Los marinos sí lloran

Así viven nueve hombres solos en la base militar chilena más antigua y alejada de la Antártica, Arturo Prat. Fragmento de uno de los capítulos del libro “Porfiados” (Random House) que ya está en las librerías.

Nueve hombres han soñado durante un año con un solo día.

Con este día que es hoy.

Lo han esperado con ansiedad. Se ha convertido casi en una obsesión. Durante doce meses han preparado sus cuerpos y sus almas para que todo salga bien a partir de este día preciso. Han hablado con sus familias para que desde entonces se acostumbren a estar sin ellos. Han blindado sus propios corazones para no sucumbir, desde ese día, a la nostalgia de estar tan lejos.

Es sábado 26 de noviembre y sobre la playa de la Bahía Fildes, en la isla Rey Jorge, en las Shetland del Sur, hay nueve hombres vestidos exactamente iguales. Parkas celestes, pantalones térmicos grises, gorros negros, lentes de sol. Cada cual carga una mochila y un portaterno, ambos oscuros.

Son nueve hombres que acaban de llegar a la Antártica con 1,2 grados de temperatura. Con vientos moderados de veintidós kilómetros por hora.

Este sábado es el primer día de los trescientos sesenta y cinco que pasarán sin moverse de este territorio blanco y remoto.

Antártica chilena, int1

El cabo Daniel De la Fuente tiene 29 años y llegó a la Antártica a trabajar como meteorólogo de la base Arturo Prat.

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