Max von Sydow: La omnipresencia del cine - Gatopardo
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Max von Sydow: La omnipresencia del cine

El intérprete hizo más de 150 películas en las que cruzó idiomas, países y géneros. Fue uno de los actores más importantes de ambos siglos en los que vivió y un constante generador de empatía y reflexión. 

— ¿Vienes por mí?
— He estado mucho tiempo a tu lado.
— Eso lo sé.
— ¿Estás listo?
— Mi cuerpo tiene miedo, pero yo no.

Este es el primer intercambio entre el decepcionado caballero Antonius Block, que regresa de las Cruzadas a una Dinamarca devastada por la plaga, y la contemplativa Muerte, que busca llevarse su alma. Como última esperanza, Block le propone un juego de ajedrez. De perder, el caballero se iría con la muerte, y si gana, ésta lo dejaría libre. Así comienza una de las más memorables reflexiones alrededor de la angustia existencial en el cine. El Séptimo Sello, una de las obras más reconocidas del sueco Ingmar Bergman, apoya su peso dramático e intelectual en dos figuras: Bengt Ekerot, quien interpreta a la severa Muerte, y Max von Sydow, quien hace del caballero en busca de respuestas que no existen.

En una carrera que duró más de seis décadas y terminó el 9 de marzo de 2020, Max von Sydow perfeccionó a través de decenas de historias un personaje que, a través del silencio y una potente mirada, representó a una humanidad en eterna encrucijada, atrapada en un diálogo interno entre la aflicción, la empatía, la oscuridad y la redención. 

el séptimo sello

El Séptimo sello. Foto: The Criterion Collection.

Nacido bajo el nombre de Carl Adolf von Sydow, el 10 de abril de 1929 en Lund, Suecia, adoptó el apodo de “Max” en honor la pulga estelar de un espectáculo de estos insectos que descubrió mientras hacía su servicio militar.

Su interés siempre estuvo en la actuación y en cuanto pudo se unió al prestigioso Teatro Dramático Real, institución que del siglo XVIII, en la que Eugene O’Neil decidió estrenar Largo viaje hacia la noche. Fue gracias a su desempeño sobre el escenario que conoció a una persona clave en su carrera: Ingmar Bergman aunque aún antes de que eso sucediera, von Sydow ya era considerado una de las promesas de la actuación escandinava.

Su debut cinematográfico fue en 1949 con la película Only a Mother de Alf Sjölberg, pero no fue sino hasta 1955 que dejó Estocolmo para mudarse a la ciudad de Malmo a trabajar en la compañía de teatro local, con la cual Bergman estaba cercanamente asociado. Poco tiempo después von Sydow estelarizó la primera de once colaboraciones que la dupla tendría en el cine: El Séptimo Sello,  hoy considerada una de las mejores películas de la historia.

En 1958, después de hacer otras tres películas juntos (que incluyen clásicos como Fresas Salvajes o El Rostro), Ingmar Bergman regresó a Max von Sydow para ocupar un papel estelar en The Virgin Spring (estrenada en latinoamérica como El Manantial de la doncella), una historia de crimen ambientada en el medioevo. Ganadora del premio a Mejor Película Extranjera en los premios Oscar, la película construyó los cimientos para cientos de las que vendrían después a explotar temas el tema de la venganza.

Esta historia Max von Sydow dio una de las actuaciones más emotivas y memorables que se han impreso en celuloide, pasando de la ira al arrepentimiento rápidamente, y dejando en evidencia una fragilidad humana impresionante. 

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The Virgin Spring. Foto: Janus Films.

Reflexionando sobre este personaje para el New York Times, el actor dijo lo siguiente: “La ira crece lentamente dentro de él hasta que finalmente explota y asesina. Es un proceso lenta y meticulosa en la que Bergman ocupó mucho tiempo y pensamiento para construir una emoción que eventualmente drena”.

Durante la primera mitad de los años sesenta, von Sydow rechazó varias ofertas para actuar en Hollywood, optando por fortalecer su carrera en Suecia con películas como A través del espejo y Luz de invierno, ambas dirigidas por Ingmar Bergman. No fue sino hasta 1965, dirigido por George Stevens, que von Sydow aceptó participar en La más grande historia jamás contada, donde interpreta, nada más y nada menos, que a Jesús de Nazaret.

A pesar del pobre recibimiento de esta película, el actor mantuvo su vínculo con Estados Unidos sin dejar Suecia. Un año después de su debut norteamericano, von Sydow se alió con George Roy Hill —icónico director de películas como Butch Cassidy and the Sundance KidSlaughter-house Five— para el dama histórico Hawai, junto con Richard Harris y Julie Andrews. Y de vuelta en Suecia estelarizó Vergüenza y La Hora del Lobo, ambas con Bergman y coestelarizadas con Liv Ullman. 

Sin embargo, a partir de los años 70 Max von Sydow no volvió a ostentosos papeles principales. Su carrera lo transformó en el actor de reparto por excelencia.

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Max von Sydow en El Exorcista.

Pero esto no frenó en lo absoluto su reconocimiento, al contrario, le otorgó roles inolvidables en la cinematografía norteamericana. En 1973, el director William Friedkin pensó en él específicamente para interpretar a El Exorcista. Con poco más de 40 años de edad, von Sydow atravesó un proceso de maquillaje que le aumentó casi tres décadas de edad para el papel. El éxito de la película fue tal que una generación entera creció con la idea de que el actor era en realidad un anciano. Dick Smith, el maquillista del largometraje, fue también el responsable de envejecer a Marlon Brando en el rodaje de El Padrino.

Los años siguientes  sirvieron para evidenciar el amplio rango de von Sydow. Su última colaboración con Bergman fue en 1971 con la película The Touch, estelarizada por Elliot Gould y otra colaboradora constante del director, Bibi Andersson. Durante esta década trabajó también David Lynch en Dune, y con el mexicano Arturo Ripstein en Foxtrot, una cinta no muy bien recibida por la crítica. También hizo un rol fuera de serie encarnando a “Ming, el despiadado”, villano principal de Flash Gordon, considerada hoy una película de culto. Otro papel importante de los años 80 fue en Hannah y sus hermanas, la divertida y conmovedora cinta de Woody Allen, donde von Sydow interpreta a un académico cuya vida transita entre lo incómodo y lo irrisorio.

Von Sydow fue nominado dos veces al premio Oscar, la primera por Pelle, el conquistador, en 1987, y la segunda en 2011 por Extermely loud and incredibly close, un drama sobre el 11 de septiembre. En ese intervalo, trabajó con directores de la talla de Wim Wenders (Hasta el fin del mundo), Lars von Trier (Europa), Dario Argento (Sleepless), Steven Spielberg (Minority Report) o Martin Scorsese (Shutter Island).

Su papel más infravalorado, quizás, es el que hizo con Julian Schnabel en La Escafandra y la Mariposa, donde interpreta al padre de Jean Dominique Bauby, el editor de la revista Elle que sufrió una embolia que lo dejó paralizado. En está película dijo una memorable actuación llena de desesperación y tristeza por un hijo perdido.

Por si fuera poco, su última década con vida lo vio colaborar en series como Game of Thrones y la saga de Star Wars. El intérprete superó los 150 créditos en cine y cruzó idiomas, países y géneros; fue uno de los actores más importantes de ambos siglos en los que vivió, y un constante generador de empatía y reflexión. 

La carrera del actor podría resumirse como lo hizo el crítico Rodrigo Rothschild en su cuenta de Twitter: “Max von Sydow fue una omnipresencia”.  

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