La aplastante dictadura de Bielorrusia - Gatopardo

Bielorrusia: La prisión silenciosa

Aleksandr Lukashenko está en el poder desde 1995 en Bielorrusia. Ha disuelto el parlamento y anuló la separación de poderes. En el país se vive una tensión silenciosa. Hay represión, pocas libertades civiles y un ambiente dictatorial. Es el único país europeo que aplica pena de muerte en ejecuciones extraoficiales.

Frente a la embajada de Rusia, en el número 48 de la calle Navavilienskaja, hay una manifestación. No es habitual ver manifestaciones en Minsk, la capital de Bielorrusia. El gobierno sólo autoriza una al año, el 25 de marzo, día de la independencia del país, que en los círculos de la oposición al gobierno se conoce como día de la libertad. En esa jornada, miles de personas se echan a la calle en un batiburrillo de reclamos: derechos humanos, libertad de prensa, democracia, abolición de la pena de muerte, acercamiento a Europa —y, en consecuencia, alejamiento de Rusia—, derechos homosexuales, libertad para los presos políticos. Es como si ese día los bielorrusos aprovecharan para pedir todo lo que su país les niega.

A veces tienen lugar otras manifestaciones, espontáneas y no autorizadas. En ellas el número de participantes es mucho menor, y son multados. En ocasiones, incluso, terminan en la cárcel. En abril de 2016 unas mil personas se echaron a la calle para protestar contra los altos impuestos que deben pagar los comerciantes. Los organizadores de la marcha recibieron una fuerte sanción económica que, en algunos casos y según los medios de prensa de Minsk, llegaron a los 500 dólares. La de hoy, un martes soleado y frío de mayo, reúne a quince personas frente a la embajada rusa, en el número 48 de la calle Navavilienskaja. Es una vía amplia, como casi todas las de Minsk. Los manifestantes portan banderas bielorrusas anteriores a la Unión Soviética y hablan bielorruso con los agentes de policía que, uno a uno, les piden documentos de identidad y toman nota de los datos.

—Hablar en bielorruso a un policía es una provocación, susurra Artyom Shraibman, redactor de la web de noticias Tut.by.

Los policías responden en ruso. En el lugar hay más agentes y periodistas que manifestantes. Cuando un coche pasa cerca, su conductor baja la ventanilla y les grita a los activistas: “¡Nazis!” Luego acelera y se va.

Andrei Sushko, abogado y defensor de derechos humanos

Andrei Sushko, abogado y defensor de derechos humanos, en la puerta principal de la KGB bielorrusa.

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En Bielorrusia, el poder ejecutivo puede modificar leyes e impartir justicia; la mayor parte de los líderes opositores han ido encarcelados en algún momento (algunos han desaparecido) y más de 45 periodistas han sido arrestados en los últimos cuatro años. Por eso, para muchos medios de comunicación y ciudadanos europeos, Bielorrusia es la última dictadura que le queda al Viejo Continente.

El concepto, más allá de un atractivo titular para un artículo, admite debate. Para el periodista Artyom Shraibman, Bielorrusia no es una dictadura en el sentido estricto de la palabra.

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