires 2012—, después de haber estado nueve años al frente del Fondo de Cultura Económica (FCE).

—¿Dónde está, Delia?, ¿dónde está la prensa? —pregunta con un tono de voz golpeado, grave.

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