Cómo funciona David Byrne
Tributo a una mente musical expansiva.
mayo 15, 2019

La fama y el éxito fueron sucesos que David Byrne no pidió, ni buscó. Aún cuando ya había conformado la banda con la que el mundo lo conoció, Talking Heads, él seguía pensando que no quería tener una carrera musical. Su discografía, que va de 1977 hasta 2018, dice lo contrario.

Hay que ser un hombre blanco muy seguro de sí mismo para sacar un disco de salsa, interpretar canciones de folk en la cafetería de su secundaria sin que nadie lo pidiera o dormirse durante un concierto de Led Zeppelin. Ese hombre es David Byrne.

Byrne nació el 14 de mayo de 1952 en Dumbarton, Escocia, en una familia que terminó por asentarse en Maryland, Estados Unidos. Nada sobresaliente ocurrió en su infancia y adolescencia, según sus declaraciones, aunque evidentemente las clases de violín, acordeón y guitarra marcaron su vida.

Para cuando entró a la universidad, el auge de la música folk llegaba a su fin y él, un joven tímido, creía que el género “necesitaba vigorizarse”. Así que decidió experimentar teniendo como público a los asistentes a la cafetería de su universidad. The Who, Crosby Still & Nash y The Kinks sonaron en una versión de Bryne para los estudiantes.

“Me parece recordar que funcionó. ¡No habían oído esas canciones! (…) y como yo las tocaba con más energía que un artista folk corriente, la gente escuchaba”, recordó en 2012 en su libro autobiográfico Cómo funciona la música.

Quien hasta entonces se había considerado “increíblemente tímido” descubrió así su destino y su forma de expresión.

“Tocar me parecía no solo una manera de ‘hablar’ en otro lenguaje, sino también un medio de entablar una conversación”, aclaró el músico, quien desde joven fue diagnosticado con una variante del síndrome de Asperger.

Al graduarse como artista plástico, Byrne seguía algunas bandas de rock en sus presentaciones, pero aún así no se convencía de que él tenía la presencia y técnica para hacerlo.

Además, durante un festival musical en Bath, Londres, donde se quedó dormido durante la presentación de Led Zeppelin, vio cerrar a Dr. John. Entusiasmado con el funk, el concierto lo maravilló, pero se fue muy decepcionado que el público le arrojara latas de cerveza.

“Me quedé desconcertado. Ahí estaba la actuación más original de todo el festival, programada para la peor hora y menospreciada por el público. Fue deprimente”, relató.

Un momento completamente opuesto fue cuando vio actuar a James Brown. Lo describió como el mejor concierto que había visto hasta entonces y se fijó en la coreografía, en el público y por supuesto en el protagonista de la noche.

“Esto también contribuyó a quitarme de la cabeza la idea de convertirme en músico profesional; esa gente estaba en la estratósfera y nosotros sólo éramos aficionados”, recuerda Byrne, quien sentía que con la experiencia de ser músico amateur le sería suficiente.

David Byrne, 1978

David Byrne, 1978

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El músico empezó a grabar “Psycho Killer” en modo acústico y le pidió ayuda a sus amigos Chris Frantz y Tina Weymouth. De hecho, fue la madre de Tina quien lo ayudó a trabajar las líneas en francés que aparecen en la canción.

Fue así que nacieron los Talking Heads. Ellos tres se conocieron en la Escuela de Diseño de Rhode Island en 1975 y el  guitarrista y tecladista, Jerry Harrison, se integró después.

Sus miembros -y el público que no sabía dónde acomodar a los Talking Heads- se autonombraron una banda de art-funk y durante los siguientes tres años tocaron en clubes pequeños. Perfecto para las expectativas de Byrne, quien seguía constantemente perseguido por el acto de Dr. John.

A partir de su segundo disco More songs about buildings and foods la banda colaboró con el músico experimental Brian Eno, quien se convirtió en un amigo íntimo de Byrne. Gracias a los arreglos de Eno, la banda saltó a la fama con su versión de Al Green, “Take me to the river”.

En 1979 lograron otro éxito con el sencillo “Life during wartime”, incluido en el álbum Fear of music, que puso en alto la consigna “This ain’t no party, this ain’t no disco (Esta no es una fiesta, esta no es una disco)”.  Una frase que muchos clubs usaron para oponerse a la música disco, un género al que Byrne nunca se opuso.

