Pyotr Illych Tchaikovsky, el triunfo de lo sombrío
Su obra cambió la percepción de los románticos para las siguientes generaciones.
abril 9, 2019

“Este extraño, salvaje, ultra moderno y extremadamente complejo concierto ruso es una composición de Peter Tchaikovsky, un joven profesor del Conservatorio de Moscú. (…) Todo muy brillante y emocionante. Pero, ¿llegaremos algún día a amar tal música?” fue una de las críticas que le hicieron en Estados Unidos al debut de su “Concierto No. 1 para piano”, en octubre de 1875.

El concierto para piano que abrevia el estilo dramático de Pyotr Illych Tchaikovsky recibió críticas antes de estrenarse, entre ellas las de su colega del Conservatorio de San Petersburgo, Nicolás Rubinstein. De acuerdo con cartas escritas por Tchaikovsky, tras escuchar la pieza, Rubinstein se enfadó con el compositor y lo tildó de vulgar y torpe.

La pieza, originalmente dedicada a Rubinstein, redirigió sus honores al pianista Hans von Bülow, quien supo apreciar mejor la obra.

Von Bülow se mostró agradecido por tal estima y decidió estrenar el 25 de octubre de 1875 el “Concierto No.1 para piano” de Tchaikovsky en Boston, donde fue ovacionada. En Rusia, su lugar de nacimiento, no tuvo tal respuesta: el público adoptó una postura similar a la de Rubinstein e incluso está registrado que el crítico de música Nikolai Soloviev, un mes después, escribió para un periódico de San Petersburgo que el concierto era como “el primer hot cake”, un fracaso.

Tras el éxito mundial de la pieza, Rubinstein se arrepintió y optó por interpretar en sus conciertos la obra de Tchaikovsky. Sin embargo, hasta el día de hoy hay músicos siguen estando de acuerdo con su opinión inicial, argumentando que hay pasajes en los que algunas notas no son perceptibles.

Tchaikovsky sentado en el jardín de su propia casa en Frolovskoe.

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Pyotr Ilych Tchaikovsky nació en lo que hoy se conoce como Udmurtia, Rusia, el 7 de mayo de 1840.

Una noche, el sueño del pequeño Pyotr se interrumpió de golpe y se despertó gritando y agitado. Cuando su institutriz le preguntó qué ocurría, el joven prodigio le dijo aún exaltado algo sobre “una música”.

“¡Deshazte de ella! Está aquí y no me deja en paz”, le decía a su cuidadora, pero alrededor no había más que silencia.

Tchaikovsky tomó clases de piano con Maria Palchikova, una mujer virtuosa a la que el joven músico siempre recordaría y le estaría agradecido. De acuerdo con varias historias, durante el primer año de estas lecciones musicales, Pyotr superó a su maestra en ejecución musical.

Como hijo de un ingeniero minero, fue enviado a la Escuela Imperial de Jurisprudencia mientras estudiaba informalmente piano y canto.

Podría decirse que hasta los 22 años, Tchaikovsky tuvo lo que parecía una vida promedio en Rusia. Después de graduarse de la escuela, el músico trabajó en el Ministerio de Justicia de San Petersburgo, en un puesto en el que no se sentía cómodo porque le resultaba aburrido y rutinario.

Aún así, se rehusó a dejar el estudio musical y se unió al grupo coral del Ministerio. Sin embargo, al no ver futuro en ese empleo, Tchaikovsky renunció y comenzó a estudiar música en el Conservatorio de esa ciudad, donde pronto adquirió un lugar en la orquesta y sobrevivió económicamente dando lecciones de música.

El Conservatorio de Música de San Petersburgo tenía como primer director a Anton Rubinstein, quien fue bastante crítico con el trabajo de Tchaikovsky desde sus años escolares. Al finalizar sus estudios musicales en 1865, el hermano de Anton, Nikolai Rubinsten, le ofreció un puesto como profesor de armonía por los próximos cinco años.

Apenas un año después, el pianista ya había compuesto su “Sinfonía no. 1”, conocida como “Sueño de invierno”.

En 1869 presentó “Romeo y Julieta” y junto con “Sueño de Invierno”, piezas que compartían los sonidos y armonías inconfundibles de la herencia nacionalista rusa.

A partir de 1874 compuso “Vakula, el herrero”, una ópera en la que se asomaba un Tchaikovsky más jovial. Para mediados de esa década, el compositor la revisó y estrenó como “Cherevichki” o “Los zapatitos”.

Después de que el violinista Iosif Kotek le hablara bien de él a Nadezhda Von Meck, una viuda de la élite en Rusia, ella comenzó una relación epistolar con Tchaikovsky. Sobre todo porque ella ya había sido testigo del virtuosismo del músico luego de escuchar “La Tempestad”, una obra de 1873.

Tchaikovsky y Vladimir Davydov

Tchaikovsky y Vladimir Davydov.

