Las pandillas en Guatemala le declararon la guerra a los autobuses

Las rutas de la muerte en Guatemala

Diego Cobo
Ilustraciones de Daniel Berman

Las rutas de transporte público en Guatemala se han convertido en una inmensa fuente de ingresos para las organizaciones criminales.

Aquel año nadie lanzó cohetes el Día del Diablo, cuando los vecinos prenden fogatas para quemar las impurezas en sus vidas. Una multitud de personas colapsó los caminos de tierra, envueltos entre cobrizos troncos de jiote, hasta escurrirse en el cementerio donde hoy Orfa Padilla, de 54 años y con habilidad para caminar entre tumbas, dice:

—Allá es.

Orfa señala, con el brazo extendido, la tumba de su hijo, a la que desciende con una destreza que no tuvo el 7 de diciembre de 2012, el día de su funeral.

—Fue todo tan rápido, tan improvisado, que Chele no tenía un lugar asignado —recuerda su madre un día caluroso de este invierno seco.

El día anterior al del entierro habían velado el cadáver de José Rivera Padilla, “Chele”. La familia Orellana, propietaria del cementerio, le cedió a los Padilla un pequeño terreno. Orfa pagó el ladrillo y la argamasa, y sus hijos levantaron dos pequeñas tumba: una para su hermano, la otra para su ayudante, un hombre llamado Manuel.

Fue todo muy rápido: Chele había salido de casa el 6 de diciembre a las cinco de la mañana, como de costumbre, manejando el autobús de línea hasta la zona 1 de Ciudad de Guatemala. Pero a las nueve y media, a la altura de la ermita del Cerrito del Carmen, en pleno ombligo de la capital, lo asesinaron junto a Manuel. Llevaba un año trabajando como piloto.

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