Peti, el surfer dorado. Un relato carioca - Gatopardo
Música

Peti, el surfer dorado. Un relato carioca

¿Quién era Peti, el surfer y conquistador serial detrás de una de las canciones más escuchadas de Brasil? A cuarenta años de la canción “Menino do Rio”, los cariocas mantienen vivo el recuerdo de quien inspirara al músico Caetano Veloso.

En 1979, Caetano Veloso compuso una canción que le disputó el podio a Garota de Ipanema, de Tom Jobim y Vinicius de Moraes. Caetano había regresado de su exilio inglés en 1972 y pasaba sus días en la playa de Ipanema, más precisamente alrededor de un muelle que congregaba a músicos, artistas, poetas y surfers, entre los que estaba un joven llamado Jose Arthur Machado a quien le decían Peti.

Una noche de 1980, en poco más de una hora, Peti se convirtió en Menino do Rio. Menino do Rio / Calor que provoca arrepio / Dragão tatuado no braço / Calção, corpo aberto no espaço / Coração de eterno flerte, adoro ver-te (Chico de Rio / Calor que te hace temblar / Dragón tatuado en el brazo / Short, cuerpo abierto en el espacio / Corazón de eterno flirteo, adoro verte). No sólo Caetano: todos adoraban ver a Peti, caminar por la arena con su tabla bajo el brazo. Veintitrés años, metro ochenta, los hombros en una línea perfecta, brazos y piernas fuertes y elásticas, sin artificios de gimnasio ni anabólicos. Mechas rubias, desprolijas, desteñidas por horas de sol y de sal, y una mirada que siempre apuntaba al horizonte. Camino a la orilla o de vuelta del mar, todos los hombres y mujeres querían tenerlo o parecérsele.

Peti y Caetano se hicieron amigos en la playa, cuando Caetano todavía no era una estrella internacional, sino uno más del grupo de músicos bahianos que se había instalado en Rio. Formaban parte de una especie de aldea hippie que se reunía alrededor del muelle de Ipanema, el “píer”, levantado en 1971 a la altura de la calle Teixeira de Melo.

Los alemanes acuñaron el término zeitgeist para nombrar lo que representa el espíritu de una época. A veces es un café, como Le Select de Montparnase, que concentraba la boheme de los años veinte en París, o una calle, como la 52 en Nueva York, en los cuarenta, conocida como “La Calle” que reunía los clubes de jazz, o un libro como Rayuela, de Julio Cortázar, que captó como pocos el clima de los sesenta. En Rio, en los años setenta, fue ese adefesio de 250 pilares de hierro que sostenían una pasarela de madera, construido para apuntalar las cañerías de desagüe que llegaban hasta el mar. Se adentraba 150 metros, interrumpiendo la bahía que forman Ipanema y Leblon, desde las rocas de Arpoador hasta los cerros Dos irmãos que cierra Leblon. Los ingenieros diseñaron una estructura que pudiera soportar “la ola del siglo”, un fenómeno que puede traer cada cien años olas de más de diez metros. Sin embargo, el muelle fue demolido cuatro años después, en 1975.

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