Jerónimo Gaxiola: Coleccionar, un reflejo del mundo

Para el coleccionista y patrono de los museos Tamayo y del Nacional de Antropología, Jerónimo Gaxiola, el arte es la mejor trinchera para la creación.

Por Isabel Ibáñez de la Calle / Fotografía Adrián Duchateau

Un elevador llega directamente al departamento de Jerónimo Gaxiola, organizador de eventos, conciertos, entretenimiento en vivo, experiencias de arte. Recibe a Gatopardo en su casa, en una estancia rodeada de libros de gran formato. En los sillones grises probablemente hayan tenido lugar intrigantes conversaciones sobre arte. Nada parece fruto del azar, cada objeto de la casa denota meticulosidad y planeación. “Tengo libros de todas las exposiciones a las que he ido en mi vida, cada uno tiene memoria personal y cada uno está acomodado de manera cronológica”, dice Gaxiola.

Además de libros, las paredes relucen arte contemporáneo. La pregunta que viene a la mente es casi obvia: ¿cómo elige un coleccionista sus obras? De forma rápida podemos sospechar que el mercado dictamina cuánto vale, cuánto puede valer en el futuro y, aunado a qué opinan los críticos y el gusto personal del coleccionista, se optará por una pieza u otra. “Colecciono arte como algo muy mío, cada obra tiene un eco en mi corazón, tengo que vibrar con ella, tengo que resonar con lo que quiere decir el artista. En el futuro, cada obra será un documento del proceso de mi propia vida”, dice sobre su filosofía al coleccionar. “El arte es el reflejo más perfecto del mundo que estamos viviendo”, asegura.

Jerónimo Gaxiola es, desde hace dos años, miembro del Patronato Internacional del Museo Tamayo. Además de la procuración de fondos que debe buscar un patrono, él asesora al museo sobre la obra a adquirir. “Es muy importante que la colección se expanda. Recuerdo especialmente una pieza del artista francés Pierre Huyghe que adquirimos. Me encantó participar”, apunta.

Y es que si bien para este amante del arte la experiencia estética no se agota en las paredes museísticas, “valoro el papel que juega un museo; se trata de un espacio físico cuya intención es llevarte a dialogar con el mundo interior. Es un poco como la creencia de Dios, claro que uno puede relacionarse en cualquier lugar con él, pero un templo, sin importar religiones, te incita a tener esa experiencia; un buen museo se convierte en un templo para la creatividad”.

Aunque Gaxiola divide su trabajo entre Nueva York y México, sus ojos están puestos en el país que lo vio nacer, “para mí, México se ha vuelto uno de los principales escenarios para el arte, mucha gente dedica su energía a la creación, desde cualquier trinchera”.

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