A los 31 años de edad, David Byrne junto a Talking Heads lanzó su mejor álbum hasta entonces, Speaking in tongues en 1983Es un disco mucho más movido en ritmos, con piezas como “Burning down the house”, “Speaking in Tongues” y “This must be the place (Naive Melody)”.

Tras ocho importantes álbumes de estudio, varias giras, videos y premios,  en 1991 se anunció la sorpresiva separación del grupo.

David Byrne anunció a Los Angeles Times que la banda ya no existiría. Por su parte, Tina y Chris dijeron que se enteraron por la misma vía que los lectores y que todo había sido decisión de Byrne.

“Él no se relaciona emocionalmente a las cosas. No puedes adivinar lo que está en su mente. Lo que dice y lo que hace son dos cosas totalmente diferentes”, dijo Tina en entrevista con el escritor de música, Dorian Lynskey.

Chris Frantz, quien también era esposo de Tina, ha dicho que Bryne la humilló y la marginó durante la conformación de la banda. Ella tuvo que audicionar tres veces durante su estancia en Talking Heads, algo que Byrne no le pedía a los otros integrantes.

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David Byrne.

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Aún en The Talking Heads, Byrne nunca dejó de trabajar en otros proyectos, como solista o en compañía. Se sentía atraído por otros géneros, así que los persiguió, y prefería acudir a clubes de salsa que a los de rock. En 1989 sacó Rei Momo, una disco de sonidos latinos que incluye una canción con Celia Cruz, de quien era fanático.

En marzo de 1995 colaboró con Selena para su último disco jamás grabado, Dreaming of you, donde se incluyó el sencillo “God’s Child (Baila conmigo)”. De acuerdo con Byrne, fue la última canción que Selena grabó antes de ser asesinada en 1995. La pieza fue incluida en el soundtrack de la película “Blue in the face”.

“Contrarió a lo que insinuaban, soy bastante quisquilloso a la hora de elegir con quien colaboro”, escribe en Cómo funciona la música, quizás en respuesta a que el sitio de música Pitchfork publicó una vez que “David Byrne colaboraría con cualquiera por una bolsa de Doritos”.

En 2001 produjo el disco Look into the eyeball donde experimentó con sonidos tipo brass y su carrera tomó de nuevo un ritmo sorpresivo.

Pocos años después se involucró en varias producciones musicales, entre ellas “Here lies love”, una opera disco en colaboración con Fatboy Slim, inspirada en la vida de Imelda Marcos, la ex primera dama de Filipinas. El disco de 2005 incluye colaboraciones con SIA, Florence Welch, Tori Amos, Cyndi Lauper, St. Vincent y Santigold.

Interesado siempre en experimentar, en 2008 convirtió el muelle municipal de Nueva York en un instrumento musical, al conectar la estructura a un órgano como parte de la instalación “Playing the Building”.

Ese mismo año se reunió con Brian Eno para hacer el disco Everything that happens will happen today, un trabajo mucho más centrado en la experimentación tecnológica, electrónica y hasta gospel, que se puede percibir en las canciones “Life is long” y “One Fine Day”.

En 2012 colaboró junto a Annie Clark para hacer el disco “Love This Giant”, que fue muy bien recibido. David Byrne es un artista con la capacidad de reinventarse y representar mucho más que a su época, que sería en todo caso la del ’77 junto a Blondie y los Ramones.

Es un músico que ha parado de componer y nada indica que lo hará. Alguien le preguntó alguna vez sobre los estudios científicos que indican que que el 69 % de las personas creativas padece de trastornos mentales. Bryne respondió que eso abonaba al mito del artista “pirado y poseído por demonios”.

“Realmente espero que no haga falta estar loco para ser creativo. Quizá haya algún tipo de trastorno que pone la pelota en juego, pero me inclino a pensar que puedes controlar tus demonios y seguir creando”.

En 2018 David Byrne American Utopia, su séptimo disco solista, con el que comenzó una gira que -como siempre- fue garantía de un espectáculo digno de una mente como la suya, repleta de teatro, ópera, música, performance y la vara alta que encontró en James Brown.


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