Virginia Woolf y su habitación propia
Virgina Woolf se atrevió a escribir sobre las injusticias intelectuales, políticas y sexuales a las mujeres en un tiempo en el que, siquiera pensarlo, era inconcebible.
enero 24, 2019

Virginia Woolf es una de las poquísimas escritoras que fueron publicadas durante la primera mitad del siglo XX. Nació en Londres el 25 de enero de 1882 y comenzó a escribir profesionalmente en 1905, aunque su primera novela salió diez años después. Hasta el día de su muerte –el 28 de marzo de 1941– publicó nueve novelas, diez colecciones de cuentos, y muchos libros de no-ficción, dentro de los cuales destaca el ensayo Una habitación propia.

Una de las principales características de su escritura era darle especial presencia a las emociones e interpretaciones sociales, sobre todo aquellas de las que, a pesar de ser vividas de manera cotidiana, eran muy poco habladas. Una de sus aportaciones a la novela moderna fue el recurso del monólogo interior y el flujo de consciencia que, en boga el psicoanálisis, le dio profundidad a la construcción de sus personajes y que la acercó a James Joyce, Marcel Proust, Franz Kafka y Thomas Mann.

Virginia Woolf

“Un cuarto propio” de Virginia Woolf

La forma de escribir y de pensar de Virginia Woolf la llevó a ser inspiración e influencia del movimiento feminista liberal sufragista, al que después se fue uniendo de forma consciente de diferentes maneras. La primera y más relevante, en los temas que analizó en sus obras, como el uso de la violencia de hombres sobre mujeres para reprimirlas de forma política e intelectual –en Mrs. Dalloway–; o en Una habitación propia en la que, con la célebre frase, “Una mujer debe tener dinero y una habitación propia si va a escribir ficción”, hace alusión a la necesidad de independencia financiera de la mujer.

En las cartas que se escribió con los intelectuales del círculo de Bloomsbury se ha encontrado gran evidencia de la manera en la que percibía la vida y opinaba sobre la misma, como en el largo intercambio que tuvo con Vita Sackville-Wes, una escritora con la que comentaba que la sexualidad era más fluida de lo que indicaban términos como “heterosexualidad” y “homosexualidad”.


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En un discurso que hizo para The Women’s Service League en 1942, habla de la dificultad como mujer de pelear con el fantasma de “la mujer perfecta”, que resuelve todo lo que sea necesario, sonríe siempre, sabe cocinar, cantar y bordar. Virginia Woolf habla de cómo, para poder escribir y ser exitosa en ello, tenía que pelear con ese “ángel de la casa” y se cuestiona cómo es ser mujer y qué es ser mujer.

Podrían parecer comentarios ya muy sonados para el siglo XXI, pero la realidad es que, pensar o decir eso durante la Segunda Guerra Mundial, en la que el discurso hegemónico hablaba sobre el poder de los hombres de salvar el mundo, era inaudito.

El feminismo –quizá inconsciente– de Virgina Woolf ha sido un hito para un movimiento, que si bien hoy es trending topic y motivo de hashtags, ha sido una lucha constante con raíces en la Ilustración. Wolf fue capaz de publicar sobre temas de los que no se tenía permitido ni siquiera pensar, y fue madre de inspiración para muchos otros intelectuales como Edward Albee, Michael Cunningham, Simone de Beauvoir y Naomi Black, por mencionar algunos.

“No hay barrera, cerradura ni cerrojo que puedas imponer a la libertad de mi mente”: Virginia Woolf.

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