Piden a México tomar partido ante la crisis en Venezuela
Durante el Oslo Freedom Forum especialistas pidieron al gobierno de AMLO dejar atrás la neutralidad.
febrero 27, 2019

“El silencio de ahora contradice el actuar de México en el pasado”, manifestó el expresidente boliviano, Jorge “Tuto” Quiroga, durante el primer Oslo Freedom Forum (OFF) celebrado en América Latina. “Si eres neutral en situaciones de injusticia, has elegido el lado del opresor”, dijo citando al clérigo pacifista Desmond Tutu, uno de los principales artífices ideológicos de la Sudáfrica post-Apartheid.

Human Rights Foundation (HRF), organizadora del OFF, celebrado el pasado 26 de febrero en Ciudad de México, señala que en el mundo existen al menos 93 regímenes autoritarios, y que en consecuencia, cerca del 53% de la población mundial vive bajo este tipo de gobiernos. De estos casos, cuatro están en América Latina: Bolivia, Cuba, Nicaragua y Venezuela. Este último país, bajo el régimen de Nicolás Maduro, ha protagonizado una intensa discusión internacional en la que México ha expresado poco. La postura de “hermano mayor”, como la describió Quiroga, ha levantado muchos cuestionamientos dentro y fuera del país, a lo que la administración de Andrés Manuel López Obrador, cobijada por la doctrina Estrada, se ha limitado a sostener el principio de no intervención.

Sin embargo, al mirar hacía atrás en la diplomacia mexicana se puede probar que dicha doctrina, que data de 1930, ha sido utilizada a modo, pues aún teniendo como elementos rectores los principios de libre autodeterminación de los pueblos y de no injerencia en los asuntos internos de otros países, la nación no se detuvo para manifestarse contra las dictaduras en Chile bajo el régimen de Augusto Pinochet, en Nicaragua con Anastasio Somoza y en España con Francisco Franco. La crisis en Venezuela no ha corrido con la misma suerte, pues a pesar de que la mayoría de los países de América Latina y Europa han reconocido a Juan Guaidó como “presidente encargado” de ese país, para México el legítimo mandatario continúa siendo Maduro.

Nicolás Maduro y su esposa en su visita a México con motivo de la toma de protesta de López Obrador el 1 de diciembre de 2018 / Foto vía Twitter @NicolasMaduro

“Es una posición incoherente”, apuntó “Tuto” Quiroga, recordando que durante los últimos meses de la administración de Enrique Peña Nieto, México había sido uno de los países que había impulsado a través del Grupo de Lima una postura más dura ante el gobierno de Maduro, e incluso habían desconocido el sufragio del 21 de mayo de 2018, que le concedió la reelección con el 68% de los votos, a pesar de que la tasa de participación resultó inferior a 46%, según las autoridades electorales. En aquella ocasión, México calificó de “régimen autoritario” al gobierno bolivariano.

México no otorga reconocimientos

Durante su intervención en el Oslo Freedom Forum Javier El-Hage, director de Human Rights Foundation (HRF) enfatizó que a pesar de los problemas en materia de Derechos Humanos a los que se enfrenta México, para los estándares internacionales, se considera un país en democracia debido a la activa participación de la sociedad civil y la prensa. No obstante, la reciente postura del gobierno de López Obrador frente a la crisis venezolana, ha sido suficiente para ser encasillado por medios internacionales en el grupo de países con gobiernos autoritarios que apoyan a Maduro, tal es el caso de Rusia, Turquía, China y Bolivia. “Naciones que se protegen entre ellas”.

A pesar de la presión internacional, la Doctrina Estrada se mantiene como el argumento de México para mantener su postura neutra. Al menos así lo explicó el subsecretario mexicano para América Latina y el Caribe, Maximiliano Reyes Zúñiga, ante la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado de ese país. Pero este no ha sido el único gesto que el gobierno de López Obrador ha tenido con el de Maduro, tan solo el pasado 1 de diciembre, el entonces presidente de Venezuela fue uno de los tantos mandatarios invitados a la toma de protesta de AMLO, una acción que no solo le costó rechazo a nivel nacional por parte de bancadas de otros partidos ajenos a Morena, tal como fue el caso del Partido Acción Nacional, sino también una serie de críticas en el panorama internacional.

Dichas acciones de camaradería han sido recíprocas por parte de los dos mandatarios. En el caso de Maduro, durante su investidura del pasado 10 de enero, el presidente venezolano gritó: ¡Viva, México!

La Doctrina Estrada, como mecanismo diplomático fue creado por Genaro Estrada Félix, el secretario de Relaciones Exteriores de México en 1930. En este documento se formalizó que el país “no se pronuncia en el sentido de otorgar reconocimientos, porque considera que ésta es una práctica denigrante que, suele herir la soberanía de otras naciones, coloca a éstas en el caso de que sus asuntos interiores puedan ser calificados en cualquier sentido por otros gobiernos, quienes, de hecho, asumen una actitud de crítica al decidir, favorable o desfavorablemente, sobre la capacidad legal de regímenes extranjeros”.

 

El presidente de la Asamblea Nacional se autoproclamaópresidente encargado de Venezuela al desconocer reeleción de Maduro / Foto vía Getty Images

“Ya pasó el tiempo en el que desde el extranjero se ponían o quitaban presidentes al antojo de las hegemonías. Son otros tiempos y los pueblos tienen que autodeterminarse. Eso es lo más adecuado, no es estar a favor o en contra, es no intervención, autodeterminación de los pueblos”, señaló el mandatario mexicano respecto a la tensión entre Maduro y Juan Guidó.

Maximiliano Reyes Zúñiga, afirma que a pesar de su postura ambigua, “México de ninguna manera renuncia a su preocupación y a su observancia por la situación humanitaria que se está viviendo en Venezuela, por el laceramiento que hay en los Derechos Humanos y la ausencia de democracia, que a todas luces es evidente”.

Mientras la crisis se agrava en Venezuela, ante la mirada de varios expertos y activistas internacionales, la actitud del presidente mexicano y la cancillería se percibe más que neutral, como una forma de justificación para “no impugnar gobiernos dictatoriales”.

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