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“Melancolía”, nueva exposición en el MUNAL

¿Cómo definir la melancolía? El Museo Nacional de Arte exhibe 137 obras para mostrar sus diferentes facetas y significados.

Por Sandrine Ortega

La melancolía se siente, no se dice. Sigmund Freud escribía en su ensayo Duelo y Melancolía de 1915 que ambas situaciones comparten algunos aspectos: el dolor, la pérdida de interés por el mundo exterior y la incapacidad de escoger un nuevo amor. A pesar de estos puntos en común, lo que Freud de verdad remarcaba eran las diferencias, resaltando una vez más lo complicado que es definir la melancolía por sí misma, sin comparaciones y como estado de ánimo concreto. Este misterioso sentimiento es la temática que une las 137 obras de arte presentadas en “Melancolía”, nueva exposición en el MUNAL que se podrá visitar hasta el 9 de julio.

Para explicar la melancolía se analizan en la exhibición temáticas como el pecado, la culpa, el duelo, el desamor, la muerte, la espiritualidad, la creación y la magia. Abraham Villavicencio García, curador del Museo Nacional de Arte (MUNAL) y docente de Casa Lamm y de la UNAM, es quien ha unido la inefable melancolía a estos conceptos, a pesar de los obstáculos encontrados al hacerlo: “La mejor manera de explicar la melancolía es desde la experiencia propia. Para definirla desde la mía, me voy a servir del aforismo que dice Hipócrates ‘la melancolía es un sentimiento de tristeza y de temor que no tiene fin’,” comenta Villavicencio a Gatopardo.

Melancolía, nueva exposición en el MUNAL. 3

“Pagando la manda”, Alberto Garduño. / Cortesía MUNAL

La primera vez que históricamente se habló de melancolía fue en la Antigüedad clásica. De hecho, el mismo término deriva del griego antiguo mélaina chóle que quiere decir “bilis negra”. Aristóteles la estudió y un menos conocido Hipócrates la hizo uno de los ejes centrales de su teoría de los cuatro humores. Mientras que la sangre era la causante de un estado hiperactivo, la bilis negra causaba abatimiento, apatía y tristeza. Los otros dos estados ocurrían debido a la flema y la bilis amarilla. Casi una cuestión de colores.

Si la Antigüedad tenía bastante claro lo que era la melancolía y a qué se debía, en la Edad Media se hizo protagonista y, al final de la época oscura, en el Renacimiento, se retomó su representación pictórica. La exhibición del MUNAL comienza precisamente aquí su recorrido con obras en la que la melancolía se asocia a la religión. Cuadros en los que se aprecia a un Cristo desolado con el gesto melancólico por excelencia: sentado, pensativo y con la cabeza apoyada sobre la mano izquierda. Entre estas representaciones destaca la pureza y melancolía de los blancos, azules y grises de las crudas obras de Manuel Rodríguez Lozano: El Cainismo (1947) y Mujer de Blanco (1942).

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“La cuna vacía”, Manuel Ocaranza. / Cortesía MUNAL

A lo largo de la exhibición se va intentando retratar la evolución del concepto de melancolía en la historia a la vez que se pinta el panorama de su acción en el ánimo del ser humano. En un núcleo, se la relaciona con la pérdida amorosa o mortal, donde resalta una pintura de Félix Parra, Solos (1898), que explora esa sensación de vacío y soledad. Otro núcleo la une a la locura y una pintura de Carlos Orozco Romero, En la Ventana (1950), ilustra esa desesperación. La muerte es otra compañera de la melancolía; Tomás Mondragón en Este es el Espejo que no te Engaña (1856) la introduce en el cuerpo de una mujer y simboliza que el fin está dentro de todos y nos acompaña toda la vida.

Pero todas estas causantes de la tristeza que podemos llegar a sentir, no siempre nos llevan a los mismos fines melancólicos. Hubo una época, sobre todo a finales del siglo XIX y, en parte, gracias al Romanticismo, en que la melancolía era la causa de un genio y de una creatividad necesaria para el arte. La soledad, el adentrarse en la naturaleza para responder a preguntas existenciales, el dolor, el desamor, la aceptación de la pérdida y de lo pequeño que es el ser humano, sirvieron para crear obras inmortales de la historia del arte (y solamente hay que leer a Baudelaire para darse cuenta).

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“Solos”, Félix Parra. / Cortesía MUNAL

Por último y como intento de explicación más actual, en el catálogo de la exhibición Jaime Ruiz Noé escribe sobre la melancolía diciendo que siempre con una pérdida no solamente se pierde a aquel que se amó sino que hay una parte de uno que se pierde con él. A esto, Abraham Villavicencio añade: “En la literatura que habla sobre la melancolía se habla de esta situación que se va prolongando y se pierde el momento en el que se originó. Esto puede ser lo más agobiante de la melancolía que no haya un principio, ni un fin”.

Así es: se le pueden poner mil adjetivos, imágenes, frases descriptivas o metáforas pero lo cierto es que la melancolía es inefable. Es de esas sensaciones que nadie puede explicar pero que los seres humanos por empatía y biología hemos experimentado alguna vez en la vida. Se diga como se diga, se llame como se llame, una cosa está clara: todos la sentimos de la misma manera y ahora, gracias al Museo Nacional de Arte, podemos revivirla en carne propia.

Melancolía
Hasta el 09 de julio de 2017
MUNAL
munal.mx

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