Una mirada inolvidable
Recordamos la vida de la mítica actriz inglesa Elizabeth Taylor, a 87 años de su nacimiento.
febrero 27, 2019

Muy pocas primeras actuaciones son memorables. Muchas veces son guiadas por la inexperiencia y otras simplemente son tan pequeñas que pasan desapercibidas. Sin embargo, la primera vez que Elizabeth Taylor apareció en pantalla —durante la película There’s One Born Every Minute, de 1942— fue lo suficientemente memorable para que fuera el inicio de una de las carreras más interesantes del Hollywood de antaño y una de las vidas más atractivas de la farándula cinematográfica.

En contraste con el título que significó su debut en el cine, ella era una de esas figuras que no nacían todos los días.

La familia de Elizabeth Rosemond Taylor, nacida el 27 de febrero de 1932 en Londres, siempre nunca fue ajena a los escenarios y escaparates artísticos. Su madre, Sara Viola Wambrodt, era  una actriz retirada que había trabajado bajo el nombre de Sara Sothern hasta su matrimonio con el vendedor de arte Francis Leen Taylor; por lo que no fue extraño que, en cuanto la pequeña Elizabeth comenzó a manifestar inclinaciones artísticas, recibiera inmediatamente el apoyo de sus progenitores.

A los tres años, Elizabeth inició su formación artística con clases de ballet, que sólo pudieron ser interrumpidas por el inicio de la Segunda Guerra Mundial. En 1939, la familia Taylor se mudó a Nueva York para posteriormente establecerse en Los Ángeles, donde el patriarca abrió una nueva galería. Ahí Taylor y su familia comenzaron a codearse con algunas de las figuras más importantes de la industria del entretenimiento.

A pesar de haber sido actriz durante su juventud, Sara Wambrodt no estaba lista para que su hija siguiera sus pasos. De hecho, la actriz retirada veía en una posible carrera de su hija un impedimento para regresar a Inglaterra después de que acabara la guerra. Por ello se negó a que Elizabeth Taylor audicionara para interpretar a la pequeña Scarlett O’Hara en Lo que el viento se llevó. Sin embargo, la inusual mirada de Elizabeth hizo que dos de los estudios más grandes del Hollywood de oro se interesaran en firmarla: MGM y Universal Pictures, quienes finalmente lograron amarrarla para la comedia There’s One Born Every Minute, estrenada en 1942.

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Elizabeth Taylor en There’s One Born Every Minute – Fotografía: Universal Pictures

Con tan solo diez años, Elizabeth Taylor había incursionado en la pantalla y cautivado a los espectadores. Después le siguieron una serie de películas juveniles en las que compartió créditos con algunos de los nombres más grandes de Hollywood, desde Angela Lansbury y Mickey Rooney, en Fuego de juventud (National Velvet, 1944) hasta la perra Lassie, en Lassie Come Home (1943). Después de una época en la que apareció en filmes como Mujercitas (Little Women, 1949) y El padre de la novia (Father of the Bride, 1950), Taylor se interesó por papeles más adultos y sólidos.

En 1951, interpretó a Angela Vickers, una insoportable mujer de alta sociedad que se interpone en el noviazgo de una mujer embarazada (encarnada por Shelley Winters), en Un lugar en el sol (A Place in the Sun), por la que fue altamente aclamada. Su siguiente papel importante sería el de Leslie, la esposa del joven terrateniente Jordan Benedict (Rock Hudson) en Gigante (Giant, 1956), de George Stevens. Su actuación en el filme, donde también compartió créditos con James Dean, llamó la atención del director Edward Dmytryk, quien la llamó para aparecer en el drama de época El árbol de la vida (Raintree County, 1957) adaptación de la novela homónima de Ross Lockbridge Jr.

En el filme, protagonizado por Montgomery Clift, Taylor interpretaba a Susanna Drake, una mujer sureña que contrae matrimonio con un profesor idealista (Clift) que justo acababa de abandonar a su novia de toda la vida (Eva Marie Saint). Sin embargo, el idilio con Susanna durará poco para el profesor, pues comienza a temer que su flamante esposa pueda desarrollar la misma enfermedad que llevó a su suegra a morir en un asilo para enfermos mentales. Por su trabajo en la película Elizabeth Taylor recibió su primera nominación al Oscar como Mejor Actriz.

