Morir por nada: La crisis del sistema de salud en Venezuela

Morir por nada

Una de las aristas más graves de los conflictos en Venezuela es la profunda crisis de su sistema de salud.

El lunes 14 de diciembre de 2015, por la madrugada, falleció el venezolano Ricardo Andrés Medina, de 3 años. No pasa un día, desde entonces, en que Richard, su padre, no piense en él o en lo que pasó. A principios de ese año, a Ricardo Andrés le descubrieron un tumor en el pulmón derecho. Los Medina fueron referidos al Hospital Militar de Caracas, donde recibieron la atención necesaria. Unos meses después, el niño ya estaba de vuelta en casa. Pero en noviembre le detectaron un nuevo tumor y tuvo que someterse a una ronda de quimioterapia. Esta vez el tratamiento, sumamente agresivo, le deterioró el corazón. Los médicos indicaron que debía tomar Cardioxane para prevenir los efectos tóxicos. Pero, en medio de la seria escasez de medicinas que atraviesa Venezuela desde 2014, el medicamento no se conseguía por ninguna parte. Cuando le realizaron la última sesión de quimioterapia, el corazón falló.

—Yo perdí tiempo —dice Richard Medina—. Pasé más tiempo buscando el medicamento de farmacia en farmacia que abrazando a mi hijo. Lo más triste fue hacer colas y no conseguirlo.

Si alguien llegara hoy por primera vez a Venezuela, le sería difícil imaginar que este fue alguna vez el país más rico de América Latina, al que se llamaba la Venezuela Saudita y donde desde finales de los años cuarenta el petróleo fue una bendición. El bolívar era una moneda fuerte y la inflación estaba por debajo del 1 por ciento. Se construyeron carreteras, escuelas y hospitales. En los sesenta, era el segundo país en Latinoamérica con menor índice de mortalidad infantil, después de Uruguay, y había implementado un programa de control de malaria muy exitoso, con el que controló la enfermedad en la extensión más grande del mundo tropical: 500 000 kilómetros. Pero a finales de los setenta, la situación empezó a decaer. Años de derroche tuvieron su punto de quiebre el 18 de febrero de 1983, el Viernes Negro, cuando después de dos décadas de estabilidad el bolívar se devaluó abruptamente y pasó de 4,3 por dólar a 7,60. A fines de los ochenta nuevas medidas económicas desencadenaron el Caracazo, protestas y disturbios producidos durante el gobierno de Carlos Andrés Pérez. Las cifras oficiales hablan de 276 muertos, pero las extraoficiales de más de 300 y de 3 000 desaparecidos.

En 1998, cuando Hugo Chávez llegó al poder, la inflación seguía en aumento, el precio del petróleo había caído y la situación era compleja, pero en los últimos años, bajo el mandato de Nicolás Maduro, ésta se ha vuelto extrema en varios frentes. A la inflación disparada —el Fondo Monetario Internacional estima que llegó al 700% a fines de 2016— se sumó una severa escasez de alimentos —según la Encuesta sobre Condiciones de Vida (Encovi) realizada por un grupo de universidades venezolanas, tres de cada cuatro habitantes perdió alrededor de 8.7 kilos en 2016—, y ahora, en mayo de 2017, el descontento social ha llevado a decenas de miles de venezolanos a tomar las calles del país y protestar contra el gobierno. Al momento de escribirse este artículo, las protestas masivas habían dejado un saldo de 53 muertos y mil heridos, según la Fiscalía. El presidente Nicolás Maduro ha convocado a una reforma constitucional que permitiría, según el mandatario, regenerar la paz de la república. La oposición la rechaza, ya que la considera una forma de autogolpe, y convoca a seguir protestando en la calle para pedir, entre otras cosas, la apertura de un canal humanitario para paliar la crisis en un sector sensible: salud.

Entre las muchas medidas que tomó Chávez durante su mandato, hubo una serie de reformas en la política de salud pública. Por entonces, el 51% del financiamiento de la salud era de origen privado, de modo que en el año 2003 Chávez creó la Misión Barrio Adentro, con el fin de llevar un buen servicio gratuito a las clases populares: miles de médicos cubanos se instalaron en seis mil ambulatorios alrededor del país. En teoría, Barrio Adentro tiene como objetivo ofrecer atención primaria a toda la población, pero de los seis mil ambulatorios construidos el 80% está cerrado por falta de insumos y personal, según la Federación Médica Venezolana (FMV). El doctor León Natera, presidente de la FMV, dice que el programa “ha sido un fracaso tan estruendoso que hasta la fecha ha tenido que ser relanzado unas 12 veces”. Según la OMS, Venezuela es el país de la región con el gasto más alto de bolsillos privados en lo que concierne a salud. Hoy, según la Encovi, un 65% de los recursos proviene del pago que hacen los privados a través de sus seguros médicos. En Colombia, ese porcentaje alcanza el 13%, y en Uruguay el 20 por ciento. A su vez, en Venezuela el gasto per cápita del estado en términos de salud es de 220 dólares, mientras en Colombia es de 800 y de 1 400 en Brasil, según la propia OMS.

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