La arquitecta que derrumba muros
Marina Otero sabe que la arquitectura y la ley están tan cerca que podrían ser lo mismo.
febrero 28, 2019

“En el momento en el que dibujas la primera línea, inevitablemente estás definiendo dos áreas diferentes. Es un lugar en el que alguien está adentro y alguien está afuera, o al menos están en dos realidades paralelas”, dice Marina Otero desde el otro lado de la pantalla de su computadora. Ella está en Holanda, donde vive desde el 2015, cuando se convirtió en la directora de investigación y desarrollo en Het Nieuwe Instituut en Rotterdam. Platicamos aprovechando que viene a Mextrópoli, el festival más grande en Latinoamérica especializado en arquitectura y urbanismo.

Estudió arquitectura en la Universidad Politécnica de Madrid, y después de convertirse en una chica Fullbright (la beca Fullbright es una de las más prestigiosas y difíciles de obtener en el mundo), se fue a hacer la maestría a la Universidad de Columbia, en Nueva York, en Curatorial and Conceptual Practices in Architecture. Al terminar fue nombrada directora de programación de Studio-X, una red global de centros de investigación sobre el futuro de las ciudades con sedes en Amman, Beijing, Estambul, Johannesburgo, Mumbai, Nueva York, Rio de Janeiro y Tokio, que están adscritos a la universidad de Columbia.

Marina Otero arquitecta

Marina Otero / Fotografía cortesía de Het Nieuwe Instituut, realizada por Daria SC Agliola.

Pero durante todo ese trayecto, Otero no estaba del todo segura que había escogido el camino adecuado. “Muchas veces pensé que debía haber hecho una carrera más ligadas a las artes plásticas y en otros momentos, al contrario, que tendría que haber estudiado derecho o relaciones internacionales”, confesó la arquitecta. Su padre era pintor, así que Bellas Artes era una opción, pero no le sentaba del todo bien. “Creo que, precisamente, arquitectura me gusta porque tiene todos estos componentes asociados a ello”, no se puede deslindar ni de la política ni del arte.

La carrera de Otero ha sido enfocada a rasgos poco comunes de la arquitectura. No se ha tratado de hacer los monumentos más memorables, ni de transformar una urbe en la ciudad más transitable. Lo suyo ha sido reivindicar los discursos de las minorías dentro de la arquitectura.

Marina Otero Steve Bannon

Retrospectiva sobre Steve Bannon / Fotografía cortesía de Het Nieuwe Instituut.

“Como arquitecto estás encargado de organizar flujos, que serán de personas, de materiales, de información, y manifestarlo en construcciones, en estructuras particulares, que puede ser a la escala casi del mueble, hasta las escalas del territorio”, explica Marina Otero y después agrega que, en este sentido, un muro es uno de las expresiones arquitectónicas más fuertes. Un muro declara afuera y adentro, declara el estatus de una persona, declara la nacionalidad, el apellido, las preferencias políticas, incluso las preferencias sexuales.

Ella se encontró con la importancia de un muro mientras estudiaba en Estados Unidos. Por esa época, en el 2011, el clima global era delicado. Sucedía la Primavera Árabe, Los Indignados en España, y Occupy Wall Street en Nueva York. “Fue ahí en el momento en el que me di cuenta de cómo la arquitectura podría entrar en estos discursos ligados a la migración, ligados a los temas de igualdad, ligados al tema político”.


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Poco después, en el 2015, la crisis de refugiados en Europa comenzó a agudizarse y junto con un grupo de compañeros, crearon el proyecto llamado After Belonging, que estudia la relación entre migración y arquitectura en la búsqueda de un diseño que tenga un impacto positivo a estos movimientos sociales. “Diseñar de una manera diferente, en la que ninguno nos sintamos como extranjeros, sino que todos estamos a la vez en casa, o que sea un territorio en el que podemos coexistir sin sentirnos excluidos”.

Después de esa investigación llegaron otras más con cortes similares. En Holanda se ha dedicado a estudiar a los grupos okupas, un movimiento social consistente en dar uso a terrenos desocupados, como edificios abandonados temporal o permanentemente, que por un tiempo fue permitido por la ley en los Países Bajos. “Ocurrió en Ámsterdam en los años 60, 70 y 80, y la idea era decir que lo primero es el acceso a la vivienda, que es lo más importante, y segundo viene la propiedad”, espeta Otero.

La arquitecta española se interesa por este movimiento pues en la mayoría del mundo, lo que una persona tiene que hacer para tener acceso a una vivienda, es ser propietario; el derecho a la vivienda se vuelve un lujo que le alcanza sólo a algunos. Pero el movimiento Okupa lo que propone es lo contrario: mientras haya un lugar vacío, desalojado y en desuso, la gente puede habitarlo, aún cuando no tengan el título de propiedad.

Marina Otero Dutch Pavillion Venice

Dutch Pavilion en Venice / Fotografía cortesía de Het Nieuwe Instituut.

“Si piensas en eso en comparación con ciudades como Nueva York, en la que hay rascacielos enormes que están prácticamente desocupados porque sus propietarios los usan únicamente como especulación, como un repositorio de capital y no para vivir”, dice Otero, con tono de indignación aún, aunque sus investigaciones al respecto comenzaron hace muchos años, “y desde luego, la cantidad de gente que no tiene acceso a una vivienda. Es un tema que a mí me parece de mucha actualidad e importancia”.

A partir de esta condición, que continúa inspirándola, desarrolló el proyecto Architecture of Appropriation (Arquitectura de Apropiación) en el Het Nieuwe Instituut, que tiene dos vertientes que han marcado el rumbo de su carrera en los últimos años. Por un lado, buscan implementar una idea de democratización de la vivienda, de cómo se percibe: “nadie pone en duda el mercado (la pertenencia), y de alguna manera, nosotros pensábamos que al introducir la okupación como una forma estratégica, podríamos cambiar la idea que tenemos de vivienda social”.

Marina Otero Arquitectural Apropiation Project

Arquitectural Apropiation Project / Fotografía cortesía de Het Nieuwe Instituut.

Por otro lado, parte de su trabajo es con el Archivo Nacional de Arquitectura de Holanda, y a través de él se dio cuenta de que la mayoría de los nombres que ahí se guardan son de arquitectos famosos, así que se han avocado a modificar los archivos, que son la memoria de la arquitectura holandesa, para incluir otras formas de entender la arquitectura, que no sea únicamente con las voces de estos arquitectos renombrados, casi todos hombres, salidos de la academia. “Hemos hecho muchos trabajos, algunos sobre queering, con mujeres, o hablando de arquitectura que no ha está diseñada por y para humanos”, explica Otero.

Marina Otero espeta que la arquitectura y la ley están intrínsecamente relacionadas, por lo cual es importantísimo que en los archivos, en las investigaciones y a la hora de enseñar, se consideren las diferentes perspectivas y voces que la conforman. Que los muros protejan a todos y no sólo a unos cuantos.

En el 2018 Marina Otero fue la curadora del pabellón holandés en la Bienal Internacional de Arquitectura de Venecia, titulado Work, Body, Leisure, que contempla la relación del cuerpo en los espacios.

Mextrópoli 2019

Del 9 al 12 de marzo
CDMX

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