Joyce Carol Oates: Doloroso ser norteamericana - Gatopardo
Joyce Carol Oates retrato
Libros

Doloroso ser norteamericana

Joyce Carol Oates ha escrito más de un centenar de obras entre novelas, libros de relatos, ensayos, novelas cortas, poesía y teatro; es una de las voces más prolíficas de Estados Unidos. La autora de La hija del sepulturero dedica las 24 horas del día a las letras.

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Cada año el nombre de Joyce Carol Oates suena en las quinielas sobre el Premio Nobel de Literatura. Quizá por su maestría al describir la naturaleza humana, sin adornos, con la violencia de sus secretos más sórdidos. Con su nombre, o bajo los seudónimos como los de Rosamond Smith y Lauren Kelly, Joyce Carol Oates ha escrito más de un centenar de obras entre novelas, libros de relatos, ensayos, novelas cortas, poesía y teatro. Maestra de Literatura en la Universidad de California de Berkley y crítica literaria en The New York Review of Books, Oates dedica las 24 horas del día a las letras.

Gatopardo conversó con la escritora en San Miguel de Allende, durante el pasado Festival Internacional de Escritores que se celebra en el bajío mexicano, en esta ciudad donde parece que se habla más inglés que español. Es una mañana helada de febrero de 2016. La autora de La hija del sepulturero está vestida de negro, con un sombrero también oscuro y de ala ancha que enmarca su rostro alargado y pálido, y ojos pintados de rojo quemado. Alta y muy delgada, asemeja una aparición.

Joyce afirma, sin embargo, entre risas discretas, que ella “no ha oído” que se le mencione como candidata al Nobel. Para la autora de Mamá y Blonde —la libérrima biografía novelada de Marilyn Monroe—, su trabajo no se centra solamente en la sociedad norteamericana con sus vicios, aspiraciones, creencias y por supuesto, sus zonas veladas: “Creo que escribo más bien sobre los seres humanos. Aunque sucede que son norteamericanos. Con frecuencia escribo sobre familias; escribo sobre madres e hijas y sobre la gente joven. Hablo de los lazos de las familias situados en contextos históricos porque algunas veces el ambiente propicia un cierto tipo de familia”.

Los personajes que surgen de la mente de Oates son siempre personajes al límite, figuras de la oscuridad a punto de envolverse en llamas. Como Jacobo Schwart, en La hija del sepulturero, que le vuela los sesos a su esposa y luego hace lo propio con los suyos; Betsey, la madre de una estrella infantil del patinaje sobre hielo que asesina a su niña de seis años para intentar retener a su marido en Hermana mía, mi amor; o el soldado Brett Kincaid en Carthage, que regresa trastornado de la guerra de Irak a Carthage, Nueva York, convirtiéndose en el principal sospechoso de la desaparición de su cuñada Cressida, de 19 años de edad.

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