Las inesperadas conexiones entre México y Armenia

Las inesperadas conexiones entre México y Armenia

Alex Baghdasaryan presentó “The Simon’s Way” en el LSFF.

Tiempo de lectura: 3 minutos

Una familia bebe, come y bromea alrededor de la mesa. Un tío hace un chiste y otro toca el acordeón mientras las mujeres atienden a sus hijos. Es una tarde cualquiera, una reunión familiar en una casa rural cerca de la frontera. Podría ser una familia mexicana, pero el idioma es distinto y el folclor tiene otro ritmo. Se trata de la enorme familia armenia que protagoniza The Simon’s Way, película ganadora del Premio del Jurado en el festival de cortometrajes Literally Short (LSFF) en Houston, Texas.

The Simons Way LSFF, screener

Del 6 al 10 de junio, la editorial Literal Publishing, con sede en esta ciudad texana, recibió a realizadores de todo el mundo para celebrar el cine breve. Con la intención de abrir conversaciones entre distintas culturas, la programación del LSFF ofreció espacios a películas mexicanas, europeas y locales. The Simon’s Way pertenecía a la selección Voces Internacionales Parte II, donde compartió proyecciones con títulos de Grecia, Estados Unidos, Alemania y Holanda.

En representación de The Simon’s Way asistió al festival el editor Alex Baghdasaryan, un joven cineasta en ciernes, cuyo padre, Edgar Baghdasaryan (The Black Wall, 1997), dirigió la película. The Simon’s Way cuenta una historia profundamente armenia, que por sus condiciones y circunstancias no podría darse en otra parte del mundo. Pero en lo particular está lo universal y la posibilidad de conectar con otras culturas y geografías.

***
También te puede interesar:

El otro Beirut

En Irán no tenemos homosexuales

Terrorismo e imagen: Ganadores del World Press Photo 2017

***

Simon es un hombre que se comunica a distancia con un primo que vive al otro lado de la frontera con Turquía, cerrada desde 1993. Físicamente los separan 300 metros de distancia, pero en el plano político y social, cruzar esa línea imaginaria podría llevarlos a la cárcel. Una tarde, el primo avisa a Simon que su abuelo está a punto de morir y necesita verlo. La única forma de cruzar es con un permiso de tránsito, así que con el apoyo de su familia en Armenia, Simon viaja más de 11 mil kilómetros alrededor de Europa para alcanzar los últimos momentos de un ser querido.

“Un ave puede volar por encima de la frontera a cualquier hora, pero los humanos no podemos”, dijo a la audiencia del Literally Short Film Fest Alex Baghdasaryan. “Las familias siguen creciendo separadas, sin conocer sus raíces”. Con esas palabras, el joven cineasta conectó sin querer la realidad de dos fronteras distantes. Como la frontera entre Armenia y Turquía ha significado la ruptura de familias enteras, conflictos diplomáticos y bélicos, y distintas expresiones de violencia, así la frontera entre Estados Unidos y América Latina se ha convertido en un muro de lágrimas para quienes la cruzan, quienes mueren en el intento, y quienes se quedan atrás sin volver a ver a sus seres amados.

The Simons Way LSFF, Alex Baghdasaryan

El viaje de los cineastas armenios para filmar una película en su país es similar al viaje de Simon para conocer sus raíces. Es un acto de amor, un compromiso cuando sabes que no hay otra cosa que pudieras estar haciendo. En palabras de Alex Baghdasaryan: “Cuando decidí que el cine era lo único que quería hacer con mi vida fue porque es algo que puede tener un impacto en las personas, si lo haces bien puedes conmoverlos y tocar sus sentimientos”.

Filmada en unos cuantos días con actores locales, The Simon’s Way maneja un humor franco, casi oscuro, que resuena también con la sensibilidad mexicana. Para el director era importante llevar esta historia que en el fondo es dramática sin caer en clichés ni en sentimentalismos burdos. “Edgar no quería filtros de color ni manipulación de luces… quería la imagen directa, cruda, real, sin maquillaje, así es su estilo”, explica el editor, que agrega: “Tienes que encontrar la forma exacta en la que debe contarse la historia, porque cada historia nace con sus propias reglas”.

Con una población aproximada de tres millones de habitantes, construir una industria fílmica en este país es un reto casi imposible de superar. “Es imposible hacer eso si tienes un país que puede producir cinco películas al año que lleguen a salas comerciales”, explica Baghdasaryan en entrevista. “Es más factible hacer cortometrajes, pero no se lucra con ellos. Se hacen a base de entusiasmo. Empiezas con la idea y te sigues, das cada paso del proceso porque amas el cine. Y si lo amas de verdad seguirás hasta lograrlo. Harás lo que sea por terminar tu corto”, concluye.

COMPARTE
Lo más leído en Gatopardo
  • Recomendaciones Gatopardo

    Más historias que podrían interesarte.