Tarde para morir joven: Adolecer tras la dictadura
Dominga Sotomayor retrata la transición que vivió la juventud chilena tras la dictadura
octubre 22, 2019

Tarde Para Morir Joven, la tercera película de la directora chilena Dominga Sotomayor, se siente como una fotografía vieja en el álbum de los padres: está ambientada décadas atrás, tiene un color deslavado y va directamente a la memoria.

Ambientada en la transición chilena de la dictadura a la democracia, es una película sobre una comunidad instalada en un bosque seco a las afueras de Santiago, a la que familias enteras se mudaron a casas a medio terminar y sin acceso a servicios como luz, electricidad ni teléfono. El lugar está inspirado en la Comunidad Ecológica Peñalolen, sitio donde la directora pasó sus años formativos. A pesar de los elementos autobiográficos, Sotomayor asegura que la película no es una recreación fidedigna del lugar ni de su vida: “No tiene que ver con retratar el pasado, sino con sentir el recuerdo desde hoy, desde el presente. Es una observación nostálgica que no separa la imagen del relato, por eso mis referencias visuales son fotos o videos, porque me motiva generar emociones a través del recuerdo”. 

“La referencia eran unos VHS”, dice la directora en entrevista con Gatopardo. “Las cintas hoy han saturado unos colores y perdido otros. Trabajamos a detalle qué colores sobreviven al tiempo. También hay de referencia fotos de la época, del año 89 y 90”. 

Tarde Para Morir Joven, tercera película de Dominga Sotomayor.

Tarde Para Morir Joven, tercera película de Dominga Sotomayor.

La trama se enfoca en tres jóvenes de esta comunidad y el incierto trasfondo político que rodea al país. Sofía es una adolescente que vive con su hermano y su padre, mientras espera desesperadamente que su mamá —quien los abandonó hace años— o algún otro suceso, la ayude a salir de su casa. Lucas también habita en la comunidad pero está más contento ahí, mientras que Clara, la más pequeña, pierde a su perro al inicio de la película. 

“Es una película de transiciones en todo sentido, de pérdidas tempranas de ilusiones”, dice Sotomayor. “Chile estaba con ganas de un nuevo comienzo, pero también era un país dolido y adolescente, que debía aprender a vivir con una nueva libertad a pesar de las muertes y el dolor. Quería dialogar eso, observar la transición de los jóvenes de un país que se debe reconstruir, y aprender a dejar una etapa y tomar otra”. Dominga Sotomayor llenó su película de un espíritu juvenil, donde prima la confusión del mundo cotidiano, y la necesidad de abrirse camino a pesar de las circunstancias impredecibles. 

Tarde Para Morir Joven habla de una situación pasada pero encuentra un profundo eco en el mundo contemporáneo, y el lugar que los chicos habitan es un personaje más en la historia, que repercute en todos los habitantes de la comunidad. “Esta gente buscó moverse fuera de la ciudad, a un lugar con otras normas, más libertad y justicia, pero terminan convirtiéndose un poco en lo mismo. Es difícil escapar de las diferencias sociales, si falla un servicio un vecino se va a cagar al otro, siento que es lo que hace contingente la ilusión y desilusión, y la importancia de los cambios sociales de hoy”.

Tarde Para Morir Joven de Dominga Sotomayor

Tarde Para Morir Joven de Dominga SotomayorNo obstante, Tarde Para Morir Joven es también una película muy simple, de gestos pequeños, donde no hay eventos enormes, ni sucesos melodramáticos. En esta historia prima lo cotidiano y lo silencioso, la comunicación llega a través de encuadres, miradas, gestos y sonidos, mientras que el diálogo pasa a segunda mano. Sotomayor buscaba que sus preocupaciones sociales y su necesidad de recordar una época no opacaran otro elemento: la emoción, y para lograrlo recurre a sucesos tan específicos como espiar a tu vecino, pasear con tus amigos a causa del aburrimiento, o las pequeñas tradiciones en una comunidad pequeña. 

A lo largo de la entrevista, Dominga sostiene una máxima fundamental para apoyar sus ideas: “Me cuesta mucho separar la imagen del relato”. Es decir, Tarde Para Morir Joven es una película de intenciones 100% audiovisuales, y separar el guión y el sonido de las imágenes sería restarle a ambos su sentido primordial. “Hay planos que yo ya tenía claros desde antes de comenzar, ya no sólo a grabar, sino a escribir el guión. La cámara no sigue al humano, sino que está en el espacio, observa y fluye entre el interior y el exterior, entre la naturaleza y los personajes”, dice.  

Tarde Para Morir Joven está siempre en busca de respuestas emocionales. Esto es muy evidente, por ejemplo, en la selección musical, con canciones chilenas, argentinas y estadounidenses. “El guión ya tenía muchas de estas canciones incorporadas, y varios personajes no son capaces de expresar lo que sienten, pero la música que escuchan los delata. Sofía, por ejemplo, quiere irse y escucha música en inglés como Sinead O’Connor o Mazzy Star; Lucas está influido más por la música argentina y está orgulloso de estar ahí. La música revela un choque político y generacional”.

Tarde Para Morir Joven es un coming-of-age, una invitación al diálogo político, y una película de sensaciones y momentos, que no apela a un evento específico en la realidad, sino a un constante impulso interior: el de moverse y avanzar. 


 

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