El eterno migrante. Una conversación con Gael García Bernal.

Gael García, el eterno migrante

Este año Gael García Bernal dará mucho de qué hablar. En primer lugar por su participación en la serie Mozart in the Jungle, por la que acaba de recibir un Globo de Oro al mejor actor en televisión. Pero también será el protagonista de la nueva cinta de Jonás Cuarón, Desierto.

—¿Me esperas un poquito? Es que está mi hijo por ahí —dice Gael García Bernal, atento al barullo que llega desde un cuarto contiguo.

Es la primera hora de la tarde de un día de enero en Buenos Aires, y García Bernal sale con pasos serenos de la sala donde funciona la productora en la que prepara un cortometraje que dirige sobre el fenómeno del cambio climático. Los jeans gastados que lleva puestos tocan el piso a la altura del talón y la camisa verde sobre una remera blanca es muy sencilla. Actúa como si el tiempo le perteneciera, como si la gestualidad lenta anticipara que es un hombre afortunado y en libertad de elegir. A los 38 años no oculta las canas. Tampoco la vocación de ejercer su derecho al ocio —que para algo, dice enfático, se hizo actor—. Ni siquiera disimula una culpa casi infantil ante una llamada telefónica que duda en responder porque ha dejado un compromiso a la deriva; al final lo resuelve con “una mentira piadosa” que termina por ponerlo inquieto.

Ahora, en el cuarto contiguo, se escucha su voz haciendo preguntas de padre: qué onda, ¿todo okay?; ¿me das un beso? Se oyen risas y el sonido de un juguete. En ese cuarto está Lázaro, uno de los dos hijos —la otra es Libertad— que ha tenido con la actriz argentina Dolores Fonzi, de quien se separó hace un tiempo. Es verano y Lázaro y Libertad, de 7 y 4 años, están de vacaciones en el colegio. Ya de regreso en la sala, García Bernal pregunta si está bien bajar la velocidad del ventilador de techo para callar el run-run monótono del aleteo.

La productora está en un barrio residencial apartado del centro. La sala de este caserón antiguo con piso de madera tiene dos ventanales que dan a un jardín angosto con enormes rosas chinas rojas y rosales aún sin flor, y ni un solo ruido llega desde la calle.

"Si me alejara del contexto en el que nací, en el que me tocó hacer cine, dejaría atrás muchas cosas".

“Si me alejara del contexto en el que nací, en el que me tocó hacer cine, dejaría atrás muchas cosas”.

García Bernal pasa buena parte del tiempo en Buenos Aires pero elige vivir en México porque, salvo sus hijos, todo está allí: su infancia en Jalisco junto a sus padres, los actores Patricia Bernal y José Ángel García, que eran casi adolescentes cuando él nació y que lo llevaban al teatro desde que tiene recuerdos; el debut en las telenovelas de la tarde a los 9 años; la noticia del primer encontronazo con Hollywood a los 18 años, cuando protagonizó De tripas corazón, un cortometraje mexicano nominado al Oscar. A pesar de ese inicio auspicioso trató de escurrirse de la herencia vocacional de sus padres y comenzó a estudiar Letras Hispánicas. Pero la larga huelga que paralizó a la UNAM a principios de los 90 lo obligó a partir hacia Londres para estudiar en la Royal Central School of Speech and Drama. Lo que siguió fue, según sus palabras, un accidente, algo que pocas veces ocurre en la vida. Comenzaba el siglo XXI, y él se imaginaba llevando la vida humilde de un actor de teatro itinerante a través de Europa, cuando recibió el llamado de Alejandro González Iñárritu ofreciéndole hacer el papel de Octavio en Amores Perros, el primer largometraje del ahora aclamado director mexicano. García Bernal dijo que sí y regresó a México para filmar la película que en el año 2000 se presentó en Cannes. Y aunque no fue aceptado en la competencia oficial, y se exhibió en una sala menor que ni siquiera tenía aire acondicionado, el film atrajo todas las miradas y las conversaciones, eclipsando la presencia nada menos que de los hermanos Coen, Lars Von Trier y Bergman. Ese mismo año ganó 11 premios Ariel, un BAFTA en Londres y fue nominada al Oscar —algo que no había sucedido con una película mexicana en 25 años—. La crítica la consagró, y su éxito simultáneo en Latinoamérica, Estados Unidos y Europa torció el destino de Gael García Bernal, que inició una seguidilla imparable con películas como Y tu mamá también (2001), El crimen del padre Amaro (2002), Babel (2006), No (2012), todas con diversas nominaciones al Oscar. Y así, muy rápidamente, se convirtió en uno de los latinos que caminan por Hollywood como si fuera su casa. El último reconocimiento lo obtuvo en diciembre de 2015, cuando recibió el Globo de Oro como Mejor Actor de Comedia por su papel protagónico en Mozart in the Jungle, serie de Amazon Studios.

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