La chica de ayer

Rossy de Palma, la chica española del cine español, busca sacudir su pasado y mostrar su fuerza histriónica en nuevos terrenos cinematográficos.

Como si la hubiera pintado Pablo Picasso, Rossy de Palma eclipsó la pantalla grande con su belleza singular. El rostro asimétrico, los ojos que se revelan desiguales, uno más claro que el otro, y esa nariz que parece ir a ningún lado y que viene, en realidad, del ADN vasco de su madre. Con esa belleza “cubista” alcanzó popularidad como ninguna otra actriz hispana: se volvió protagonista extraordinaria de pasarelas y de películas, musa del diseñador francés Jean Paul Gaultier y pupila del cineasta manchego Pedro Almodóvar. Sedujo al mundo y lo hizo un espectador suyo.

Almodóvar la descubrió en 1987, con La ley del deseo, donde interpretó a una locutora de un magazine de televisión. Era una pequeña participación en la que entrevistaba a un director de cine homosexual interpretado por Eusebio Poncela. Entonces ella era una inexperta de 23 años, maquilladísima y estrafalaria a la usanza de los jóvenes de mediados de los ochenta que vivían con arrebato el posfranquismo. El director había dado la orden antes de rodar su secuencia:

—No la pintáis y no la maquilléis, que lo haga ella; no la vistáis, que se vista ella; no la peinéis, que se peine ella.

Su personaje hacía preguntas al aire buscando desnudar a su entrevistado, mientras una mosca —que estaba fuera del guion— merodeaba sobre ellos. Era su primera vez delante de una cámara de cine y ella estaba vestida de sí misma.

—¿Qué es lo que más te chifla y lo que más te amuerma del amor? —preguntaba, peinada con un tupé sobre la frente, y enseguida volteaba a la cámara y revelaba su asimetría “picassa”. Almodóvar la capturó sin poses, seducida por Poncela, con la barbilla sobre su mano mientras remataba su intervención con un mudo:

—Fíjate…

Han pasado casi treinta años desde aquella cinta protagonizada por Carmen Maura, Antonio Banderas y Poncela, de su primera incursión en la cinematografía. Miembro del aquelarre actoral que ha conformado el universo almodovariano, cuna de personajes memorables, músicos, asesinos, domésticas, drag queens, cirujanos perversos y muchísimas mujeres dispuestas a todo. De Palma es una de las actrices consentidas que, junto con Maura o Marisa Paredes, “aparecen una y otra vez en las películas de Almodóvar, y verlas envejecer a través de sus cintas añade profundidad al retrato femenino”, escribió el año pasado Julie Bloom en el New York Times.

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