Glenn Gould: las manías del mejor pianista del siglo XX
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Música

Las manías de Glenn Gould

Glenn Gould, el mítico pianista canadiense, murió el 4 de octubre de 1982. En este texto lo recordamos por su pasión al piano, sus manías y su extravagancia.

Glenn Gould sube al escenario del Carnegie Hall, una de las salas de concierto más importantes de Nueva York. Aparece desaliñado y con la misma  silla que lo ha acompañado desde su infancia, esa que tiene las patas cortas, pues su padre se las serruchó para que su hijo, un niño de ocho años, alcanzara cómodamente las teclas del piano. Claro que ahora la altura de la silla obliga Glenn Gould —que tiene ya 30 años— a encorvarse y poner sus ojos exclusivamente en el teclado, una posición común en las fotografías del pianista.

Como en un trance, Glenn Gould comienza a tocar una pieza de Brahms, el Concierto para piano Nº 1 en Re menor. Lo hace con esa forma única de tocar el piano, lento, suave. Un estilo que le ganó la admiración de Herbert Von Karajan.

Antes de que el pianista subiera al escenario Leonard Bernstein, el legendario director de la Orquesta Filarmónica de Nueva York se dirigió al público para anunciar que no estaba de acuerdo con la interpretación que Gould estaba a punto de presentar, porque no seguiría las indicaciones que dejó el compositor en sus partituras. Pero atizó: “su forma de hacerlo es suficientemente interesante para pensar que ustedes, el público, merecen escucharla”.

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