Hollywood y el cine LGBT

La meca del cine se declara finalmente lista para sumarse a la conversación global sobre la asimilación de nuevas identidades y preferencias sexuales y los derechos de este grupo en nuestras sociedades

Por Arturo Aguilar

La industria hollywoodense no se distingue por ser ejemplo de vanguardia en cuanto a poner en la pantalla grande temas importantes y polémicos de la agenda social estadounidense o mundial. Su interés —si es que existe— por ser parte de estos fenómenos suele tener de fondo un sentido práctico y económico y no exclusivamente filosófico o ideológico.

Los temas que son noticia mundial y que destacan entre los intereses de públicos amplios, son la clase de historias por las que las personas podrían estar dispuestas a pagar un boleto de cine. Por otro lado, existe una audiencia masiva que no habla de estas mismas cuestiones y se convierte así en consumidores potenciales que no están interesados en pagar por esas historias.

Ejemplo de ello fueron el año pasado las historias sobre temas LGBTTTI, que pasaron a un plano más visible con el reconocimiento de algunos derechos legales para esta comunidad en diferentes países — además de haber sido el año en que la transformación de Caitlin Jenner la llevó a ser considerada candidata a Persona del Año de la revista Time. Cuando la mirada de la sociedad se colocó sobre temas de identidad y preferencia sexual y los llevó a medios informativos, aparatos legislativos y series de TV, Hollywood entendió que era hora de participar más activamente en la conversación.

El mensaje de responsabilidad social y de progresismo ideológico que envía el hablar de estas cuestiones es tan políticamente correcto y calculadamente empático que Hollywood no podía desaprovechar la oportunidad. Es un factor que incluso podría  influir a la hora de la votación en ciertas categorías en la próxima entrega del Oscar.

Durante la segunda mitad de 2015, esta millonaria industria dedicó más atención y variedad de perspectivas a las historias sobre identidad y diversidad sexual, con los estrenos, en cuestión de meses, de las cintas Freeheld, Stonewall, The Danish Girl, Carol, About Ray y Tangerine. Algunas de ellas fueron producidas y respaldadas por importantes estudios de Hollywood, con la intención de asegurar nominaciones y victorias en la actual temporada de premios del cine estadounidense. A esto cabe sumar la participación de elencos de primera categoría que incluyen a actrices como Julianne Moore, Ellen Page, Cate Blanchett, Rooney Mara, Alicia Vikander, Susan Sarandon y Naomi Watts.

Freeheld (Dir. Peter Sollett) y Stonewall (Dir. Roland Emmerich) señalan referentes históricos del activismo gay en su camino hacia un mayor reconocimiento y aceptación social y del estado; estas cintas narran el caso de una policía diagnosticada con una enfermedad terminal y de las revueltas que dieron vida al Día del Orgullo Gay, respectivamente. Por otro lado, The Danish Girl (Dir. Tom Hooper) muestra la historia de Lili Elbe, la primera transexual conocida que se sometió a una operación para cambiar de sexo. Carol, con la sutileza y profundidad del director Todd Haynes, expone una historia de amor entre dos mujeres en el difícil contexto social de la década de los 50. Finalmente, About Ray (Dir. Gaby Delall) y Tangerine (Dir. Sean S. Baker), con estilos, tonos y reflexiones totalmente distintos, tienen al centro personajes transexuales retratados en la complejidad emocional de sus respectivas vidas.

En estas películas, la identidad y/o preferencia sexual de los protagonistas está al centro de la historia, pero sin ser su única característica descriptiva, en un desarrollo más complejo de los personajes protagónicos —comúnmente llamado “tridimensional” —. Además, muestran un contexto social que confronta los derechos o sentimientos y emociones de sus personajes.

Antes de esta oleada fílmica, el cine de Hollywood había mostrado aislados ejercicios que se asomaban a la historia, tribulaciones, experiencias y reflexiones de miembros de la comunidad LGBT. En las dos décadas previas, lo más destacado al respecto abarca filmes como The Crying Game (1992), The Adventures of Priscilla, Queen of the Desert (1994), Ma vie en rose (1997), Boys don’t cry (1999), Todo sobre mi madre (1999), Hedwig and the angry inch (2001) o Transamerica (2004).

La ventaja en estos temas la lleva la industria televisiva, ahora impulsada creativamente por plataformas de streaming que producen su propio contenido, novedoso e interesante, en formato de series; Netflix, Amazon Studios y Hulu son la punta de esta vanguardia. Los ejemplos más claros iniciaron transmisiones desde 1999, cuando la televisión británica dio un paso adelante con Queer as folk; continuaron en la primera década del siglo XXI con series estadounidenses como Angels in America (HBO, 2003) y The L Word (Showtime, 2004); y están alcanzando la cima de crítica y popularidad con los shows originales Orange Is The New Black (Netflix, 2013) y Transparent (Amazon Studios, 2014).

Mucho se ha escrito sobre Jeffrey Tambor y el reconocimiento de la industria a su trabajo actoral en Transparent, y el elogio a Amazon Studios por haber apostado por una serie con la temática de un hombre de familia, profesor universitario de política ya retirado, quien acepta finalmente su identidad sexual: él se identifica como mujer, es transexual. Mientras que en Orange Is The New Black, tampoco ha sido menor el reconocimiento a la creación de un personaje transgénero y de la interpretación de éste por parte de una actriz transexual, Laverne Cox.

El hecho de que Hollywood haya puesto en las pantallas grandes del mundo estas historias y sus temáticas es un arma de doble filo en esta temporada. Nadie podría criticar la necesaria presencia de filmes que aborden desde una mayor diversidad de ángulos a una comunidad largamente prejuzgada y estereotipada, pero tratándose de Hollywood, su ánimo de convertir en una bandera y postura social las premiaciones de cada año, podría dar por resultado que los argumentos cinematográficos de ciertas categorías pasen a segundo plano.

Esta necesidad por ser parte del discurso colectivo, por enviar un mensaje de solidaridad y apertura hacia segmentos de la sociedad por mucho tiempo denostados, sería la razón para que Eddie Redmayne pueda llevarse su segundo Oscar por encima de los argumentos que puedan darse sobre su interpretación (llena de recursos tradicionales y convencionales, incluida la transformación física que tanto impresiona a Hollywood y por la que en buena parte le dieron el Oscar por su trabajo en The Theory of Everything).

Por otro lado, que esto le ayude a la campaña del filme Carol, tanto en categorías de actuación femenina como en dirección, sin duda sería un factor decisivo positivo en una peleada carrera hacia una estatuilla del Oscar — que recordemos nunca deja de ser un concurso de relaciones públicas, publicidad y mercadotecnia y no nada más una ‘competencia’ de méritos cinematográficos.

El cine LGBT ha llegado a Hollywood. Veamos ahora qué tan lejos y hacia dónde deciden llevar ambas partes esta nueva relación.

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