¿Por qué Brasil volteó a la derecha?
El candidato de extrema derecha arrasó en la primera vuelta de la elección brasileña.
octubre 9, 2018

*Jair Bolsonaro / Fotografía de portada obtenida vía Wikimedia Commons.

El domingo 7 de octubre Brasil vivió unas de las elecciones más controversiales en la historia del país. La contienda fuerte era entre Jair Bolsonaro y Fernando Haddad, el primero de ultraderecha y el segundo como reemplazo del ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva, de izquierda con tendencias socialistas. También participaban Ciro Gomes (del PDT), Gerardo Alckmin (PSDB), João Amoêdo (NOVO), Cabo Daciolo (PATRI), Henrique Meirelles (MDB), Marina Silva (REDE) y otros que no llegaron a juntar el 1% de los votos.

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Fernando Haddad / Fotografía vía Wikimedia Commons.

El resultado de la primera vuelta favoreció a Bolsonaro, que obtuvo el 46.9% de los votos; porcentaje histórico al ser el primer candidato en alcanzar ese puntaje en una primera vuelta. Además, desde 1992, Brasil no había elegido un presidente que no se rigiera con una ideología de centro o de izquierda.

Para que Brasil votara por la derecha, se reunieron varios factores:

Crisis económica

En el 2014, año en el que Dilma Rousseff fue reelegida, Brasil comenzó la crisis económica más fuerte de su historia. El país entró en recesión en el 2015, después de haber sido considerada la economía más fuerte de Latinoamérica cinco años atrás. En el 2016 la tasa de desempleo era de 11.8%, lo que se traduce en 12 millones de personas.

Corrupción

También en el 2014 la Policía Federal Brasileña comenzó la investigación  Lava Jato (Lavado de Autos), que resultó ser el caso más grande de corrupción en la historia de Brasil. La Operación Lava Jato se hizo pública el 17 de marzo del 2014 y en abril del mismo año la policía ya tenía a 46 personas acusadas de crímenes en contra el sistema financiero nacional, falsedad documental y lavado de dinero​. Treinta personas fueron arrestadas,​ entre ellas Alberto Youssef, banquero del mercado negro, y el exdirector de la empresa petrolera Petrobras, Paulo Roberto Costa.

Dilma Rousseff fue destituida de la presidencia porque se le acusó de violar las normas fiscales para maquillar el déficit presupuestal. Lula da Silva, su predecesor y mentor político, fue otro de los acusados por haber recibido 8 millones de dólares entre pagos por conferencias, viajes y regalos.

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Dilma Rousseff / Fotografía vía Wikimedia Commons.

Violencia

En el 2017 fueron asesinadas 63,880 personas en Brasil. Eso significa 170 homicidios diarios. México, que también padece una crisis de violencia, reporta 25 homicidios por cada 100.000 habitantes el año pasado, contra los 30.8 de Brasil.

Además, ese mismo año se publicó un documento que muestra que el 70% de las mujeres brasileñas sufrieron algún tipo de agresión en los últimos meses, y la mitad de ellas declaró que los ataques violentos habían provenido de sus parejas actuales o anteriores.

Lula da Silva a la cárcel 

El 4 de marzo del 2016 Lula da Silva, quién fue un muy popular presidente de Brasil del 2003 al 2010 (reelegido en el 2006) fue acusado por primera vez por estar implicado en el caso Odebrecht, de en el caso de lavado de dinero y sobornos, que se comenzó a investigar a raíz de la operación Lava Jato. El 19 de septiembre del mismo año, Da Silva ya había recibido cinco acusaciones de corrupción, dentro de las cuales se encuentra haber recibido 1.1 millones de euros en sobornos de constructora OAS, haber sido parte de delincuencia organizada y 44 cargos por blanqueo de capitales,  además de tráfico de influencias para comprar 36 aeronaves militares.

Se le condenó a 9 años de prisión el 12 de julio del 2017, pero Da Silva aseguró que seguiría compitiendo por la presidencia del próximo año. Sin embargo, en enero del 2018 Lula da Silva recibió un aumento de tres años a su condena por dos denuncias fiscales que se le imputaron a finales del año anterior.

