Cinema Uno Roberto Rossellini

Ayer y siempre, Roberto Rossellini

Una colección de diez largometrajes de Roberto Rosellini, digitalizados y remasterizados, se encuentra en línea en la plataforma digital Cinema Uno.

Por Miguel Cane / Fotografía Derechos de distribución en México: Cineteca Nacional.

Ahora que hay cineastas más en boga, más llamativos, más ‘hip’ y ‘en la escena’, el nombre de Roberto Rossellini suena cada vez menos. Y que esto suceda es una injusticia terrible. No tanto por él, que duerme el sueño de los justos desde 1977, y aunque le gustaba el reconocimiento (fue una de las primeras figuras en convertirse en celebridad masiva en la Italia de la posguerra, básicamente por su estilo de vida, más allá de su trabajo), sino porque su obra —desigual, sí, pero nunca exenta de interés— se ha ido desvaneciendo del ojo público y esta carencia, en los cinéfilos de hoy, es algo que no debería de existir.

Ahora bien, esto último no quiere decir que a Rossellini no se le respete — quienes conocen y aprecian su obra fílmica, lo hacen y mucho—, sólo que está ahí como tesoro mal apreciado; al menos hasta ahora: que una plataforma digital mexicana como Cinema Uno haya rescatado, en alta definición diez cintas de Rossellini para hacer una mini retrospectiva, aunque sea por las redes, me parece algo digno de encomio; una manera de acercar a nuevos espectadores a la obra de un cineasta revolucionario en su tiempo, inspiración de muchos, y creador de toda una escuela.

Camarada de Roberto Rossellini

Largometraje de Roberto Rosellini, “Camarada”, filmada en 1946.

Las cintas que componen esta retrospectiva son algunos de los títulos más emblemáticos de la filmografía de este director nacido en Roma —la ciudad que retrató de todas las formas posibles— en 1906, a saber su primer gran filme, Roma: ciudad abierta (la simiente, junto con Paisá y Ladrón de bicicletas de la corriente conocida neorrealismo italiano, que se vería replicada, de un modo u otro, en movimientos como la nouvelle vague, el British New Cinema y hasta alguna de las muchas etapas del llamado “nuevo cine mexicano”); el fabuloso documental India, el díptico Amor —que incluye el legendario cortometraje en el que Rossellini dirige a Anna Magnani en una interpretación demoledora e inolvidable de La voz humana, de Jean Cocteau—, la entrevista que realizó a Salvador Allende cuando éste ascendió a la primera magistratura de Chile en 1971 y, quizá lo más llamativo de esta restauración: Ya no creo en el amor, Viaje a Italia y Stromboli, filmes que junto con Europa ‘51 (inexplicablemente ausente de esta selección), conforman la tetralogía realizada por Rossellini con Ingrid Bergman, y representan un parteaguas en las carreras de ambos monstruos sagrados.

Quizá las relaciones de Rossellini con las dos grandes actrices —Magnani y Bergman—, tanto dentro como fuera de la pantalla, sean las piedras de toque en su canon. Después de trabajar con ambas (y de la disolución de su vínculo matrimonial con Ingrid), Rossellini no volvió a hacer nada significativo en el campo del cinema narrativo; fue decantándose por un cine documental más enfocado en su idiosincrasia política (Rossellini siempre se consideró comunista, si bien tenía el conflicto de vivir en esferas de la alta burguesía, una contradicción que compartía con su colega, Luchino Visconti), sin perder nunca su curiosidad por la expresión cinematográfica.

En las cintas realizadas en mancuerna con Bergman —relación que fuera en su época flor de escándalo, y que dio varios frutos, no sólo en la forma de obra, también son padres de tres hijos, entre ellos la mítica belleza Isabella Rossellini— se advierte una sensibilidad especial de parte de su autor: si bien se trata de melodramas ostensiblemente convencionales, subyace en ellos el comentario sobre la sociedad y la condición humana en ese periodo específico, algo que contrapuesto a nuestros días, no tan sorpresivamente, se mantiene casi igual.

En suma, ¿vale la pena asomarse a este recorrido por la filmografía de un grande que ha “pasado de moda”? Desde luego: descubrir, o bien, redescubrir a Rossellini, es un placer que todo cinéfilo que busque educar la mirada y ampliar sus horizontes, no sólo en apreciación artística sino también técnica, no debe dejar pasar.

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