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Un legado en disputa

Jill Magid convirtió las cenizas del arquitecto Luis Barragán en un diamante azul de dos quilates. Esta exposición ha generado enorme debate.

Por Alejandra González Romo / Fotografía Rodrigo Marmolejo

A lo largo de su carrera, Jill Magid ha detonado situaciones tensas. En 2010, miembros del Servicio Secreto holandés entraron al Tate Modern durante una de sus exposiciones para confiscar el manuscrito que ahí exhibía. El texto escrito por la artista estadounidense cerraba una serie que dedicó a investigar y revelar el modus operandi de la Agencia de Inteligencia y Seguridad holandesa; y esta irrupción confirmó que lo había logrado.

Actualmente el Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC) exhibe la serie de Magid sobre los archivos del arquitecto Luis Barragán. Otro proyecto a largo plazo en el que ella ha trabajado por años. Conocer sus antecedentes, “ayuda a retirarle el velo de los ojos a quien piensa que exhibir a una artista de esta dimensión parte de un principio de inocencia”, dice Cuauhtémoc Medina, curador en jefe del MUAC, sobre la exposición “Jill Magid. ‘Una carta siempre llega a su destino’. Los Archivos Barragán”.

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Barragán tenía dos reproducciones del modernista de la Bauhaus Josef Albers. Magid hizo una reproducción siguiendo la lógica de esta apropiación.

En 2014, Magid contactó a la familia Barragán para solicitar su permiso y exhumar los restos del arquitecto de la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres, en Guadalajara, para hacer un diamante azul de dos quilates con 525 gramos de sus cenizas. Tanto la familia como la artista conocían la historia, no confirmada, de que el empresario suizo Rolf Fehlbaum —propietario de Vitra— compró para su esposa Federica Zanco, historiadora, el archivo profesional de Barragán como regalo de compromiso en 1995.

Desde entonces, la Barragan Foundation, en Basilea, ha negado a la propia Magid y a muchos otros arquitectos, periodistas, estudiantes e historiadores el acceso a este archivo.

En el marco de la obra de Magid, el diamante serviría para hacerle a Zanco una propuesta: recibirlo a cambio de devolverle a México el archivo profesional de su único premio Pritzker. En lo que Medina describe como un acto de “audacia estética”, la familia aceptó y eso —reconoce la propia Magid— los convirtió también a ellos en artistas contemporáneos.

Bajo el nombre de La Propuesta, Magid reúne la serie de documentos de la negociación con la familia Barragán y con Zanco. La necesidad de exhibir estas cartas impuso al MUAC una serie retos jurídicos, pues en México no existe un marco legal para exponer al público dichas conversaciones. En varios casos, la existencia de estos intercambios se hace evidente a través de iPads con correos electrónicos abiertos, pero cubiertos con cinta de aislar. “Magid es una artista que históricamente ha encontrado la manera de interpelar a la sociedad para llevarla al límite. Parte de su obra exhibe nuestros propios límites como institución cultural y eso ha sido extremadamente interesante”, dice Medina.

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El diamante azul de 2.02 quilates está hecho a partir de 52 gramos de las cenizas del arquitecto Luis Barragán.

La decisión del MUAC de montar esta exhibición acrecentó la controversia que ya había levantado el proyecto de Magid. “Todo es mercancía para el discurso del arte conceptual, tan escaso de arte, tan pobre en concepto y tan abundante en rollo”, escribió Jesús Silva-Herzog Márquez en el diario Reforma. Y el escritor Juan Villoro llevó su crítica aún más lejos: “Aunque el fin podría ser noble, el proceso convertía a las cenizas en mercancía de cambio, gesto bastante frívolo en un país de fosas comunes donde las madres de los desaparecidos desearían contar con una tumba cierta”, escribió en El País.

El anillo es solamente una parte de la pieza y está estipulado por la artista que nunca podrá venderse, ya que la única transacción de la que puede ser objeto es un intercambio con Zanco. A su vez, La Propuesta es solamente una de las varias piezas de esta exhibición y ésta es la primera vez que todas se muestran juntas. El trabajo de Magid pone en evidencia el complejo entramado de intereses individuales, corporativos, nacionales, emocionales, económicos, psicológicos y judiciales que se generan en torno a un legado artístico.

Esta serie de obras se preguntan qué sucede con el legado de un artista cuando es propiedad de una corporación y está sujeto a las leyes de un país donde no existe ninguna de sus obras. Y hacer preguntas, en palabras de Magid, es la principal función del arte contemporáneo y de las instituciones que lo respaldan.

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