Las luces mágicas de Mint Field
El dúo tijuanense Mint Field irradia pasión y energía con su álbum debut “Pasar de las luces”, con el que ya giran por el mundo.
abril 3, 2018

Amor Amezcua y Estrella Sánchez, que integran el dúo musical Mint Field, son dos chicas enérgicas, dulces y encantadoras. A primera vista, podría costar un poco imaginarlas comandando el escenario de un festival como Coachella, pero en 2016 –dos años antes de lanzar su primer álbum– ya representaban a México en ese icónico festival en el condado de Riverside, en California. En febrero de 2018, este dúo originario de Tijuana lanzó su álbum debut Pasar de las luces (Innovative Leisure) y con sus 13 tracks se fueron de gira por Europa y Estados Unidos y próximamente tocarán en la sexta edición de Ceremonia, el 7 de abril en el Centro Dinámico Pegaso, en Toluca, Estado de México.

Amezcua y Sánchez, ahora de 21 años de edad, empezaron su carrera musical en 2014 y un año después publicaron el EP Primeras salidas, que con su combinación de shoegaze, melodías vocales y elementos electrónicos les aseguró presencia en los escenarios de Coachella, South By Southwest y otros auditorios en su propio país. En entrevista con Gatopardo, ambas cuentan cómo ha sido su proceso de crecimiento musical en estos tres años y cómo fue ir a Detroit para grabar su primer LP.

“[Pasar de las luces] es un sonido más evolucionado, más seguro, más completo, más sólido. Tiene muchas texturas, muchas diferentes capas, sentimientos, melodías y estamos muy emocionadas porque ya se pueda escuchar”, cuenta Amor Amezcua, baterista. Mint Field grabó una primera versión del disco de manera casera, en Baja California, pero su manager y la disquera con la que firmaron –Innovative Leisure– les recordaron que ya tenían la posibilidad de crecer su música y pulirla en un estudio. Así llegaron con Chris Koltay, cuyo equipo fue el que terminó de convencerlas. “Antes de saber quién era él, vimos el equipo y vimos que había lo que necesitábamos”, agrega Estrella Sánchez, guitarra y voz.

Después de componer y grabar su propia música, trabajar en conjunto con un productor experimentado fue un reto. “Era nuestro disco y yo le decía que sabíamos cómo queríamos que sonara”, dice Sánchez. “Está padre trabajar con alguien que tiene una cabeza distinta a la tuya, porque a veces escuchas las mismas canciones y te puedes secar de ideas. Él venía muy fresco y siento que nos ayudó a abrir nuestros horizontes de muchas maneras”.

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De izquierda a derecha: Amor Amezcua y Estrella Sánchez.

“Es como una bomba que viene…”
Aunque el núcleo de Mint Field son Estrella y Amor, al principio contaban con el apoyo del bajista Andrés Corella, quien después de Coachella dejó la banda. Desde su salida, han trabajado con otros bajistas en vivo, el más reciente es Sebastián Neyra. Han sido muchos cambios en muy poco tiempo. “[Después de Primeras salidas] fue de ahí a Coachella y pasó esto y es como una bomba que viene y teníamos que saber tomarla porque es mucha atención, pero tampoco sabíamos si estábamos listas. Fue nuestro primer festival, fue una locura,” recuerda Estrella Sánchez. “Luego se salió este chico y volvimos a estar Amor y yo. Encontrar a alguien que pueda estar para ti cuando no es su proyecto es difícil, tiene que ser alguien muy apasionado o muy dedicado, entonces fue complicado”.

En ese lapso también pasaron de ser un emblema del do-it-yourself a tener un equipo real –la disquera– que las apoyara y ayudara a construir su proyecto de manera más sólida. Durante ese tiempo, la atención mediática que recibían, quizá por la cercanía entre Tijuana y San Diego, llegaba más por medios estadounidenses que por la propia prensa musical mexicana. Su sueño de tener disquera mexicana, de “hacerla en México” como dice Estrella, terminó en decepción.

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“Era algo que realmente queríamos”, agrega Amor Amezcua, quien ante los comentarios locales de que su música no era para su propio país, respondía que por qué no intentar que la gente las escuchara acá. “Por qué ignorarlo. Giramos en México y todavía lo queremos seguir haciendo, pero igual nos dimos cuenta de lo mal que está la industria en México.”

Para ellas, se trata de una industria que no apoya a las bandas emergentes y que está muy centralizada en la Ciudad de México. Cuando se dieron cuenta de que si no estabas en la capital del país, prácticamente no existías para los medios musicales, decidieron mudarse de su natal Tijuana. “Nos venimos para acá en enero del año pasado y justo fue por lo mismo. Ya veníamos mucho a tocar por acá… además en la Ciudad de México hay muchísima gente y siempre habrá gente en tus shows”, dice Amezcua.

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Cosquillas en la cabeza
Escuchar el álbum debut de Mint Field, Pasar de las luces, es una experiencia a la que debería dedicarse atención absoluta y evitar manejar maquinaria pesada. Sus trece cortes, entre los que destacamos “Temporada de jacarandas”, “Quiero otoño de nuevo” y “Para Gali”, fluyen al oído con una sensación de nostalgia que invade los sentidos y nos hace cosquillas en la cabeza. Es una especie de “piojito” mental que además muestra influencias de Brian Eno, Neu! y Cocteau Twins. “Desde que empezamos a tocar juntas nunca decidimos que había que hacer una banda que suena a esto; era lo que podíamos tocar, estructurar y componer con nuestras voces, manos y pies,” explica Estrella Sánchez.

En Pasar de las luces se perciben matices musicales de los distintos ritmos que tanto Amor como Estrella escuchan en su cotidianidad: ambient, crowd, rock psicodélico… “Siento que hay canciones que se nota que son más nuevas, como dos que tienen una drum machine,” cuenta Amor Amezcua. “Intentamos meter un buen de cosas distintas y no solamente guitarra, batería, voz y bajo. Es de verdad como el transcurso de un crecimiento en este disco”.

Así como su cercanía con la frontera entre México y Estados Unidos contribuyó al desarrollo de su carrera musical, también las ha acercado a otro tipo de problemáticas. Por ejemplo, en entrevistas parece inevitable que les pregunten qué opinan de Donald Trump o si su música es una reacción al racismo en Estados Unidos. “Creo que no necesitamos más de lo que hay. Creo que necesitamos algo que te toque de manera distinta, que te sensibilice un poco más, que te haga cosquillas”, dice Amezcua. “Es la manera en la que somos y creo que es genuina y natural; no pensamos que iba a ser así”.

“Tijuana, más que una frontera, es un lugar al que llega muchísima gente”, agrega Sánchez sobre su ciudad de origen, que en años recientes ha vivido un resurgimiento cultural importante. “Es multicultural, pero es un punto de la República muy extraño. Como que estás en México pero no estás en México, estás en Estados Unidos pero tampoco estás en Estado Unidos. Es como estar en medio del sándwich, eres como la lechuga… Hay mucha diversidad de artistas y de música; hay cosas buenas que resaltar y eso está muy padre”, concluye.

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