Von Meck acababa de adquirir la herencia que le había dejado su esposo y fue su relación con ella lo que propició la creación de casi toda la obra musical de Tchaikovsky, pues ella se convirtió en su mecenas y en su confidente más íntima, un vínculo fortalecido con cada carta que intercambiaban, pues ella pidió explícitamente que nunca se encontraran.

El compositor le dedicó a Nadezhda la “Sinfonía No. 4”, una obra de cuatro movimientos creada en 1877 y estrenada al año siguiente. Gracias al intercambio de letras entre ambos se sabe lo que pasaba por la mente del compositor en el momento de su creación.

En año, Tchaikovsky experimentaba una presión mental insoportable y conoció a Antonina Miliukov, una estudiante del Conservatorio que estaba enamorada de él. Comenzaron a intercambiar cartas. El compositor, soltero a los 37 y aguantando los rumores de su preferencia sexual, optó por contraer matrimonio con Antonina. Una relación sin futuro.

El matrimonio le trajo desesperación e infelicidad, que confesaba en sus cartas a Von Meck, como si ella pudiera hacer algo más que consolarlo. La pareja se separó meses después del matrimonio, lo cual aunó a su desesperación.

“No hay ni una sola línea en esta Sinfonía que no haya sentido en toda mi existencia y que no haya sido un eco sincero del alma”, le escribió.

En ese mismo año se estrenó “El Lago de los Cisnes”, obra musical que en su momento calificaron como “muy complicada para el ballet” y recibió poca atención, en los próximos años el ballet fue modificado considerablemente tanto en la coreografía como en los arreglos musicales y se convirtió en el más famoso de la historia.

Las críticas que recibía sobre sus trabajos musicales hablaban de dramatismo y fantasía, del triunfo sobre lo sombrío y de la desesperación que plasmaba en sus tórridas composiciones. Así se aprecia en piezas como la famosa “Obertura 1812”, el último acto de “El lago de los cisnes” y su última “Sinfonía Patética”.

Durante los siguientes años sus creaciones fueron constantes e imparables, pues sentía presión de hacerlo en gratitud al dinero que le entregaba por Von Meck y el Estado, que le encomendaba obras nacionalistas, inspiradas por ejemplo en algunos eventos del imperio de Alejandro III en 1881.

La aclamada “Obertura 1812”, de 1882, fue compuesta para conmemorar la batalla de Borodinó, luego de que Nikolai Rubinstein le pidiera crear una obra que evocara simbolismos patrióticos y triunfalistas para celebrar. Algunos biógrafos del compositor señalan que Tchaikovsky nunca sintió un gran entusiasmo por esta pieza.

Poco después el compositor ruso decidió visitar Italia, donde compuso “Eugene Onegin”, una ópera basada en el trabajo de uno de sus ídolos más grandes: Alexander Pushkin.

Tras pasar un tiempo viajando por el continente, regresó a Rusia a finales de la década de 1880, donde terminó el ballet de “La Bella durmiente” para ver su estreno en enero de 1890 en San Petersburgo.

En estos años su trabajo fue muy bien recibido en su país, pues adquirió puestos importantes en el Conservatorio de San Petersburgo y el zar Alexander le ofreció una pensión vitalicia. En ese contexto compuso la Sinfonía No. 5, más reflexiva, sin dejar de ser emocional.

Más adelante el compositor retomó los viajes a Inglaterra y Estados Unidos, donde trabajó la música para el ballet de “El Cascanueces”, que se estrenó en 1892 y que le trajo grandes elogios, en medio de una creciente crisis de ansiedad y depresión reflejada en sus cartas hacia Von Meck, quien dejó de responderle en 1890.

En agosto de 1893, Tchaikovsky terminó la Sinfonía No. 6 “la Patética”, su última obra maestra. Así lo describió él mismo, según la correspondencia encontrada más tarde. Esta es quizá su obra más profunda y vio la luz para el público el 28 de octubre de 1893.

Seis días después, el compositor murió de cólera a los 53 años.

Nadezhda, quien tiempo atrás había comenzado a financiar la carrera de Claude Debussy, falleció un año después.

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“Tchaikovsky era gay y aunque es cierto que no lo amamos por eso, fue un gran músico”, pronunció el presidente Vladimir Putin en un discurso apologético en 2013.

La polémica sobre su orientación sexual continúa a pesar de que en 2018 se publicaron y tradujeron varias cartas —el compositor escribió más de 5 mil en su vida— donde expresaba el deseo por otros hombres, en el libro The Tchaikovsky papers.

En pleno siglo XXI, tras el pronunciamiento de Putin, el ministro de Cultura de Rusia de ese año, Vladimir Medinsky negó que existan pruebas sobre su orientación sexual.

La obra de Tchaikovsky cambió la percepción de los románticos para las siguientes generaciones musicales. A través del ballet, la música clásica había llegado a las masas, aún cargada de toda esa depresión, ansiedad y los deseos inconclusos.


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