La política y poética de Spero
Llega al Museo Tamayo la primera retrospectiva de la artista estadounidense.
noviembre 8, 2018

Nancy Spero es una de las pioneras del arte feminista, que creó un lenguaje visual con el que rompió con las convenciones artísticas de su tiempo. A lo largo de cinco décadas, plasmó una mirada sobre la mujer y su relación histórica con la opresión, la desigualdad, la guerra y la sexualidad.

Nacida en Ohio, Estados Unidos, en 1925, y fallecida en Nueva York en 2009, la obra de Spero se presenta en el Museo Tamayo con su primera exposición individual en México, “Nancy Spero: Paper Mirror”. Con la curaduría de Julie Ault, pone en evidencia el lenguaje introspectivo, político y poético de su quehacer a través de casi un centenar de piezas. “La exposición abarca 50 años de su carrera. La idea es mostrar el rango de su obra no como una retrospectiva, sino como un mapeo de su camino y de las transformaciones que llevó a cabo en su práctica”, señala Ault en entrevista para Gatopardo.

Durante los años cincuenta, mientras vivía en París, Spero abordó la alienación y la otredad en pinturas al óleo, como en la serie “Black Paintings”. A su regreso a Estados Unidos en 1964, cuando el Expresionismo abstracto y el Minimalismo estaban en auge —corrientes dominadas en su mayoría por hombres—,  se reveló contra el soporte convencional del óleo sobre el lienzo (como idea del genio creador masculino) y adoptó por el resto de su carrera un soporte frágil, más mundano: el papel. 

La primera serie que realizó sobre este soporte, “War Series”, lanzaba una fuerte crítica al sistema político estadounidense y a las atrocidades de Vietnam a través de la representación de bombas y lenguas fálicas. “Fue una decisión muy política porque el papel no tenía el mismo estatus que el lienzo; fue sacarle la lengua a la jerarquía del medio y a las corrientes principales que el mundo del arte había aceptado. Ella se estaba liberando de las políticas restrictivas del arte”, agrega la curadora. 

Nancy Spero, int1

A pesar de llevar casi dos décadas de actividad, en aquel momento no contaba con reconocimiento institucional. Esta invisibilidad la llevó a conectarse con la poesía cargada de dolor y enojo de Antonin Artaud y a incluir su voz en sus piezas. En la serie “Artaud Paintings” escribió a mano extractos de su poesía y los mezcló con dibujos referentes a la soledad, la violencia y al desmembramiento. Más tarde, a principios de los setenta, realizó la serie “Codex Artaud”, en la que comenzó a incursionar en el collage y a desplegarse en el espacio. En una entrevista realizada en 1981, Spero mencionó: “Me atreví a transmitir los desvaríos de un hombre —un hombre apartado de las relaciones humanas— para personificar cómo yo, una mujer, veía la falta de poder […] Recurrí a Artaud porque necesitaba un vehículo para mostrar mi enojo, y él era el poeta más enojado que había entonces”.

Paralelamente, se incorporó a diferentes movimientos feministas y luchó por los derechos de las mujeres en el arte. En 1972, junto con un grupo de artistas mujeres, fundó A. I. R. en Nueva York, la primera galería enfocada en la creación artística de mujeres. Esto provocó una paulatina transición en su obra a volcarse en la representación de figuras femeninas. Desarrolló un vocabulario visual extenso de imágenes tomadas tanto del arte antiguo, medieval y moderno como de la publicidad de revistas del siglo xx. Venus prehistóricas, diosas de la fertilidad, atletas, prostitutas o víctimas de las guerras de Vietnam conformaban su imaginario. Su intención era trascender la idea masculina sobre el cuerpo de las mujeres, quebrantar su concepción como lo “otro” y demostrar que, al igual que el hombre, ellas pueden ser imágenes universales. 

La exposición termina con la instalación Maypole: Take No Prisioners en el patio central. Presentada en la Bienal de Venecia en 2007, mientras se desarrollaba la guerra de Irak, la pieza hace un señalamiento al gobierno estadounidense. Spero tomó la obra Kill Commies/Maypole de War Series, así como algunos dibujos de cabezas humanas realizados en los sesenta, y los llevó a la tridimensionalidad. En medio del espacio se levanta un tubo de 10 metros, del que descienden listones de colores en cuyos extremos cuelgan imágenes de cabezas sangrantes en placas de aluminio. Es un choque entre lo celebratorio y lo aterrador, lo estético y lo violento. A pesar de hacer referencia a dos conflictos bélicos específicos, la pieza está cargada de atemporalidad y se refiere más bien a la condición bélica humana y su brutalidad. 

Spero, a través de un cuestionamiento a las convenciones artísticas, en sus pinturas logró entablar un diálogo entre el pasado y el presente para comprenderel papel de la mujer en el mundo.


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