El cinco de abril el Tribunal Supremo decidió que Lula da Silva no podía participar en la contienda presidencial, por lo que designó a Fernando Haddad para ocupar su lugar en la campaña del Partido de los Trabajadores (PT). Para ese entonces la población ya estaba muy dividida entre sus seguidores y los que están en contra de él.

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Lula da Silva / Fotografía vía Wikimedia Commons.

Apuñalan a Bolsonaro

Extrañamente, el 6 de septiembre del 2018, es uno de los mejores días en la contienda electoral para Jair Bolsonaro. En medio de un mitin de su campaña fue apuñalado en el estómago. Las redes sociales se plagaron con el video y con mensajes de odio hacia el sospechoso. Además Hamilton Mourão, quien fuera el candidato a vicepresidente en la lista de Bolsonaro, declaró a un periódico: “si quieren utilizar la violencia, los profesionales de la violencia somos nosotros”. El mensaje, por demás agresivo, deja ver el tipo de política que los dos ex militares estarían dispuestos a llevar.

Especialistas políticos de Brasil y otros países de Latinoamérica aseguraron que las encuestas favorecerían aún más a Jair Bolsonaro después de haber sido atracado. El director de Datafolha y especialista en demoscopía, Mauro Paulino declaró que un suceso como esos “toca directamente la emoción de los electores”, y así fue. Incluso los asesores y aliados del entonces candidato reconocían que el apoyo incrementaría, pues acaparó todas las redes sociales.

El odio, el miedo y las fake news

En las vísperas de las elecciones brasileñas la sociedad estaba dividida, tenía miedo de ser asesinada, asaltada, de que los políticos siguieran robando. Bolsonaro dijo que facilitaría el porte de armas y empoderaría a las fuerzas de seguridad para que usaran tácticas más duras contra los delincuentes. Incluso dio luz verde al uso de la fuerza letal.

El periodista Tom C. Avendaño describió así al candidato: “Bolsonaro, el mismo líder que ha dicho que las mujeres no deben cobrar lo mismo que los hombres, que prefiere un hijo muerto a uno gay y que si tiene una hija es por ‘un momento de debilidad’, que defiende la tortura y que ‘un policía que no mata no es policía’ porque ‘la violencia solo se soluciona con más violencia’, se ha convertido en el activo político más rentable de Brasil”.

A Donald Trump lo describieron también por sus propias frases: “grab them by the pussy”, “los inmigrantes mexicanos son violadores y algunos, asumo, son buenas personas” o “Podría disparar a gente en la Quinta Avenida y no perdería votos”. Pero ganó las elecciones presidenciales estadounidenses en el 2016 y ahora está en campaña para la reelección.

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Junio 17. Presidente electo de Colombia, Iván Duque. / Fotografía de Gabriel Aponte vía Getty Images.

 Iván Duque Márquez, presidente de Colombia elegido a mediados del 2018, jugó parecido, principalmente en su discurso en contra del gobierno de Venezuela y después directamente en contra de los migrantes venezolanos. Además del rechazo al proceso de paz que Duque le imputó a su país.

Bolsonaro comparte con Trump la idea de la “verdad alternativa”. Grupos aliados a él se dedicaron a difundir información falsa o que desestimaba las publicaciones de los “grandes medios tendenciosos”. Una encuesta hecha por la casa Datafolha publicó que 40% de los que declaraban que iban a votar por el candidato de extrema derecha distribuían información sobre él a través de Whatsapp. Se calcularon más de 50 grupos, tanto en la plataforma de mensajería como en Facebook, dedicados a promover la candidatura de Bolsonaro.

A la lista se suma el Brexit, al triunfo de Matteo Salvini, el nuevo vicepresidente y ministro de Interior en Italia (también ultraderechista) y Marine Le Pen, quien compitió por la presidencia de Francia en las últimas elecciones y perdió contra Emmanuel Macron, pero que mantiene mucho poder en el país europeo. Son elecciones ganadas por el hartazgo, por el miedo, el odio, la falta absoluta de confianza en el gobierno, la necesidad de reafirmar una creencia, la falta de educación, el capitalismo desmedido y el cambio climático. Son elecciones que buscan la seguridad que los gobiernos anteriores no han podido brindar, aún cuando se está jugando con la historia, tentando a las dictaduras para salir a pasear.

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