Islam y rock and roll: crónica de la conversión menos pensada - Gatopardo

Islam y rock and roll: crónica de la conversión menos pensada

Emilio Fernández Cicco es uno de los reporteros más irreverentes de Argentina, enmarcado por el periodismo border. Hace diez años su vida cambió por completo: se inició en el sufismo, la rama mística del islam, se retiró a un pueblo y construyó una mezquita en casa. Este es un fragmento del libro “Rock and Roll Islam”, que publica Tusquets, donde revela su conversión.

En el comienzo de esta historia, no me habla Dios, ni tengo muerte súbita, ni veo luz al final del túnel. No hay ángeles que se cuelen en mi cuarto y anuncien la misión de cambiar el mundo. No atravieso rapto de éxtasis en sesión de ayahuasca. No veo naves espaciales ni duendes, ni siento presencias sutiles de ninguna clase. No veo fantasmas. El asunto es más sencillo. Empieza con la actividad más antigua del ser humano: el engaño.

Sucede, tiempo más o tiempo menos, treinta años atrás. Un amigo de mis hermanos llamado Guillermo, hincha de Racing, llega un día a casa y pide que hagamos silencio:

—Ustedes me conocen desde que nací. Saben que no miento. Por eso, quiero que sean los primeros en ver algo que no van a poder creer.

Saca un mazo de cartas y lo pone sobre la mesa.

—Voy a sacar nueve barajas. Luego me retiro a otra habitación y ustedes van a tocar una baraja. O si quieren simplemente la van a mencionar. Yo voy a venir y les voy a decir cuál fue. Porque esto es lo que quería contarles —Guillermo hace un paréntesis de suspenso—. Yo tengo poderes telepáticos.

Esa tarde adivina todas las cartas. Mis hermanos cambian las barajas por otras. Lo encierran en el baño con custodia para supervisar que no vea nada. Tocan varias cartas o no tocan ninguna. El flaco adivina en cada ocasión con una sonrisa triunfal. Solo queda una posibilidad: es magia posta.

—¿Saben cómo aprendí a hacer esto? Nadie lo sabe.

—Muy fácil. Hice un curso de control mental. Adivino la carta porque puedo leer sus pensamientos. Soy un místico.

Aquel día decido dedicar mi vida a desarrollar un poder como ese. Tengo 12 años y quiero volverme místico. No conozco la palabra. No sé lo que significa. Y menos aún adónde me llevará.

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