Zaha Hadid: un acercamiento a la "reina de la curva" - Gatopardo
Arquitectura

Zaha Hadid, deconstructiva

Recordamos la vida de la arquitecta iraquí, la primera mujer que recibió el premio Pritzker.

Cuando se habla de la vida de la arquitecta inglesa Zaha Hadid, se recuerda que fue la primera mujer reconocida con el prestigioso premio Pritzker, el más alto honor que puede recibir un arquitecto en el mundo. Que fue condecorada como Dama por la reina Isabel II gracias a sus servicios prestados a la corona inglesa. Que fue una revolucionaria al abordar diferentes estilos (especialmente el deconstructivismo) en sus obras y fue una reconocida académica que estableció una escuela que aún retiene la atención de las nuevas generaciones.

Además, independientemente de quien escriba o resuma su vida, en las biografías de la “reina de la curva”,  se leen frases como: es la más grande arquitecta que ha pisado el mundo en la historia.

A pesar de provenir de una sociedad conservadora en un periodo en el que las mujeres occidentales luchaban por recibir ciertos derechos que las comunidades femeninas de Asia y África aún buscan, Hadid, nacida el 31 de octubre de 1950 en Bagdad, no tuvo mayores problemas para desarrollar su talento y conseguir las herramientas para convertirse en una importante figura dentro de la clase alta iraquí.

El pensamiento liberal de su padre, Muhammad al-Hajj Husayn Hadid (confundador del Partido Nacional Democrático de Iraq) y el conocimiento de su madre, la artista Wajiha al-Sabunji, sembraron en ella un genuino interés por las artes. Tras estudiar en colegios de Inglaterra y Suiza, Hadid se inscribió en la Universidad Americana de Beirut (American University of Beirut), antes de mudarse a Londres y matricularse en la Escuela de la Asociación de Arquitectos (AA, por sus siglas en inglés), donde tomaría clases con los prestigiosos arquitectos Rem Koolhaas y Elia Zenghelis, quienes poco después la invitarían a sumarse a la Oficina Metropolitana de Arquitectura (OMA).

Descrita como “un planeta que giraba en su propia órbita” por Koolhaas, Hadid comenzó a destacar entre sus contemporáneos por su innovador estilo en el que abordaba con grandilocuencia el uso de curvas, cosa que le valió ser conocida por su círculo más cercano como “la inventora de los 89 grados”. En 1980, tres años después de graduarse del AA y convertirse en ciudadana británica, Hadid abrió su despacho de arquitectos, Zaha Hadid Architects, en Londres.

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Aunque ya se había ganado del reconocimiento del círculo arquitectónico europeo, el ambicioso diseño de sus primeras obras impulsó su reputación como una interesante nueva mirada en la arquitectura deconstructivista, a pesar de que algunas de sus propuestas nunca llegaron a construirse. El ejemplo más famoso de ello, fue la casa de ópera de Cardiff, cuya edificación fue cancelada por el gobierno galés en 1994, dado el arriesgado diseño y los costos que representaría su construcción.

En los primeros años de la década de los noventa, tras abandonar la dirección de su despacho y enfocarse en la docencia para las universidades de Harvard, Illinois, Hamburgo y Nueva York, Hadid finalmente comenzó a ver materializado su trabajo, producto de la concentración y uso de volúmenes livianos, formas puntiagudas y angulosas y la afortunada integración de sus edificios con el paisaje urbano. El cuartel de bomberos de la fábrica Vitra en Weil am Rhein, Alemania (hoy convertido en una galería); la renovación del Ski Jump de Berisel, Austria (ocupado para los Juegos Olímpicos de Invierno en 1964 y 1976); la creación del Centro de Arte Contemporáneo Rosenthal de Cincinnati, Estados Unidos y el diseño del Bar Moonsoon de Sapporo, Japón fueron algunos de sus más importantes primeros trabajos.

Con la llegada de un nuevo milenio, Hadid, ya consagrada al nivel de destacados arquitectos como Norman Foster y Santiago Calatrava, comenzó a ser invitada para diseñar e imprimir su estilo en obras que, como lo estableció el Museo Metropolitano de Nueva York, “desafiaban la lógica de la construcción”, tales como el Anexo del Museo Ordrupgaard de Copenhage, Dinamarca; el Centro de Ciencia Phäno de Wolfsburgo, Alemania; la sede central de BMW en Leipzig; el Centro Heydar Aliyev en Bakú, Azerbaiyán; el Pabellón de Zaragoza; el Museo Nacional de las Artes del Siglo XXI en Roma, Italia y el Centro Acuático utilizado en los Juegos Olímpicos de Londres 2012.

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Su trabajo tampoco pasó desapercibido por los académicos, quienes encontraron en cada uno de sus diseños una muestra de la belleza rebelde y el virtuosismo magnético que habitaba en Hadid. Recibió, entre otros, la Medalla de Oro del Diseño Arquitectónico en 1982, el Premio Erich Schelling de Arquitectura en 1994; el Premio a Diseñadora del Año en 2005; el premio Europeo RIBA en 2005, 2006, 2008 y 2010; la Medalla Thomas Jefferson de Arquitectura en 2007, la orden japonesa Praemium Imperiale en 2009 y el Premio Jane Drew por su contribución al rol de la mujer dentro de la arquitectura. El 31 de mayo de 2004, Hadid se convirtió en la primera mujer reconocida con el Premio Pritzker.

Además, su obra ha sido retomada por museos como el Guggenheim de Nueva York, el Museo de Diseño de Londres y la Galería Serpentine de Londres. Recientemente, el Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC – UNAM) presentó la primera exposición en Latinoamérica dedicada a los proyectos y el proceso creativo de Hadid.

Considerada como una figura clave en del deconstructivismo y la arquitectura moderna que definió los primeros años del siglo XX, Hadid falleció el 31 de marzo de 2016 víctima de un ataque cardíaco. Dejó como legado una arquitectura que rompió con todas las reglas que le precedieron y no se parece a la de nadie más.

*Fotografía de portada vía Getty Images.

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