Adelanto del libro: "Todo Messi. Ejercicios de Estilo", de Jordi Puntí
Reportajes

Messi: El futbolista del futuro

Jordi Punti
Ilustraciones de Daniel Berman

Este es un adelanto del libro “Todo Messi. Ejercicios de estilo”; un retrato a la voracidad, el genio y la obsesión del futbolista argentino Lionel Messi.

El futbolista Lionel Messi se ha convertido en el mejor jugador de todos los tiempos. Su camiseta es la más vendida en el mundo y sus jugadas son las más vistas en YouTube. Cuando no está en el terreno de juego, sus compañeros de equipo juegan diferente. Porque todos saben que el 10 es insustituible. Este es un adelanto del libro Todo Messi. Ejercicios de estilo, escrito por Jordi Puntí, que ha publicado Anagrama este 2018 —el año del Mundial en Rusia—. Es un retrato a la voracidad, el genio y la obsesión del futbolista, que bien podría encarnar las predicciones que Italo Calvino hizo para este milenio.

La literatura y el fútbol comparten pocas cosas, pero hay una que sin duda los hermana: la dificultad para acertar las predicciones sobre los escritores y los jugadores que marcarán el futuro. Uno se fija en las antologías de poesía de voces prometedoras, o en los artículos que acaban de descubrir al nuevo Nabokov, la nueva Rodoreda, el nuevo Bolaño, y a menudo resulta que diez años más tarde la realidad ha desmentido tanto entusiasmo. Lo mismo ocurre con los analistas y los ojeadores del fútbol: cada semana descubren a un nuevo Cruyff, un nuevo Maradona, y, de hecho, seguro que ahora mismo hay padres del fútbol base del Barça que creen que su hijo será el nuevo Xavi, el nuevo Puyol, el nuevo Iniesta. (Dicho sea de paso, de momento no he oído a nadie que ya haya avistado seriamente al “nuevo Messi”, quizá porque su dimensión es tan arrolladora que sería absurdo sugerir que alguien puede jugar como él, y en todo caso siempre podríamos recordar aquella frase de Picasso: “Bienvenidos mis imitadores, pues de ellos serán mis defectos”.)

Ya sabemos, también, que la mayoría de los críticos literarios y analistas futbolísticos han cultivado su ojo clínico desde la observación teórica, y es raro que hayan sobresalido físicamente en el arte que estudian con tanta devoción —y las pachangas de solteros contra casados o los versos de circunstancia para la jubilación de un amigo no cuentan—. De vez en cuando, sin embargo, aparece algún cerebro privilegiado que, desde la experiencia personal, se atreve a hacer una predicción y acierta. Pienso, por ejemplo, en el gran Helenio Herrera, el Mago, mito contradictorio, psicólogo de vestuario y visionario del fútbol moderno. En 1979, cuando Maradona tenía diecinueve años y empezaba a despuntar en Argentinos Juniors pero aún no había ganado nada, H. H. concedió una entrevista a la revista deportiva El Gráfico y le preguntaron cómo sería el futbolista del futuro. “El futbolista del siglo XXI”, respondió, “será precisamente como Maradona. Bajito pero muy atlético, con esa magia que también tienen las computadoras y Maradona”. Él no lo podía saber, pero en realidad estaba definiendo a Messi.

Cinco años más tarde, en 1984, poco antes de morir, el escritor Italo Calvino redactó una serie de conferencias que tenía que impartir en la Universidad de Harvard, y que se publicaron con el título de Lecciones americanas y el subtítulo de “Seis propuestas para el próximo milenio”. Calvino perfilaba cinco conceptos que según él iban a definir el arte y la literatura del siglo XXI y valía la pena tener en cuenta: levedad, rapidez, exactitud, visibilidad y multiplicidad. Sin saberlo, también estaba hablando de Leo Messi.

Todo Messi libro Jordi Punti, int1

Ilustración: Daniel Berman

Levedad

Calvino defiende y reclama a los artistas una serie de cualidades que Messi, precisamente, sabe explotar con esa mezcla de intuición y conciencia, de talento y experiencia, que solo tienen los mejores futbolistas. Messi ya era ligero de pequeño, incluso demasiado, y el tratamiento hormonal de crecimiento le dio el punto justo de gravedad que necesitaba. Esta levedad física, además, se ha vuelto también mental —o espiritual, si se quiere— a medida que pasaban los años y llegaban los éxitos. Calvino se fija ante todo en el héroe Perseo, “que vuela con sus sandalias aladas”*, y a partir de su actitud recuerda a una serie de autores que hacen visible esta impresión de agilidad, desde Lucrecio, que quiere “evitar que el peso de la materia nos aplaste”, hasta Shakespeare cuando hace decir a Próspero que somos “de la misma sustancia de que están hechos los sueños”.

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