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Elizabeth Taylor en el rodaje de Raintree County – Fotografía: MGM

Después le llovieron las ofertas a la actriz. Protagonizó La gata sobre el tejado caliente (A Cat on a Hot Tin Roof, 1958), adaptación de la obra de Tennessee Williams que le valió a Taylor su segunda nominación al Premio de la Academia; De repente en el verano (Suddenly, Last Summer, 1959), por la que recibió su tercera nominación al Óscar y su primer Globo de Oro; y Una mujer marcada (Butterfield 8, 1960), cinta de Daniel Mann en la que Taylor interpretaba a una modelo de lujo que se convierte en la amante por pago de un millonario neoyorquino.

Por su trabajo en la cinta, basada en la obra de John O’Hara, Taylor se convirtió en la primera mujer que obtenía cuatro nominaciones al Óscar consecutivas. Ese año finalmente se alzó con la estatuilla dorada; Taylor se había consagrado rápidamente como una buena actriz, ahora faltaba convertirse en una leyenda. Tres años después, en 1963, la intérprete consiguió ese grado tras protagonizar Cleopatra, considerada como una de las producciones cinematográficas más caras en la historia. Ahí también conocería a quien después llamaría “el hombre de su vida”, Richard Burton.

En 1966, Taylor rompería con la imagen de sensualidad y provocación que había incentivado durante la primera mitad de su carrera con una actuación desconcertante. En ¿Quién le teme a Virginia Woolf? (Who’s Afraid of Virginia Woolf?), adaptación de la obra homónima escrita por Edward Albee, Taylor interpretó a Martha, una mujer autodestructiva que invitaba, junto con su esposo George (Burton), a una joven pareja a su casa un sábado por la noche a cenar. El encuentro entre ambas parejas desata un cruel juego en el que las verdades y mentiras salen a la luz entre comentarios agresivos y reveladores. Por su trabajo en el filme, dirigido por el también director de teatro Mike Nichols, Taylor recibió su segundo y último Óscar a Mejor Actriz.

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Elizabeth Taylor en una de las escenas de Who’s Afraid of Virginia Woolf? – Fotografía: Warner Bros. Pictures

La voraz actuación en Virginia Woolf? curiosamente contrastó con la oferta de trabajos que se le ofrecieron en los años siguientes. Siguiendo una cruel costumbre del Hollywood de cualquier época, a Taylor le ofrecían papeles que respondían a la interpretación de su pareja, Burton. Así fue como protagonizaron Doctor Fausto (Doctor Faustus, 1967); Los comediantes (The Comedians, 1967); La fierecilla domada (The Taming of the Shrew, 1967); El ángel de la muerte (Boom!, 1968), Bajo el bosque lácteo (Under Milkwood, 1972) y Pacto con el diablo (Hammersmith is Out, 1972).

Durante las décadas siguientes, el trabajo de Taylor se diversificó en cine, teatro y televisión con resultados mixtos, destacando solo a la película El pájaro azul (The Blue Bird, 1976), de George Cukor y la película para televisión Dulce pájaro de juventud (Sweet Bird of Youth, 1989), también basada en una obra de Tennessee Williams.

Aunque su trabajo se vio limitado en la pantalla, su vida pública se hizo aún más importante. Mientras algunos medios destacaban sus múltiples matrimonios con figuras como Eddie Fisher, Richard Burton y Larry Fortensky, y otros hablaban sobre su extraña relación con el astro del pop Michael Jackson; Taylor dedicó sus últimos días a realizar activismo en pro de la lucha contra el VIH. Afectada por la muerte de su amigo Rock Hudson, una de las primeras víctimas del virus del SIDA en Hollywood, Taylor colaboró con asociaciones dedicadas a la investigación de la enfermedad. En 1992, se le otorgo el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia por su activismo.

Completamente retirada de la vida pública, Elizabeth Taylor falleció el 23 de marzo de 2011 en el hospital Cedars-Sinai de Los Ángeles, rodeada de sus cuatro hijos: Michael y Christopher, producto de su relación con Michael Wilding; Elizabeth Frances, hija del productor Michael Todd; y Mary, adoptada durante su matrimonio con Eddie Fisher. Ese fue el último día que se pudo apreciar aquella mirada que cautivó al mundo entero.


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