El tifón blanco

Así funciona la mafia colombiana en China

Guangzhou es la ciudad de China continental donde está la mayor cantidad de colombianos vinculados a las mafias. Este puerto fluvial de comerciantes, donde se libró la primera guerra por drogas de la historia, es uno de los principales puntos de entrada de cocaína, “mulas” y prostitutas. Los riesgos para los delincuentes extranjeros, sin embargo, son mucho más altos que en la mayoría de otros países. Las mafias de Colombia en China son organizaciones dinámicas que están incursionando en modalidades nuevas para el tráfico de estupefacientes. 

“Le debo hacer una advertencia: la policía está revisando mucho las habitaciones últimamente”, escribió en inglés precario el representante de Moonshine Apartments, un hotel en Guangzhou de 45 dólares la noche. Yo hacía la reserva por WeChat, la principal red social china. “Es posible que en algún momento durante su estadía lo llame para que salga del hotel. Una vez fuera, debe esperar hasta que lo vuelva a llamar y sólo entonces usted podrá regresar”. Finalmente, como para suavizar el mensaje, añadió: “Puede que la policía revise o que no revise”. Pregunté por qué las requisas. “Para inspeccionar si hay drogas o cosas así”, dijo.

Cada vez que viajo a Guangzhou, la tercera ciudad más grande de China y su capital comercial, vuelvo sobre los orígenes de esa histórica pantomima que es la lucha contra las drogas. El tráfico de narcóticos se inventó en China, al igual que el papel, los fideos, la pólvora, la brújula, la sombrilla, la porcelana, los billetes, los estribos, el cepillo de dientes, los exámenes de aptitud, la imprenta de tipos móviles, en fin. A su honor, sin embargo, no fueron los chinos quienes lo practicaron sino los británicos —irónicamente, los ancestros o parientes quizás no tan lejanos de quienes luego crearon a la DEA—, y desde entonces fue tan rentable que la reina Victoria hizo la guerra para proteger los intereses de sus capos.

mafia colombiana en China, 6

De hecho fueron dos guerras: la Primera y la Segunda Guerra del Opio (1839 y 1856). Los chinos las perdieron ambas. Sus cañonazos iniciales estallaron en Guangzhou, o Cantón, el único lugar donde, durante la primera mitad del siglo XIX, se les permitió establecerse a los comerciantes británicos, los “bárbaros pelirrojos” que algunos artistas chinos representaban como orangutanes de alientos fétidos. El opio fue la solución de la corona al desequilibrio comercial con China, pues el imperio de oriente no quería nada más de los británicos que plata tonante y sonante, mientras éstos cargaban a tope las bodegas de sus navíos con aquellos superfluos elementos que fueron la esencia de la burguesía victoriana: té, porcelana y seda.

“¿Por qué?”, preguntaron los funcionarios chinos a Henry Pottinger, el comandante de las tropas británicas, después de firmar el primer tratado de capitulación y de aceptar no combatir el narcotráfico, “¿por qué los británicos permiten que se cultive tan injustamente la amapola en India para luego traficar opio a China, donde es ilegal?”.

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