Hemingway y su pasión por el mar
El escritor estadounidense dedicó a Cuba su mayor obra: El viejo y el mar.
julio 24, 2019

La Habana fue su hogar. Durante 22 años, Ernest Hemingway encontró en Cuba un refugio e hizo del mar su santuario. Era 1928 cuando el periodista y escritor estadounidense visitó la isla por primera vez. Adiós a las armas, su segunda novela, estaba previa a ser publicada y aquel paraíso tropical fue testigo del proceso que permitiría las últimas líneas. Su estancia fue corta, se dirigía a Cayo Hueso, Florida y el puerto cubano era solo una escala. Es verdad que lo suyo con la isla no fue un flechazo inmediato, pero regresó a ella años más tarde y tras varios encuentros con sus aguas, el escritor no tardó en en desarrollar un vínculo entrañable por la isla.

Aventuras, guerras, mujeres y borracheras, fueron constante en la vida de Ernest Miller Hemingway, nacido el 21 de julio de 1899 en Oak Park, Illinois. Fue uno de los siete hijos del matrimonio entre Grace Hall, una cantante de ópera, y Clarence Edmonds Hemingway, un médico, ambos vislumbraban para su hijo un futuro en la música o en la medicina. Pero Hemingway, siempre aventurero, rechazó ambos caminos y entregó su vida a la escritura. Comenzó como reportero en el Kansas City Star en 1917, de ahí adoptó un estilo en donde la precisión no solo caracterizó su trabajo periodístico sino que definió sus textos de ficción. Sus andanzas lo llevaron a ser corresponsal de guerra.

Durante mucho tiempo estuvo fuera de Estados Unidos. Residió en Francia, pasó tiempo en España y en Canadá vio nacer a algunos de sus hijos. En cada uno de esos sitios logró reportajes y libros poderosos, su estilo conseguía que el lector conectara de inmediato son sus textos. Sin embargo, Cuba fue su lugar, el sitio en donde no solo podía escribir sino que se sentía en casa. A la isla regresó con su tercera esposa, la reconocida corresponsal de guerra, Martha Gellhorn. Alquilaron la Finca Vigía en la Habana y siguieron escribiendo. Los Hemingway no tardaron en consolidar su empatía, respeto y amistad con el pueblo cubano. Fue en este territorio en donde Ernest Hemingway logró una de sus mejores y más populares obras, Por quién doblan las campanas, una novela sobre la Guerra Civil española; obra que le mereció una nominación al Premio Pulitzer en 1941.

Ernest Hemingway regresaba constantemente a la isla. Nunca se desprendió de su espíritu aventurero, los textos siguieron surgiendo y Cuba se convirtió en un personaje clave en muchos de ellos. Después de algunos años, se hizo de la Finca Vigía pero también tenía a Pilar, un bote de pesca atrancado en Cojímar, un pueblito de pescadores en donde el escritor logró desconectar y vivir una de sus grandes pasiones. La pesca lo llevó a Cuba, lo mantuvo ahí y se convirtió en el argumento de su mayor obra: El viejo y el mar. Después de algunos años poco productivos, el escritor tuvo un regreso triunfal a las letras con la historia de Santiago. El viejo y el mar, un libro que se mantuvo 26 semanas en la lista de Best Seller del New York Times y con el que consiguió el Premio Pulitzer en 1953. Un año más tarde, en 1954, su trayectoria fue reconocida con el Premio Nobel de Literatura.

El escritor, considerado uno de los principales novelistas y cuentistas del siglo XX, aprendió la pesca desde pequeño y, sin duda, le tomó especial cariño durante su estancia en Cuba, lugar en donde pasó la mitad de su vida como escritor. “Un hombre puede ser destruido, pero no derrotado”, enfatizó Ernest Hemingway en El viejo y el mar. Y efectivamente, en la historia, Hemingway destruye a Santiago, un viejo pescador a quien parece que la suerte lo ha abandonado. En reiteradas ocasiones, el escritor señala que si se trata de conseguir una pesca abundante, Cuba es el lugar ideal. Sin embargo, en su historia, a Santiago lo despoja de esa fortuna. El viejo tras más de 80 días sin conseguir un pez decide dejar atrás su creencias y se aventura a una parte desconocida del mar en búsqueda de buena pesca.

Ernest Hemingway expone a Santiago a una lucha interna, imprime en su personaje su propia esencia. Esa batalla en donde la desesperación y orgullo lo lanzan a emprender una nueva aventura. El escritor iba por una nuevo texto, el pescador ansiaba conseguir un pez. Ambos lo logran, su pescador, ese con el que rinde homenaje a Cuba, logra atrapar un enorme pez espada. Tras conseguirlo,  Hemingway se encarga de resaltar que ahí no termina la misión. El verdadero reto está en regresar a tierra con ese gran manjar. A través de líneas cortas en las que muestra el choque de sentimientos y preguntas de aquel viejo, Hemingway logra que el lector sienta lo que aquel pescador. La ansiedad, la desolación, los segundos de grandeza, pero también el choque con la realidad. En medio de la soledad, Santiago se enfrenta a un mar infestado de tiburones. El escritor enfrenta al hombre y la naturaleza.

El viejo y el mar es una suerte de fábula en donde Hemingway expone la percepción de triunfo y la derrota. El escritor muestra un diálogo interno en donde muchas cosas se ponen a prueba, la religión, los valores y la confianza en sí mismo. Expone a Santiago al reflejo de sí mismo, una lucha necesaria que pone a prueba al lector. Santiago consigue regresar al puerto, su cuerpo está lastimado, su anhelado pez está casi consumido y su sueño por alimentar a muchos, queda casi evaporado. El viejo se siente vencido, pero la gente reconoce su hazaña y su valor. Al igual que su personaje, Hemingway logró un regreso colosal al mundo de la literatura. El viejo y el mar no solo es una vivisección al deseo, sino el producto de un escritor que se adentró al corazón de un sentimiento, el del hombre cubano que, cercado por la marea, contempla al mar como lo más íntimo, pero a su paso, lo infinitamente incógnito.


 

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